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08 de Dec de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Clima de demandas

El tiempo de la infancia tiene, además de la sana y enriquecedora etapa de las experiencias

El tiempo de la infancia tiene, además de la sana y enriquecedora etapa de las experiencias, un periodo de aprendizaje sobre formas de comunicación; frases y palabras que salen del baúl de los recuerdos y el sentido común de los padres y mayores que nos rodeaban. Así precisé la noción coloquial de pedir. ‘No sea pedigüeño', decían en casa y poco a poco menguó esa inclinación a querer caramelos, dulces y todo lo que otro tenía para su consumo.

‘Que pide con frecuencia e importunidad', dice el diccionario de la Real Academia Española. En el círculo familiar, incluso se ampliaba el concepto a ‘pedigüeñería' para aludir a una tendencia, conducta o costumbre. ‘Y viene fulano con su pedigüeñería…' y se sabía que aquel aludido se caracterizaba por esa mala maña. A veces un regaño, castigo o el ‘rejo' nos hacía superar esa práctica y quedaba la enseñanza sobre lo negativo que era.

El inicio de una nueva gestión gubernamental ha puesto a las autoridades en una dinámica de conocer cómo avanzan los diferentes sectores que conforman el país. Algunos organismos y entes han confundido estas iniciativas que permitirán construir planes y proyectos a partir de una constatación de la realidad. De igual manera, los colectivos presentan sus propios emprendimientos y posibilidades de concretar sus aspiraciones.

Pero este esfuerzo se enrarece cuando cada uno expone como barajas de un juego de naipes, necesidades y sobre todo, presupuestos que requieren ser adosados a las cuentas del Gobierno para satisfacer demandas ocasionales y cuya solución tendrá una duración breve porque en dos años, se vuelve sobre lo mismo. Allí está el caso de los educadores, uno de los sectores más favorecidos con medidas salariales y acaban de exponer nuevas peticiones.

Hace poco, los alcaldes del país se reunieron con el presidente de la República para recibir un cheque de 4 200 000.00 balboas (o dólares) del plan de descentralización y aprovecharon la oportunidad para solicitarle al mandatario una contribución adicional de 20 000.00 para cada municipio (81 en el país) y 10 000.00 para cada representante de corregimiento (679 juntas comunales) para hacer un gran total de 8 300 000.00.

Cuando los jefes de las comunas debieron explicar el destino de tal subsidio, dijeron que era para celebrar las fiestas del Día de la Madre, de Navidad y fin de año. Lo singular de esta proposición es que se habló de dar un reconocimiento a los votantes. Esto quiere decir que quienes apostaron al triunfo de estos servidores públicos, serían los beneficiarios de los jolgorios locales.

Cada vez que alguien reclama dinero que tiene que salir del erario; pareciera que se piensa que la ayuda emana de una caja particular. Para hacer realidad esta última propuesta festiva, cada panameño debe contribuir con un aproximado de dos balboas. Asombra que los interesados no hayan considerado hacer ahorros en sus propios circuitos para lograr las cantidades requeridas.

Uno de los objetivos de los fondos de descentralización es oxigenar las arcas de los municipios para que pudieran despegar y reducir la carga que supone que más de la mitad de ellos sean subvencionados. Para tal efecto, era obligante capacitar a los funcionarios responsables del manejo de esos montos y a los mismos alcaldes. No ha sucedido con la eficacia que esto exige.

El presidente de la República hizo la observación a quienes desean el patrocinio, que la nueva administración había recibido una situación económica muy deteriorada. Esta es una respuesta categórica, que debe ser asumida por diferentes grupos que, por el contrario, requieren apretarse el cinturón y brindar desde sus espacios, fórmulas para contribuir con un desarrollo que nos haga llegar a un crecimiento sólido.

Las urgencias particulares pueden esperar; requerimos consolidar un proyecto nacional participativo y amplio.

PERIODISTA