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23 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Irrespetuosos

‘[...] cuando una persona es investida con el cargo de presidente del país, [...] deja de ser un individuo común para ostentar, [...], la majestad de una posición que le otorga la representación de la patria y del resto de los ciudadanos [...]'

Parece apropiado, dadas algunas de las últimas reseñas informativas, hacer un alto para reflexionar brevemente sobre buenas prácticas que podríamos desarrollar para mostrar el debido respeto que deberíamos manifestar a otras personas de acuerdo a su jerarquía que, a la vez, probaría el grado de cultura y urbanidad como pueblo razonablemente educado. No me refiero a evitar insultos o calumnias ni otras agresiones verbales o violencia corporal que atente contra la integridad física o moral de cualquier ser humano, calificados como delitos penalizados por ley. Esos son asuntos de otro costal: me refiero a maneras educadas de tratar a ciertos individuos, sobre todo, cuando circunstancias especiales les rodean y afectan nuestras relaciones con ellos.

Un tema que me viene a la mente es la manera como debemos referirnos al presidente de la República, siempre cumpliendo con la debida deferencia digna del cargo y evitando la descortesía. Pienso que, cuando una persona es investida con el cargo de presidente del país, por ese mero hecho deja de ser un individuo común para ostentar, todos los días de los siguientes cinco años, la majestad de una posición que le otorga la representación de la patria y del resto de los ciudadanos, es decir, todos nosotros. No se trata de que seamos o no seamos miembros de su partido político o de un color de piel o credo religioso o que nos guste o no su preferencia sexual, el hecho es que representa la majestad de la patria y, en consecuencia, el irrespeto que podamos mostrar se nos revierte, porque somos parte de esa patria que él legítimamente representa; gústenos o no, ese irrespeto será un bumerán que regrese para golpearnos de vuelta.

No quiero, con esta idea, significar que a un presidente no se le pueda criticar por las decisiones políticas o de Gobierno que trate de implementar. Lejos estamos de abogar por una idea tan peregrina: cuan dura pueda ser, una sana crítica a sus políticas de Gobierno es algo muy distinto al irrespeto a su persona. Llamar a un presidente en ejercicio ‘ladrón y coimero' sin prueba alguna, más que una acusación a su persona, es un menosprecio de marca mayor al cargo que ocupa, sin tomar en consideración la responsabilidad penal que acarrearía. Llamarlo ‘tortugón' es simplemente una falta de educación de quien así lo llame, porque entraña una burla no solo a la persona, sino también al cargo que representa al país, independientemente de las peculiaridades de su carácter personal. ¿Nos agradaría que un extranjero se burlase así de un presidente nuestro?

Con ese pensamiento, pero con un cariz menos radical, el presidente electo, que cesará de ser ‘electo' para convertirse en el mandatario en ejercicio, en nuestro criterio, dejará de ser ‘Nito', a partir del próximo lunes, para ser entonces el ‘señor presidente', nos guste o no, le hayamos dado nuestro voto o no, pertenezcamos o no a su partido. Se trata de la manera respetuosa que el cargo demanda y que, al aceptarlo de esa manera, somos nosotros mismos quienes le damos valor a nuestra patria y reconocemos a las instituciones que la organizan y representan. Podrá el futuro presidente ser llamado en el seno familiar y amical de su confianza por todos los diminutivos habidos, pero sin duda podrá ser criticado públicamente hasta la saciedad por sus decisiones de Gobierno siempre con una dosis mínima de educación y respeto que nos obliga a dejar de referirnos a él con un apelativo inapropiado. Hasta julio del 2024...

Mientras tanto, el presidente saliente estará preparado para lo que le aguarda... Son gajes del oficio...

EXDIPUTADA

‘[...] el presidente electo, que cesará de ser ‘electo' para convertirse en el mandatario en ejercicio, [...], dejará de ser ‘Nito', a partir del próximo lunes, para ser entonces el ‘señor presidente' [...]'

‘No quiero, con esta idea, significar que a un presidente no se le pueda criticar por las decisiones políticas o de Gobierno que trate de implementar'