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- 04/11/2014 01:00
Los tránsfugas constitucionales de 1906
‘Ha habido siempre, hay en la actualidad y habrá mientras la humanidad no haya alcanzado el perfeccionamiento en todo sentido, seres tránsfugas, hombres que no apreciando ni estimando en nada lo que significa dignidad, lo que vale la entereza de carácter... se pasan de la noche a la mañana al campo... repleto de fines consistentes en los todopoderosos dólares, cebo eficacísimo para atrapar gentes mal preparadas o sin más conciencia de sus actos que la proporcionada por el sentir del estómago’, publica el Diario de Panamá, el 30 de marzo de 1906. El análisis sobre el tema de los tránsfugas es una reflexión acertada que aún a ciento once años de vida republicana continúa empañando el escenario de la vida política y social en Panamá.
Desde los inicios de la República, se debatía sobre el concepto tránsfugas constitucionales; considerada una acción negativa al socavar las relaciones armónicas entre los ‘llamados políticos’ y obstaculizar la formulación y aplicación de políticas públicas en bien de la sociedad. El 20 de abril del mismo año, un artículo del periódico en mención anota: ‘Los tránsfugas constitucionales, llamados también los cambiados y pasados eran aquellos caracterizados por abandonar las filas de los partidos Liberal y Conservador, para tomar puestos de más subsistencias y comodidades en el partido Constitucional, un partido nuevo cuyos componentes eran tránsfugas —según lo expresado en la publicación— y renegaban de su antigua bandera’.
Hombres considerados de principios para la época fueron Victoria y Lastra en el partido Conservador y Morales e Icaza en el Liberal, porque se mantuvieron firmes en sus puestos, trabajando por su partido, por la nación y no renegaron de su bandera política y no aquellos que cambiados de partido manifestaron su empeño de llamarse como antes Liberales o Conservadores, porque, según ellos, todavía profesaban las doctrinas del partido anterior; pero sus acciones demostraron todo lo contrario, anota el Diario de Panamá.
En consecuencia, los articulistas del periódico se preguntaban cómo el cambiado, al trabajar abiertamente por la felicidad y engrandecimiento de una agrupación distinta de aquella que fue y es hostil a la antigua, ¿puede hacer creer su devoción poniéndole una vela al Arcángel y otra al Dragón? Los articulista calificaban esa actuación como una rueda de molino y los hombres identificados con las doctrinas sobre las que estaban edificadas sus partidos no comulgaban con esas acciones, puesto que, según ellos, traían consigo inestabilidad política y desmoralización social.
Hoy, como en 1906, lo cuestionable no es que los políticos pasen de un partido a otro por convicciones; es decir, no son los cambios hacia otros partidos los criticables, porque la misma naturaleza humana en sí es movible, sino cuando los mismos se realizan para cumplir con un móvil ruin, como lo son el acrecentar fortunas personales o resquebrajar el partido al cual pertenecieron, sencillamente porque, por ejemplo, no están de acuerdo con quienes los representan. Ellos en realidad son aventureros oportunistas. Los políticos deben tener la meta de trabajar por el bienestar de la población que depósito su confianza en ellos, eligiéndolos como autoridades.
*PROFESORA DE HISTORIA EN LA UP.