Temas Especiales

04 de Apr de 2020

Ricardo Enrique Molinar

Columnistas

Un sistema educativo en vísperas del desgaste

Inconcebible e inaceptable normalizar las deficiencias que por muchos años se han evidenciado en el sistema educativo de la República de Panamá; por un lado, la intentona quinquenal de cada Gobierno en querer implementar estrategias y acciones amparadas bajo los supuestos escenarios de mejoría, aunado a las acciones emergidas de las agrupaciones magisteriales, haciendo indudable su descoordinación en la construcción de un proceso de enseñanza aprendizaje óptimo para el desarrollo del país.

Inconcebible e inaceptable normalizar las deficiencias que por muchos años se han evidenciado en el sistema educativo de la República de Panamá; por un lado, la intentona quinquenal de cada Gobierno en querer implementar estrategias y acciones amparadas bajo los supuestos escenarios de mejoría, aunado a las acciones emergidas de las agrupaciones magisteriales, haciendo indudable su descoordinación en la construcción de un proceso de enseñanza aprendizaje óptimo para el desarrollo del país.

¿Cómo podemos explicar la desconexión que se refleja cada año, al querer cada estructura defender a cuesta de lo que sea su verdad? Es necesario enmarcar rutas determinantes para canalizar las alternativas que nos aproximen a la mejoría paulatina de un sistema fragmentado, con intereses particulares, sujetos a internalizar el conformismo como parte del diario vivir de los actores envueltos en estas circunstancias.

Aunque parezca trágico el escenario que se muestra, cabe la responsabilidad de hacer varias interrogantes, ¿las deficiencias del sistema educativo de Panamá, se deben a la falta de recursos económicos?; ¿las autoridades quinquenales cumplen con extraer el país del subdesarrollo operativo? Y por último y no menos importante, ¿la sociedad panameña está exigiendo la educación que se merece?

No hay que ser erudito para comprender que, en este país en materia educativa, en los últimos años, han prevalecido más las improvisaciones, alejado de cualquier intención de acercarnos a una nación en búsqueda del desarrollo sostenible, más allá de la intención de reflejar protagonismo, amparado en discursos aislados de la realidad.

Son muchos los factores que han determinado las debilidades observada en el proceso de enseñanza aprendizaje. Estos le han dado paso a acciones deformadoras que inician con una morisqueta gubernamental, propiciando contextos conflictivos, entre ellos la proliferación de organizaciones magisteriales, las cuales muestran debilidad en sus estructuras, por la ausencia de educadores dispuestos a robustecer el sistema como tal.

Es necesario revisar las designaciones de las estructuras de mando del sistema educativo en los últimos quinquenios; cabe la oportunidad para reflexionar sobre lo atinado o desatinado de la conformación de estos equipos de colaboradores. Se hace necesario escudriñar los legados que dejan sus acciones estructurales.

Sumado a esto, debemos cuestionar si se concibe obligatorio solo enfocar las reivindicaciones y acciones de conquistas en los aspectos económicos, dejando un vacío en las necesidades reales que muestra el proceso formativo de esta nación; tomando como referencia la urgencia notoria de hacer los ajuste requeridos para garantizar acciones favorables al fortalecimiento del entorno educativo.

Las acciones hablan por sí solas, y no podemos seguir protegiendo como sociedad comportamientos y conductas descontextualizadas, las cuales, de seguir, nos llevarán a la retaguardia en cuanto a educación se refiere en comparación con el resto de la región latinoamericana.

Debemos comprender la importancia de las prontas implementaciones de adecuaciones, en miras de evitar el desgaste de un sistema colmado de impremeditaciones, ansioso de correctivos que solo se logran sin demostración de listillos y acciones cuadriculadas, endosadas a cada Gobierno de turno.

Docente universitario.