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06 de Aug de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Invasión, democracia y justicia

“Democracia habrá cuando sepamos la verdad sobre la invasión; cuando no mueran personas de desnutrición en un país como el nuestro [...]”

Me anticipo a la fecha de conmemoración de los 30 años de la invasión de los Estados Unidos a Panamá, el 20 de Diciembre de 1989. Ya me había expresado sobre lo desafortunado de la inacción de los Gobiernos que han existido después de ese fatídico acontecimiento: no han colocado lo ocurrido en esa fecha en un sitial de respeto y merecedor de la consideración nacional. Una versión de esta entrega fue publicado hace 10 años y a mi parecer, poco ha mejorado.

También había examinado aquel evento desde dos perspectivas puntuales: 1— No hemos madurado lo suficiente como para dejar de evaluar el violento acto de invasión sencillamente como el derrocamiento de la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega y, 2— por la fecha en que se dieron los hechos, cualquier conmemoración digna, va en contraposición con la usura y las especulaciones económicas y comerciales de la época.

Para los que suelen contextualizar los eventos en un marco muy restrictivo, la invasión acabó con los años de dictadura y se reinstauró la democracia y para muchos eso ha sido suficiente. Para este servidor y, más convencido con el pasar del tiempo, la invasión acabó con mucho. Acabó con un sentido de pertenencia y de compromiso con la nación, para fortalecer una conducta de individualidad destructiva que se refleja hoy en todos los círculos sociales, más claro en el último decenio.

Treinta años después nos debatimos en un triste y desalentador ambiente político. La disertación, el debate y la retórica no están al nivel intelectual de una nación que se jacta de estar encaminada a un nivel más elevado de desarrollo. El compadrazgo, amiguismo y el clientelismo son la norma establecida y no hay indicios de cambio alguno.

“Un sistema educativo desfasado nos mantiene rezagados indefinidamente en cuanto al desarrollo intelectual de esta y las siguientes generaciones [...]”

El asunto del narcotráfico ligado a la lucha entre carteles internacionales y pandillas locales que se pelean los mercados, los canales y el territorio, conjuntamente con el blanqueo de capitales y la penetración de la actividad delictiva en las estructuras económicas del país, han hecho más peligroso nuestro entorno.

En educación, desarrollo cultural y cuidado del ambiente tenemos graves problemas. Un sistema educativo desfasado nos mantiene rezagados indefinidamente en cuanto al desarrollo intelectual de esta y las siguientes generaciones de panameños. Esto con la ayuda de la pobre utilización de los medios de comunicación. El ambiente en que debemos vivir y en el cual nuestros vástagos deben crecer, está tristemente amenazado por un concepto y visión de desarrollo enmarcado en la construcción de edificaciones de cemento, acero y vidrio en perjuicio de las necesidades de convivir en ambientes que conjuguen la comodidad con las necesidades naturales de supervivencia armónica con el planeta.

Muy pocos países han tenido la oportunidad de casi partir de cero como la tuvo Panamá. Oportunidad para reestructurar cada pieza que tiene que ver con las circunstancias de desarrollo de la nación. ¿Por qué no se aprovechó la destrucción de la institucionalidad para integralmente resolver los problemas en el sistema judicial? ¿Por qué persisten los problemas del sistema educativo? ¿Por qué los problemas en el sistema de salud? ¿Por qué los problemas de seguridad nacional?

Hay casos en que la estructura sociopolítica y cultural de una sociedad fue amenazada dramáticamente y que a la vuelta de 20 o 30 años pudieron sobreponerse a los desafíos para aprovechar oportunidades inimaginables en beneficio de su población. La ciudad de Medellín, Colombia, otrora reino de los carteles de la droga colombiana, es hoy una de las ciudades más prósperas y fue elegida hace unos años como la ciudad “más innovadora del mundo en una competencia organizada por el Instituto sin fines de lucro Urban Land Institute”. El conflicto entre Irlanda del Norte y el Reino Unido es, quizás, otro ejemplo.

A Noriega se lo llevaron los Estados Unidos días después de iniciada la operación militar. Purgó condena en Estados Unidos, Francia y luego en Panamá antes de morir. Con haber realizado comicios electorales libres en seis ocasiones, no se consolida la democracia. Yo lo veo de otra manera, el reto es mayor. Democracia habrá cuando sepamos la verdad sobre la invasión; cuando no mueran personas de desnutrición en un país como el nuestro; cuando las oportunidades de una mejor educación sean para todos, cuando la justicia impere y cuando podamos mirar atrás 30 años y sentir que en realidad hemos avanzado.

Comunicador social.