Panamá,25º

21 de Jan de 2020

Heriberto Torres Acosta

Columnistas

Para una democracia más participativa

Amiga o amigo que leerás el siguiente escrito, bienvenidas sean tus observaciones, siempre y cuando sientas el compromiso de militar en la ejecución de una propuesta hacia un cambio significativo socioeconómico en nuestro país.

Panamá es un reflejo de la lesión de los valores morales, engañosas propuestas para sostener desigualdades, incremento de la violencia y la corrupción.

Sin embargo, surgen expresiones premonitorias que exponen la pandemia del cataclismo y proponen alternativas de salvación.

Hemos escuchado y leído sendas manifestaciones de dos autoridades que, por sus ejecutorias, alientan la esperanza para no sentir que todo está perdido. Lo escuchado fue lo expuesto por el Dr. Omar Jaén Suárez, al agradecer el Doctor Honoris Causa por la Universidad de las Américas (Udelas); allí expresó: “Panamá, es un país con un grupo dirigente caracterizado en mucho por su relativa ignorancia, extremada codicia, arrogancia, vanidad y corrupción. Somos el país que tiene el ingreso per cápita más elevado de la región y el de mayor desigualdad; con una educación muy deficiente en la mayoría de su población; que vive en el caos, la inseguridad y la precariedad. Debemos aprender de la historia para evitar la repetición de errores y mirar nuestro entorno geográfico; abrir nuestra mente al conocimiento más actualizado”.

Y para agregar expresiones que comprometen propuestas de solución, con situación semejante a Panamá, leamos lo que escribe Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México, en su libro “Hacia una economía moral”: “La corrupción, es el principal problema de México. En la historia se registran infinidad de casos sobre este fenómeno económico y político; que de manera absurda e interesada ha sido calificado como social o cultural. Hoy en día más de la mitad de la población económicamente activa permanece en el sector informal; la mayor parte con ingresos por debajo de la línea de pobreza y sin prestaciones laborales”.

Y sigue AMLO destacando la situación de extremas desigualdades en su país, al asumir la Presidencia del mismo, hasta señalar que la pobreza en México se encuentra por todos lados; todo producto de una alta corrupción y políticas neoliberales que privan a millones de ciudadanos el derecho al trabajo y los obliga a emigrar y abandonar a sus familias, sus costumbres y tradiciones. No hay para comer bien, ni para transporte, para atención médica, para recibir educación formal y, mucho menos, para la diversión y la cultura; con el agregado del aumento del delito y la violencia organizada.

Y este presidente de México, demanda de su pueblo seguir su hoja de ruta estratégica para alcanzar lo soñado: “Si seguimos actuando con apego a principios y aplicando con firme voluntad la política de moralización de la vida pública, nada ni nadie podrá detener la consumación de los sagrados principios de la soberanía del pueblo, y el interés nacional se impondrá siempre al de un puñado de hombres ambiciosos, engañados y seducidos por el falso brillo de lo material y lo mezquino”.

¿Alguno de nuestros representantes electos se asemeja a esa lección ejemplar de Andrés Manuel López Obrador y Omar Jaén Suárez? Recomiendo a nuestros políticos que estudien la exposición de Omar Jaén para su investidura como Dr. Honoris Causa y el libro “Hacia una economía moral”, de Andrés Manuel López Obrador.

Educador jubilado.