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24 de Oct de 2020

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

¡Alto a la violencia contra la mujer!, poesías de China y Panamá

Estas líneas van a todas las mujeres del mundo y luchadores solidarios -como el periodista Franklin Ledezma Candanedo-...

A Ahed Tamimi, símbolo de la resistencia palestina. A Loujain Hathloul, encarcelada y abusada por conducir auto en Arabia Saudita.

Dijo un gran poeta: “La mujer es la otra mitad del cielo” (Mao Tse Tung). Esa democrática frase es cierta porque la mujer es la raíz de la humanidad y de todo lo bello que hay, sin la cual nada existiría.

Sin embargo, esta mitad del cielo ha sido castigada por su contraparte (el hombre) desde siempre. Mao no habló de una primera y una segunda mitad del cielo, pues el cielo estaba repartido en dos mitades, ninguna superior a la otra.

Estas líneas van a todas las mujeres del mundo y luchadores solidarios -como el periodista Franklin Ledezma Candanedo-. Van a las mujeres maltratadas y privadas de libertad, especialmente a quienes sufren feminicidio, escarnio, vejaciones, torturas, abusos, violencia sexual y trata de personas.

Tengo presente su martirio, sobre todo en uno de los países con la mayor cantidad de mujeres encarceladas por el atraso feudal de su sociedad, como la ominosa monarquía de Arabia Saudita, cuyo “príncipe”, Mohamed bin Salmán, es la mascota mimada de EEUU e Israel, cunas del terrorismo mundial.

Mohamed bin Salmán es requerido en la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad por el asedio y muerte por hambre de millones de personas (mayoritariamente niños) en Yemen.

Mohamed bin Salmán fusiló, sin juicio, a una decena de sus agentes a quienes había ordenado secuestrar, torturar y descuartizar vivo al periodista saudí, Jamal Khashoggi del Washington Post en el consulado de Arabia Saudita en Ankara, Turquía. Los ejecutó para eludir su responsabilidad en el alevoso asesinato, sin parpadear ni ruborizarse ni disculparse una sola vez.

Una mujer activista de los derechos humanos en esa monarquía retardataria -Loujain al-Hathloul- lleva más de 600 días en la cárcel por simplemente manejar auto y pedir el derecho de las mujeres a conducirlos. Amnistía Internacional ha documentado que Loujain es rutinariamente sometida a torturas y abusos sexuales.

En Arabia Saudita, las mujeres necesitan el permiso de sus esposos para estudiar, trabajar, emprender negocios y hasta para pasear. Las saudíes no podían asistir a partidos de fútbol ni solas ni acompañadas hasta el año antepasado (2018).

La discriminación de que es víctima la mujer es tan antigua como la humanidad. A continuación, dos poesías chinas de los siglos X y XI de nuestra era (hace 1,100 años) que dan fe de lo dicho. A estas poesías le sumamos una nuestra, titulada “La otra mitad del cielo”, escrita en 1975, Año Internacional de la Mujer.

¡Qué triste es ser mujer!

(Wang Yu Tcheng – Siglo X)

¡Qué triste es ser mujer!

Nada hay en el mundo tan poco estimado.

Los hijos varones se yerguen en la puerta

como dioses caídos del cielo.

Su corazón desafía a los cuatro océanos

y al viento y al polvo de mil millas.

Nadie se alegra, en cambio, cuando una niña nace.

Ni sus parientes le hacen caso.

Cuando crece, se oculta en su aposento,

temerosa de mirar el rostro de un hombre.

Ninguno llora si ha de dejar el hogar paterno…

sale rápidamente como una nube que al pasar

esparce su lluvia.

Con la cabeza baja y el rostro sereno,

muestra los dientes entre los labios,

arrodillándose incontables veces.

Al amigo a quien le nació una hija

(Mei Yao-Tchen - Siglo XI)

Cuando nace un varón, toda la familia está contenta.

Cuando nace una niña, todos están avergonzados.

Cuando nace un varón,

corren a anunciarlo a los vecinos.

Cuando nace una niña, ponen un mal gesto.

Cuando el muchacho crece, se le dan libros y versos.

Cuando crece una muchacha,

se la manda a cuidar el gallinero.

Cuándo llegará el momento en que un novio venga

a saludar en la sala de ceremonias a sus suegros?

La otra mitad del cielo

Julio Yao

A Gloria Young, defensora de las mujeres.

Dios esculpió a la mujer,

La otra mitad del cielo,

Mas no la dejamos ser

Por pura cuestión de celo.

1. No necesita ser bella

ni santa de devoción

para que en su corazón

palpite siempre una estrella.

Cuando Dios la hizo a ella,

se quiso compadecer

de aquel solitario ser

que no dejaría semillas,

y de una de sus costillas

Dios esculpió a la mujer.

2. Dios esculpió a la mujer,

la mitad del ser humano,

pero un instinto malsano

no le permitió crecer.

Le quiso el hombre imponer

su bastón de reyezuelo

y temiéndola un flagelo

a un rincón la condenó,

y desde entonces lloró

La otra mitad del cielo.

3. La otra mitad del cielo

le parió al hombre sus hijos.

Les dio cuidados prolijos,

amor, solaz y consuelo.

El hombre truncó su anhelo

y el derecho a florecer,

queriendo así detener

su progreso en el trabajo,

y ella luchó desde abajo

Mas no la dejamos ser.

4. Mas no la dejamos ser

por insensato machismo

que ignora que el hombre mismo

no es hombre sin la mujer;

y es justo reconocer

que ella sufre en el subsuelo

y vamos a contrapelo

frenando a la humanidad,

ya que está en desigualdad

Por pura cuestión de celo.

Panamá-México, 1975.

Internacionalista y ex asesor de política exterior