Temas Especiales

21 de Sep de 2020

Clarissa Cristina Flórez

Columnistas

De la morisqueta de consulta ciudadana

Con un título así, jamás se tomaría un artículo de Derecho en serio, pero, no hay otra forma de llamar a este simulacro de consulta ciudadana convocado por el Municipio de Panamá, que levanta las suspicacias por la forma de participación del mismo.

Con un título así, jamás se tomaría un artículo de Derecho en serio, pero, no hay otra forma de llamar a este simulacro de consulta ciudadana convocado por el Municipio de Panamá, que levanta las suspicacias por la forma de participación del mismo.

Esto se da en nuestro país por la falta de regulación del tema, por eso, en este espacio es necesario hacer la comparación con Colombia sobre las características de una consulta ciudadana seria y eficaz.

Tanto en la Ley 134 de 1994 como en la 1757 de 2015, de ese país, la adopción de la decisión, en cuanto a consulta popular se refiere, será obligatoria en los mecanismos de participación democrática; la publicidad debe ser por cuatro meses, que se vote a través de la boleta electoral (identificación); una asistencia a las urnas realmente representativa, con una participación mínimo de la tercera parte de los electores del censo electoral; y que la pregunta sometida haya obtenido la mitad más uno de los sufragios válidos; a diferencia de nuestra realidad, cuya consulta ha sido convocada a tambor batiente; con una votación a mano alzada, que carece de regla alguna.

En ese sentido, es necesario señalar que nuestra Ley 66 de 2015 que reforma la Ley 37 de 2009, que descentraliza la Administración Pública, establece como principios para la consulta ciudadana, la transparencia, el acceso a la información, la deliberación pública, la legalidad, la legitimidad, entre otros, pero dejando a posterior reglamentación la forma de su implementación. Dichos principios suenan muy lindos, pero se tornan letra muerta cuando la manera de implementar una consulta ciudadana sobre un proyecto de cuantía elevadísima (120 millones de balboas), se hace sin la presencia del Tribunal Electoral, sin la debida discusión en foros y debates, y mucho menos sin la formalidad de asistir a centros de votación, con cédula en mano y de manera secreta, como estamos acostumbrados los panameños a votar, a través de plebiscitos y referendos.

Es por ello que, como ciudadana, no puedo ignorar la desatinada forma de implementar una consulta popular, que podría traducirse en un mal precedente para futuras consultas en otros municipios, sobre todo por la avasallante manera de imponernos el costosísimo proyecto de playa en los corregimientos de Calidonia, Bella Vista y San Francisco, cuando nadie se atrevería a bañarse en un área donde no ha habido el saneamiento necesario; y que en virtud del calentamiento global, va rumbo al hundimiento, por lo que al poco tiempo de extraer arena del fondo del mar, será necesario volver a rellenar a través de otra inversión millonaria.

Por lo tanto, invito a los ciudadanos a exigir una consulta ciudadana seria, transparente, participativa, donde todos los actores de la sociedad podamos votar en orden y nuestros votos sean contados científicamente, para que el resultado sea de carácter transparente y legítimo para que al final, todos nos veamos reflejados el respeto a la voluntad popular.

Abogada