Temas Especiales

21 de Sep de 2020

Virgilio Correa

Columnistas

La Ruta de la Seda y la del COVID-19

A finales de febrero, después de más dos meses intensos luchando contra la enfermedad más reciente del planeta, el Gobierno chino le probó al mundo “que sí ha despertado y que seguirá poniendo a temblar al mundo hasta el siglo XXII por lo menos”; perifraseando al celebre intelectual galo, Alain Peyrefitte, que ya escribió este epitafio en 1973, al publicar su libro: “Cuando la China se despierte, el mundo temblará”.

A finales de febrero, después de más dos meses intensos luchando contra la enfermedad más reciente del planeta, el Gobierno chino le probó al mundo “que sí ha despertado y que seguirá poniendo a temblar al mundo hasta el siglo XXII por lo menos”; perifraseando al celebre intelectual galo, Alain Peyrefitte, que ya escribió este epitafio en 1973, al publicar su libro: “Cuando la China se despierte, el mundo temblará”.

No los voy a aburrir con la Ruta de la Seda, pero sí vamos a poder observar una correlación cercana, entre ella y la ruta del COVID-19.

Persia (1219), un hito importante en la Ruta de la Seda del siglo 13 (hoy llamada Irán) es el primer hub infectado de COVID-19 en el Medio Oriente por ahora.

The Spectator Index escribió un tuit el 24.2.2020, a las 03:59 a. m., diciendo que 50 personas habían muerto del COVID-19 en la sola ciudad de Qom. Un numero alto en muy poco tiempo, que hizo protestar a los tuiteros, diciendo que las autoridades iraníes estaban escondiendo las cifras ¡(¿?)! Si esa noticia es cierta, sería el segundo país con más muertes después de China (2593 hace unos días atrás).

Venecia (1319), otro punto crucial en la Ruta de la Seda, ya 700 años más tarde, registra el primer brote de COVID-19 en Italia —primero en muertos en Europa— se origina cerca de esa ciudad, hasta el punto de suspender su histórico Carnaval. Palabra que puede venir de Carne-lavare, tal vez haciendo referencia al Festival Pimayo (Festival del Agua) de la zona tropical de China y la Indochina, paso forzado del Everest, rumbo a Occidente, camino crucial de la Ruta de la Seda.

En efecto, si utilizamos esta ruta y la proyectamos sobre los patrones de la evolución global actual del COVID-19, no estamos lejos de una correlación muy cercana. La primera ruta era de bonanza, esta ruta ahora es de una enfermedad tétrica. Los tiempos han cambiado. ¿Es esta enfermedad global la contraparte de la Ruta de la Seda? Al final China nos dio una de cal y otra de arena. Eso es normal, según la historia. Estamos empate. No pasa nada. No podemos culparla si somos justos.

En el mapa mundial de hoy hay una gran coincidencia: ¿el trópico hasta ahora parece no estar propenso a alojar el virus? Será porque además casi no se benefició de la Ruta de la Seda. Mejor dejémosle esa respuesta al Más Allá. No hagamos conjeturas por ahora.

Esto en cierta forma y dado los grandes tentáculos de China en el mundo de hoy, como una de las primeras potencias económicas actuales, nos obliga a ser serios y objetivos, por encima de ideologías y sentimientos emocionales. Estamos frente a una “posible epidemia global” y esto nos concierne a todos prevenirlo y contenerlo, cada uno dentro de sus propias fronteras. Debemos ser todos solidarios y autónomos.

El mensaje escondido en el COVID-19, tal vez no es la enfermedad en sí misma, al final todos somos mortales y eso nadie lo puede cambiar, sino más bien que meditemos sobre la sociedad que hemos creado desde el inicio de este siglo con la globalización. Tal vez el virus es un mensaje para que hagamos un alto en el camino, que meditemos sobre una mejor sociedad mundial, más inclusiva, más justa y más duradera. Eso es más importante que la miserable vida de hoy.

La pregunta sería, sobre todo: “¿Quién creó el coronavirus que mató al comendador?... Wuhan-Hubei, señor, y ¿quién es Wuhan-Hubei?”; y el mundo racional respondió: “¡TODOS A UNA, señor!”.

Entonces, no hay culpables, lo que hay es que resolver el problema, como ocurrió en Fuenteovejuna (1619) o con la “Spanish influenza” (1918) hace muchos años. La culpa es de todos, máxime cuando fue Occidente el que fue a despertar a la China, que estaba durmiendo su siesta histórica hace más de 75 años. Todos somos parte del problema, no solo China. Actuemos responsablemente para resolver el problema conjuntamente.

Miembro UPLA—IDU.