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14 de Oct de 2019

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Columnistas

Vecinos, pero no amigos

“Los que quieren ver al presidente Cortizo sacándose las tripas con los diputados del PRD, se quedarán con las ganas”

Una Nación sometida por décadas al poder de lo empírico sobre la bondad de la regla escrita, naturalmente genera importantes confusiones en materia del debido funcionamiento de la forma democrática de gobernar. En un Estado de derecho, no cabe la figura de un Ejecutivo señalándole con el dedo a los otros poderes estatales, cuál es el camino; como la responsabilidad de un Gobierno es con todo un pueblo, la presión es el ejemplo. La duda de Platón sobre la preferencia de un Gobierno de sabios o de leyes, se resolvió en la observación aristotélica que, ante la imposibilidad de un sabio perfecto y el acecho de vicios, pasiones e intereses, es preferible el Gobierno de las leyes. Algunas veces para bien, otras veces para mal, pero siempre a costa de la plenitud de nuestra vida en democracia, en Panamá se resolvían los problemas, o se postergaban sus soluciones, mediante el peso de hecho de un determinado sector de la sociedad, desconociendo el orden jurídico vigente en este régimen, ese mismo del que todos nos declaramos subordinados, pero que en la práctica demostramos a menudo que no dominamos su mecánica.

Esta incontrastable carencia, produce un impaciente sentimiento de malestar frente a un Ejecutivo que con excelencia sabe guardar su distancia y sus mayores esfuerzos están dirigidos a la realización de su Plan de Gobierno, con un equipo que, en esencia, responde a tales propósitos, dándole prioridad a la obligación de satisfacer intereses nacionales a la vez que aquellas legítimas aspiraciones partidistas necesarias para una implementación cabal del proyecto gubernamental.

En el caso del presidente Cortizo, es más que un estilo de Gobierno; se trata de una actitud cónsona con los principios y valores del sistema de Gobierno que la sociedad entera promueve y defiende. ¿Qué otra lectura es viable cuando decide presentar en la Asamblea un proyecto de reformas constitucionales que proviene en su totalidad del consenso de las organizaciones nacionales?

La armónica colaboración a la que se refiere la Constitución Política, no es para definir quién manda, sino para que se creen condiciones destinadas a que cada quien haga su trabajo y que lo haga con verdadera independencia. Siendo ello así, no debe extrañarnos que haya diferencias entre los distintos poderes del Estado. Lo que hoy resultaría muy perjudicial a los intereses del país, sobre todo después de vulgares y solapadas injerencias y artísticos matraqueos, es que uno de tales órganos imponga su voluntad, por cualquier medio, aunque tenga la razón.

En democracia, el convencimiento, los argumentos, el ejemplo, el trabajo permanente, la honestidad, la transparencia, la rendición de cuentas, la constancia y la voluntad política, conforman las armas principales para hacer valer una propuesta. Estas son las herramientas de la autoridad, la cual se gana con el trabajo, esperanza de los electores, de la ciudadanía, del conjunto de los gobernados. Los que quieren ver al presidente Cortizo sacándose las tripas con los diputados del PRD, se quedarán con las ganas.

En este contexto debe explicarse también el tema de los intereses soberanos de Panamá en la región, a raíz del discurso presidencial en la ONU. Todos los conceptos desarrollados por los padres de la teoría del Estado soberano, Locke, Rousseau, Kant, Hegel y Jellinek, se han mantenido intactos en las palabras del presidente en ese foro mundial. A lo mejor no con el impacto necesario, pero con marcada dignidad e independencia, la tradición panameña de atender los peligros regionales a través del consenso organizado de países, fue planteada con claridad.

La seriedad y veracidad de esta propuesta frente a unos 190 países, se fortalece aún más cuando Panamá ha reconocido a Guaidó, aunque sea un fenómeno nada usual y de constitucionalidad cuestionada, porque nadie puede negar su existencia como fuerza organizada y representativa en Venezuela. No crear otro foco de discordia en la región, en momentos en que la tarea de rescatar Panamá, para que sea exitosa, exige sosiego, es un comportamiento responsable.

No nos llamemos a engaño: para un Gobierno como el recién inaugurado aquí, enemigo del uso de la fuerza bélica y que, contracorriente, busca que la ciudadanía que representa y cuyo pacífico bienestar constituye su deber, aprenda a vivir en democracia, es vital tirarle una soga a un régimen como el de Maduro, desde otra esquina.

Lo lógico es usar la ONU para exponer posturas frente a situaciones de envergadura internacional, pero autorretratarse como carta de presentación en un mundo globalizado, no resulta un exabrupto. Tenemos un nuevo testigo de que el buen Gobierno está comprometido con la salud democrática y el desarrollo integral de nuestro pueblo: el mundo. Lejos de esta finalidad permanecen quienes ven algún tipo de secuestro, nacional o internacional, ya que la voluntad de este Gobierno no está aprisionada por nadie. Es una vecindad existencial.

Abogado