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26 de Sep de 2020

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Mariela Sagel

Columnistas

Un justo reconocimiento

Hace unos días se dio a conocer que la revista de prestigio internacional National Geographic, fundada en 1888, había elegido, en su edición del próximo mes, a Reina Torres de Araúz, como una de las 20 mujeres que, a nivel mundial, abrieron el camino de la exploración en sus respectivos campos.

Hace unos días se dio a conocer que la revista de prestigio internacional National Geographic, fundada en 1888, había elegido, en su edición del próximo mes, a Reina Torres de Araúz, como una de las 20 mujeres que, a nivel mundial, abrieron el camino de la exploración en sus respectivos campos. Esta noticia cobra relevancia en estos momentos, en que un patronato privado está gestionando la reapertura del Museo Antropológico que lleva su nombre, y que tiene años de estar cerrado.

Reina Torres de Araúz fue una pionera en el campo de la antropología y etnografía, y una dama que en la década de los 70 e inicios de los 80 sentó precedentes en la investigación patrimonial de nuestro país. Era una humanista a carta cabal y, junto a su esposo y científicos de National Geographic, formó parte de una expedición que se internó en lo más profundo de la provincia de Darién. En ese entonces, la espesura de la selva limitaba con el pueblo de Chepo.

La antropóloga, que tuvo una vida corta, pero muy fructífera (apenas vivió 49 años) fue la primera en dirigir Patrimonio Histórico, una vez fue creado el Instituto Nacional de Cultura (INAC). También ejerció como profesora de Antropología en el Instituto Nacional (su alma máter) y en la Universidad de Panamá. Había estudiado Filosofía y Letras con especialización en Antropología en la Universidad de Buenos Aires, donde se doctoró. Ejerció la dirección de Patrimonio Histórico por una década, sentando pautas en una ciencia que era incipiente en Panamá.

Fue autora de numerosos trabajos de investigación, que fueron publicados tanto en inglés como en español, así como en varios países del mundo y que principalmente versaban sobre las etnias indígenas locales. Mientras estuvo a cargo de la Dirección de Patrimonio Histórico, logró que se aprobara la Ley 14 del 5 de mayo de 1982, por la cual se dictan medidas sobre la custodia, conservación y administración del patrimonio nacional. Era una feroz defensora de los objetos que nos identifican como nación y eso la llevó a denunciar a los panameños y estadounidenses que practicaban la huaquería (el robo de huacas precolombinas y piezas arqueológicas en sitios donde hubo asentamientos humanos, especialmente culturas indígenas y su salida del país). De forma personal y muy directa, exigió a museos estadounidenses la devolución de esas piezas que forman parte de sus colecciones.

“El mejor homenaje a esta panameña ilustre, [...], es que se reabra [...] el museo que lleva su nombre, con la colección completa, que es parte de su acervo”

También fue una gran gestora cultural en el campo museístico, pues bajo su dirección se fundó el Museo del Parque Arqueológico El Caño, en Coclé, el Museo de la Nacionalidad, en La Villa de Los Santos, el Museo de Arte Religioso Colonial, el Museo Afroantillano, el Museo de Ciencias Naturales, el Museo de Historia y el Museo del Hombre Panameño, en la antigua estación del ferrocarril, en la plaza 5 de Mayo, construcción que data de 1912, de estilo neoclásico. Debido a esta circunstancia, la Dra. Araúz peleó como una leona una locomotora del siglo XIX (la No. 299) que estaba frente al edificio, y que fue removida en 1979, dos años después de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, y enviada a un museo en New Jersey. La pieza estaba incluida en la lista de patrimonio histórico nacional y se había establecido que la misma reposaría en la estación ferrocarrilera. Describió, en su momento, la acción del gobernador que tomó la iniciativa de removerla como “una flagrante violación a todos los instrumentos internacionales sobre el patrimonio histórico de la humanidad”.

La revista National Geographic la describe como una mujer que ayudó a preservar la historia de Panamá, que ayudó a instituir media docena de museos en Panamá. Hace también mención de que, en 1961, una compañía estadounidense demolió un edificio colonial llamado La Pólvora, para dar paso a una carretera. En ese entonces, Reina Torres de Araúz tenía 29 años y, muy disgustada, se quejó con el entonces presidente, Roberto F. Chiari, quien la escuchó y tuvo la iniciativa de formar la Comisión Nacional de Arqueología y Monumentos Históricos y la puso al frente para asegurarse de que los sitios patrimoniales fueran preservados. Ya era una persona conocida como defensora de la herencia cultural y había participado de la expedición que identificaría la mejor ruta a través de Panamá por la que pasara la carretera Interamericana, que en teoría uniría Alaska con Chile.

Pasó su luna de miel con su esposo, Amado Araúz, recorriendo esos agrestes caminos, expedición que fue documentada ampliamente por la revista que ahora la honra. Salieron de ciudad de Panamá en dos vehículos y llegaron a Colombia cuatro meses después, completando la primera incursión entre norte y sur América. Su hijo, Hernán Araúz, tiene un interesante video en YouTube sobre su vida y su obra.

El mejor homenaje a esta panameña ilustre, que dejó entre sus alumnos más destacados quienes han preservado su legado a Julieta de Arango, directora del Patronato de Panamá Viejo, es que se reabra cuanto antes el museo que lleva su nombre, con la colección completa, que es parte de su acervo.

Arquitecta y ex ministra de Estado.