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28 de Oct de 2020

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Víctor Manuel Collado Sánchez

Columnistas

A 56 años de una fractura nacional

El asunto es que los recuerdos que guardamos de ellos y las lecciones que decimos que aprendimos, no se han mudado a realidades como debió haber ocurrido hace rato.

El problema con los mártires no es que lleguemos a olvidarlos. El asunto es que los recuerdos que guardamos de ellos y las lecciones que decimos que aprendimos, no se han mudado a realidades como debió haber ocurrido hace rato.

A más de medio siglo de aquellos días de enero del 64 han sido buenos los ensayos sobre sus causas, acontecimientos y desenlaces. También han sido excelentes los análisis y reflexiones sobre semejante acontecimiento histórico. Por ambas razones no hay mayores quejas sobre cómo hemos conservado y transmitido aquel hecho a lo largo de tantos años.

Pero hay peros enormes en el camino andado y seguimos tropezándonos con las mismas piedras. Repito lo escrito el 7/1/18: “Hay que desfolclorizar el 9 de enero de 1964”.

Hay un pero porque no sabemos a cuánto ha llegado el mejor uso colectivo posible de esa conquista ni cuan arraigado y propagado está el control sectario pro-oligarquico de la administración del Canal y sus actividades anexas y conexas.

Hay un pero porque aplaudimos la eficiencia en el cruce de barcos y poco o nada nos importa realmente que el resto de la Zona del Canal recuperada haya quedado a merced de la rapacidad inmobiliaria privada; y viviendas e instalaciones estén abandonadas y empobrecidas. O simplemente privatizadas sujetas a precios que asustan.

Hay un pero porque todos los discursos se inflan con loas para el pueblo, pero no hay (ni existe interés que haya) un solo representante popular en la Junta Directiva del Canal.

Hay un pero porque solo es tratado como “digno” el presidente que estaba en turno, mientras los herederos de los sacrificados, de nombres y apellidos comunes, desde entonces a hoy, siguen viviendo en tugurios, desempleados con míseras pensiones y recibiendo dádivas de los personajes oficiales que se asoman en los actos de la conmemoración anual.

Hay peros y peros, pero no porque hayamos olvidado la gesta. Hay peros porque hemos sido poco o nada de leales.

Y como si faltara reclavar, hemos llegado a transformarnos en grandes pendejos permitiendo que nos hayan arrebatado lo que se consiguió con muertes irrecuperables y heridas para siempre.

Una flor de compromiso con los muertos iniciales del 9/1: Arosemena, Crance, de la Torre, Palacios, Oriol Jr., González Meneses, Bonilla, Gill y Constante.

Con los que cayeron el 10/1: Iglesias, Garibaldo, Benítez, Lara, del Cid, Murgas y Landecho.

Con los que siguieron el 11/1: Saldaña y Oribio.

Y con lo que cerraron la jornada el 12/1: Alabarca, Lara y Villarreta.

Un abrazo militante para las víctimas incontables que fallecieron después y para otras que aún tienen vidas para seguir contándolo.

Abogado y escritor