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12 de Aug de 2020

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Columnistas

La invasión de 1989 y sus antecedentes (2)

La persecución de los militares y los “batalloneros” era cada vez más frecuente y violenta. Los opositores al régimen opresor formaron la “Cruzada Civilista” que integraron 59 organizaciones que eran la gran mayoría del país.

La “Cruzada Civilista” fue creciendo y sus integrantes se reunían a diario en la Calle 50 (llamada después Avenida de la Democracia) y el símbolo fue el “pañuelo blanco”. Sus armas fueron las arengas, los letreros y caricaturas, muchas de ellas de Noriega al que llamaban “cara de piña”, y a quien responsabilizaron de la decapitación de Hugo Spadafora.

Nicolás Ardito Barleta, quien ganó la presidencia por escaso margen en las elecciones de 1984, al enterarse de la decapitación del Dr. Spadafora, nombró una comisión de prestigiosos ciudadanos para que investigaran el caso. Esto le costó el puesto. A los pocos días Noriega, acompañado de Díaz Herrera, lo derrocó. Después de Nicolás Ardito Barleta, puso y quitó a su antojo otros presidentes. Lo cierto es que hasta el día de hoy no ha aparecido la cabeza del decapitado Dr. Spadafora.

Todos los partidos políticos se reunieron en Santa Mónica, por invitación de su dueño el doctor Gilberto Arias. Le ofrecieron la candidatura presidencial a doña Mireya Moscoso, viuda del doctor Arnulfo Arias. Ella se negó al ofrecimiento y adujo que se encontraba muy “enredada” en el juicio de sucesión de su esposo. Después de muchas conversaciones se decidió que, al grupo civilista, lo representaría Guillermo Endara, Guillermo Ford y Ricardo Arias Calderón. A pesar de todos los robos de votos y agresiones, triunfó la terna civilista Endara, Ford, Arias y obligó al gobierno a anular las elecciones.

Las persecuciones se intensificaron cada vez más y tuvieron su climax los días 10 y 11 de julio de 1987. El día 10, en los alrededores de la Iglesia del Carmen, se reunieron 40,000 civilistas que fueron atacados por los militares en forma cruel y despiadada. Saldo: 300 heridos y 500 detenidos, que por estar repletas las cárceles, fueron conducidos arrestados al patio del Hotel El Panamá. Ese día, por la brutalidad empleada, fue calificado como el “Viernes Negro”. Al día siguiente (11 de julio) los civilistas fueron emboscados en la Plaza de Santa Ana por las fuerzas militares por un lado y por el otro por los “batalloneros”. Hubo muertos, heridos y arrestados. Entre los asesinados estuvo el chófer de Billy Ford. La foto de la brutalidad empleada contra él, recorrió el mundo entero. Guillermo Endara recibió varios golpes en la cabeza que lo llevaron al hospital y Ricardo Arias C. pudo refugiarse en una casa cercana.

Noriega continuó la persecución a todos los civilistas y aumentó también sus ingresos con el narcotráfico. Un juez federal de La Florida le hizo formales cargos de narcotraficante con las pruebas que le presentó la DEA. Como respuesta, Noriega apeló, sin éxito, al nacionalismo. Logró, en una arenga en la Asamblea de Representantes, con un machete en mano, declarar la guerra a los EEUU.

El gobierno ante el fracaso de las persecuciones y el nacionalismo decidió ir a las elecciones que había prometido Torrijos, con sus candidatos Carlos Duque, Ramón Sieiro y Aquilino Boyd. Los EEUU ofreció una salida decorosa a Noriega. A cambio de dejar éste temporalmente la jefatura de las FFDD, le eliminaban todos los cargos de narcotraficante y dejaban integra la FFDD. Mike Cossack representó al gobierno norteamericano y Rómulo Escobar al general Noriega. Noriega, forzado, tal vez, por algunos militares, rechazó el ofrecimiento. Esto provocó la invasión que todos los panameños rechazamos.

Los EEUU atacó con todo su poderío militar; pero la gran mayoría de los militares panameños no pelearon y rindieron sus cuarteles. Sobre el incendio de El Chorrillo, la inmensa mayoría de los panameños piensan que el mismo fue provocado por el ataque norteamericano al cuartel de las fuerzas de defensa. Existe también la versión del párroco Javier Arteta de la iglesia de Lourdes, en el centro de El Chorrillo, en publicación que hizo, sostiene que fueron dos miembros del “batallón de la dignidad”, que incendiaron la casa #1 de la calle 25 y que este fuego se extendió rápidamente.

Los muertos que causó la invasión aún 30 años después, no se sabe con exactitud el número.

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