03 de Dic de 2021

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    Jorge Anel Samaniego Ríos

Columnistas

25 minutos para soñar...

Pasado ese trago amargo inicial y terriblemente extenso, pues los honorables, haciendo valer la fama que les precede, no respetaron tiempos ni programas causando un atraso general

Inicia el período del presidente Laurentino Cortizo. Actos protocolares con una buena concurrencia de personalidades y autoridades de países amigos y un orden del día amplio dan la bienvenida al ‘Buen Gobierno'.

Previo al cambio de mando, fuimos testigos de lo mismo en la Asamblea Nacional. Innombrables conocidos hacían alarde de prepotencia al incluir frases como ‘duélale a quien le duela' en sus discursos al Pleno para ejercer su voto. Diputados salvados por el infame ‘cociente' dijeron presente en el primer día de asamblea, e hicieron lo que esperábamos: restregarle en la cara al país que seguirán pegados a la ‘teta' del Estado. Para añadir insulto al golpe, los honorables, nuevos y rancios, aprobaron de manera aplastante a sus nuevos directivos, dejando muy claro que no habrá sorpresas frescas con olor a cambio en el hemiciclo. Los partidos ya negociaron y llegaron a acuerdos, siendo los independientes los que votaron en contra a la línea del aplastante PRD.

Pasado ese trago amargo inicial y terriblemente extenso, pues los honorables, haciendo valer la fama que les precede, no respetaron tiempos ni programas causando un atraso general, pasamos finalmente al cambio de mando. Mal augurio inicial de la Asamblea.

Cae una lluvia pertinaz, y en la mente de muchos panameños comienzan a lavarse las heridas y los malos momentos del Gobierno que pasó. El olor a tierra mojada refresca la esperanza que crece cuando se termina un ciclo, cuando empieza algo nuevo.

Mientras ponderaba estos pensamientos juramentan al presidente, y se cumplen con los protocolos y formalidades que un acto de esta importancia involucran.

Ahora el presidente se dirige a la Nación. Pongo atención y observo con agrado cómo el discurso se lleva de manera conciliadora. Me sorprende que las palabras del presidente no parecen un discurso previamente escrito, que lo es, pues suena a una conversación cara a cara con el hombre. Las palabras se entregan de manera efectiva, y el conjunto del acto deja ver a un presidente que convence, que da la impresión de creer en lo que dice, y más importante, que tiene un plan desarrollado para cumplir con lo que dice. ‘Eso es nuevo' —pensé.

No recuerdo haber visto al expresidente más reciente haber transmitido eso nunca. Todo parecía forzado, incómodo, en resumen, falso.

En aproximadamente 25 minutos, el presidente Laurentino Cortizo se comprometió a no dejarse guiar por odios ni revanchismos. Comprometió a su recién estrenado gabinete a cumplir las leyes con objetivos colectivos de país, recalcando que deben trabajar por Panamá, no para beneficiarse individualmente, y que de incurrir en faltas serán castigados. Wao. Certeza del castigo. Temblé de emoción.

Debo confesar que me gustó el discurso del presidente. ‘No mentir, no robar…' si bien es cierto que solo son frases que el tiempo validará, o demostrará como falacias, resultan como un bálsamo para mi muy lastimada confianza en la clase política. Cuando me asaltaba la duda, una frase, ‘haremos sin robar' terminó por permitir a mi mente cobijar una esperanza, incipiente, de que quizás estemos en los albores de un nuevo orden, más justo.

Mientras el presidente ponía fechas específicas a temas tan importantes como las reformas a la Constitución, y al pago atrasado sin justificación a los productores, no pude sino sentirme optimista. Me permití creer por un instante que hay políticos diferentes, que hay personas que dicen lo que realmente están pensando y que sus metas son honorables, a diferencia de lo que hemos vivido hasta ahora.

Todo lo bueno y positivo que vi en el discurso del presidente choca con lo que no vi. No se metió con los miembros de su partido que generan repudio colectivo. No puso el dedo en la llaga de los malos manejos de fondos, muchos de los cuales fueron obra de copartidarios. No mencionó nada concreto con respecto al podrido sistema judicial, artífice de los fallos más dañinos y amañados en la historia nacional. Panamá quiere justicia, no acuerdos entre fariseos.

Ya había dicho que me encantan los inicios. Pues este inicio en particular es el que más me ha llenado de emoción por lo que pudiera ser y significar. Es el inicio que más expectativas ha generado, al menos en mi forma de ver las posibilidades.

Señor presidente, nos dio 25 minutos para soñar con su discurso. Gracias por eso. Sin embargo, lo que realmente necesitamos son 5 años de desarrollo y crecimiento económico concretos, pues lo merecemos y Panamá tiene con qué lograrlo. El dinero está ahí, solo hay que dividirlo con equidad. Nuevamente le deseo la mejor de las suertes, pues si a Panamá le va bien, nos va bien a todos.

Sorpréndanos.

Dios lo guíe.

INGENIERO CIVIL, MIEMBRO DE LA SPIA, COICI, SECCIONAL DE AZUERO, INSPECTOR JTIA.

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