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21 de Jan de 2020

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Aram Cisneros Naylor

Columnistas

La próxima desigualdad es digital

Para satisfacer adecuadamente sus necesidades económicas, al pueblo ya no le bastará tener acceso a salud y educación básica. El factor crucial será superar la brecha digital.

Para satisfacer adecuadamente sus necesidades económicas, al pueblo ya no le bastará tener acceso a salud y educación básica. El factor crucial será superar la brecha digital. Ella es cualquier distribución desigual en el acceso, uso e impacto de la tecnología de información y comunicación entre un grupo y otro. Paso a explicarlo con un ejemplo.

Hace 6 años, vimos en TV y redes a una señora panameña que hizo un comentario picante y perspicaz sobre trasiego de armas y sus genitales. El video, que circuló nuevamente hace días, alude específicamente a que para burlar la revisión de acceso a una penitenciaría, un revólver pequeño podría pasar oculto dentro de una vagina. Pero no una AK-47, la ametralladora rusa de 90 centímetros de largo, encontrada en la reciente y mortífera reyerta carcelaria de La Joyita. La implicación es obvia: la presencia de ese fusil en una cárcel, requiere la participación de custodios corruptos. ¿Por qué sucede esto?

Para contester la pregunta, busqué pistas en mis recuerdos de 1993. Ese año el rector Muschett en la USMA me presentó a Mario Bunge y Alvin Toffler, que conocí a través de libros. Luego se sumó a mis conocidos el señor Francis Fukuyama. Su obra de 1992, El fin de la Historia, me impactó y es pertinente a este relato.

La aseveración hecha en el título del libro, deduje, estaba motivada por los logros del cuarteto que moldeó los años ochenta: Juan Pablo II, estrenado como Papa en 1978; Deng Xiaoping, que en 1979 abre China; Margaret Thatcher, electa primer ministro de Inglaterra el mismo año; y Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos desde 1981.

Con sus acciones, en 1989 cayó el muro divisor de Alemania. Fue una fiesta para celebrar lo que debía ser la extinción del mundo bipolar producido por el fin de la segunda guerra mundial. Embriagado por aquella rumba, ¿exactamente a qué se refería Fukuyama al afirmar que “la historia” terminaba?

La española Aurora Nacarino-Brabo reseñó el libro de Fukuyama e indica que aseveró que estábamos ante “el triunfo de la democracia liberal, que se impondría sobre todas las demás ideologías, en una hegemonía que determinará el fin de la historia”.

Es decir, el autor declaraba muerto al comunismo y, por tanto, sólo quedaba la alternativa del libre mercado. Casi 30 años después, la apuesta a que “la historia” terminaría falló y la democracia liberal hegemónica decepciona a quienes reconocen que ésta incumple sus promesas.

¿Qué tiene que ver toda esta teoría aburrida con el Panamá cotidiano? Primero, fuera de la academia y la política, las ideologías son irrelevantes. Lo práctico es “poner la paila”: atender las necesidades de la familia que ya no se limitan a alimentarse sino a realizar, cada vez más, deseos que una vez cumplidos y luego perdidos, experimentamos como un grave descenso en nuestra calidad de vida. En segundo lugar, cruda y honesta, las palabras de aquella señora sintetizan uno de nuestros fracasos: la desigualdad.

En calle arriba, unos argumentan que la desigualdad no es natural, porque los seres humanos somos compasivos y benevolentes. Por tanto, debemos garantizar a todos el acceso a las mismas oportunidades. En calle abajo, otros argumentan que la desigualdad sí es natural pues, tal como los animales en la selva, los humanos debemos enfrentarnos ferozmente. Además, contamos con talentos y determinación diferentes, que producen resultados diferentes.

Esa ferocidad tiene un nuevo rostro y es por eso que considero importante citar de nuevo a Nacarino-Brabo. Sobre Fukuyama, comenta: “es posible que el progreso tecnológico haya contribuido a ensanchar la brecha de la desigualdad [pues] la automatización hará prescindibles muchos puestos de trabajo [y] producirá desigualdades de tipo generacional y geográfico”.

Concuerdo y es ese mi punto: la profundización de la brecha digital será la más relevante de las desigualdades. A los excluidos les quedan varias alternativas. El crimen organizado es una de ellas. Sin remediar la brecha digital, continuará la dinámica perversa, de delincuentes saldando cuentas comerciales entre sí, gracias a custodios que eligen quintuplicar sus sueldos, corrompidos por aquellos a quienes deberían vigilar.

Aquella violencia y la elección por dedicarse al crimen, tiene una dimensión moral que no he abordado aquí. De cualquier modo, el ejemplo deja claro que maleantes y custodios, incapaces de incorporarse al progreso tecnológico, matan y permitir matar, para tener un sustento.

Escritor y agricultor