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01 de Apr de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Insultos públicos femeninos

“Quienes están involucradas en estas ruidosas manifestaciones, quizás han obviado reflexionar qué actuaciones son más convenientes para su audiencia, allegados o seguidores”

Las relaciones personales y aquellas que están determinadas por la coincidencia de individuos en el ambiente local, trascienden y van más allá de los propios contactos y las circunstancias que los vinculen. No importa cómo interactúen ellos, es menester que exista entre sus acciones y manifestaciones mutuas, el nivel de respeto que se deben, aún a pesar de cualquier diferencia, sobre todo si son sujetos de la atención pública.

Dos jóvenes damas, una diputada y la otra periodista, han escenificado una disputa con toda clase de adjetivaciones. Los insultos han sucedido a la dialéctica, posiciones o interpretaciones en torno a la realidad inmediata. No han bastado los desacuerdos y ambas han recurrido a las redes sociales y otros medios que han tenido a su disposición para dejar constancias de las recíprocas desavenencias.

Es cuestionable tal situación, en especial porque sus protagonistas representan a dos ámbitos que tiene por objetivo el desarrollo de ideas que han de consumir los variados sectores de la sociedad panameña. Es una lástima que ellas con una sensibilidad, un sentido de apropiación diferente del contexto en que se desenvuelven, esgriman sus capacidades para zaherirse a través de un encendido discurso, donde la grosería no ha tenido cortapisas ni límites.

¿Esto constituye un paradigma de la libertad de expresión tan necesaria en un estadio como el nacional? ¿Cómo se puede detener este ritmo de ruidosas demostraciones de encono? Ellas han aprovechado la ocasión para referirse a las formas de pensar de cada una, de su gestión profesional y hasta de consideraciones físicas, aspecto este que en nada aporta a comprender los razonamientos que pudieran esgrimir para alcanzar la verdad o el motivo del duelo verbal.

He recordado a Voltaire cuando dijo “No estoy de acuerdo con lo que dices; pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. Habría que poner de manifiesto una paciencia excesiva para considerar la idea de George Orwell al plantear que “La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”; o la idea de Simone de Beauvoir, “Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia”.

Quienes están involucradas en estas ruidosas manifestaciones, quizás han obviado reflexionar qué actuaciones son más convenientes para su audiencia, allegados o seguidores. Urdir epítetos contra otro no es una forma adecuada de entrar a profundizar en el entramado de los plurales conflictos que puede tener un país como este en que vivimos. Quizás algunos estimulan tales enemistades para entretener a la opinión pública en trivialidades.

Si uno analiza los antecedentes de las contendientes, puede saber que se han desenvuelto en la búsqueda de transparencia en múltiples escenarios, que a veces no tiene factores que le hagan resplandeciente y que, por lo general, recibe incidentes que oscurecen, enrarecen y hacen reflejar falsos hechos; así, las audiencias terminan confundidas. Esfuerzos como los de ellas, producen destellos para iluminar el panorama y abrir caminos de comprensión.

Nadie las necesita como enemigas; pocos se benefician con las tipificaciones de aspectos secundarios en sus ejecutorias y mucho menos recurrir a argumentos de condiciones físicas que en nada ilustran sobre la esencia del entorno sociopolítico, cultural en que se envuelven los vínculos de los distintos grupos en esta pequeña nación ístmica. Lo peor que puede ocurrir es que se empiece a dudar de su capacidad profesional y seriedad.

No se puede perder aquellas personalidades que adquieren la destreza de analizar el medio nacional como si manipularan un bisturí, que logra insertarse metódicamente en el cuerpo y servir de instrumento para conocer lo que ocurre, tras las apariencias. Por lo general, su visión va más allá y las tareas que cumplen, son importantes para conocernos más y con mayor franqueza.

Periodista