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22 de Jun de 2021

Columnistas

Informalidad y seguridad social

La población de cualquier país, demandará infinitamente transferencias que solo ponderan cuando las reciben directamente como individuo o en su hogar (en Panamá se censan viviendas y hogares, pero no familias), lo que empina más la curva de satisfacción de la población, ya que hay, salvo poquísimas excepciones, una tendencia a no reconocer las intervenciones que generan valor público para el conjunto.

La población de cualquier país, demandará infinitamente transferencias que solo ponderan cuando las reciben directamente como individuo o en su hogar (en Panamá se censan viviendas y hogares, pero no familias), lo que empina más la curva de satisfacción de la población, ya que hay, salvo poquísimas excepciones, una tendencia a no reconocer las intervenciones que generan valor público para el conjunto.

Mientras que el Estado interviene con una lógica deductiva, la población mide de manera inductiva.

Para generar los objetos de gastos desde el Presupuesto General del Estado, también debe entenderse que los fondos surgen de las fuentes de financiamiento que las diferentes contribuciones, sean impuestos, tasas, derechos de los cuales el que aporta espera su correspondiente retribución, directa y casi inmediatamente.

La población espera esa retribución en cantidad y calidad de los productos y servicios que ofrece el Estado y son estos indicadores de satisfacción que motivarán o no a la ciudadanía a entregar los tributos en sus diferentes manifestaciones, que ya por naturaleza, aun cuando debe realizarlos obligatoriamente, no se cumple con el esfuerzo.

Por ello, de manera disruptiva, el ciudadano va a la periferia del mercado de factores, para mantenerse lejos de los compromisos del mercado formal, y cuando se trate de contribuir, se buscará la forma de estar en posición de beneficiarse de la “Ley de gravedad social” y anotarse en cuanto programa de transferencia pueda.

La mejor prueba de esta irracional incompatibilidad se refleja en la alta tasa de informalidad en donde trabajadores y emprendedores se mezclan por desconfiar con o sin fundamentos de todo el ámbito formal, al cual se niegan financiar con sus aportaciones, pero que exigen se les entregue la redistribución demandada.

En el caso del sistema de la seguridad social panameño, aun con sus imperfecciones, es un atractivo marcado para los trabajadores de otras nacionalidades que consideran los servicios de salud como no costosos al compararlos con el de su país de origen, porque las operaciones, terapias, inyecciones, vacunas, etc., no son suficientes para que los informales se integren, ¿qué hace que nuestra población se resista a sumarse a la fuerza formal?

A nuestro modesto juicio, la respuesta está en la sola percepción de corrupción y desconfianza con la justicia y la institucionalidad, las soluciones no solo están en el sistema de seguridad social que es el principal atractivo de la formalidad versus la informalidad. Con un cercano 40 % de informalidad, obliga a la formalidad a flexibilizar normas del mercado, para que como opción se capte a un mercado con algún nivel adquisitivo, pero que no cumple con su papel de contribuyente ni siquiera al sistema de salud, al cual exigen permanentemente.

No podemos esperar que los informales se integren si se les entregan los mismos beneficios que se les entregan a los que se mueven formalmente, y contribuyen permanentemente con sus responsabilidades, siendo esta la ironía que debe superarse, por lo que uno de los desafíos no solo para la seguridad social, sino para todo el país, que la formalidad no continúe financiando la informalidad, esto no se contempla al momento de evaluar el sistema de distribución de la riqueza en Panamá.

El Estado puede ser visto con un rango que va desde “policía exigente hasta el de trabajador social complaciente”, en qué punto nos mantendremos o reubicaremos.

Economista