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14 de Jul de 2020

Virgilio Correa

Columnistas

Elecciones municipales en Francia: ¿'un gran circo'?

Emmanuel Macron y Anne Hidalgo se oponen diametralmente y sus relaciones políticas son bastante ácidas. Emmanuel es la cal del Norte y Anne es la sal del Midi, nada que ver el uno con el otro.

Emmanuel Macron y Anne Hidalgo se oponen diametralmente y sus relaciones políticas son bastante ácidas. Emmanuel es la cal del Norte y Anne es la sal del Midi, nada que ver el uno con el otro. Son como Bernie y Elizabeth en el partido Demócrata americano. Solo que estos últimos están más a la izquierda.

Para entender la animadversión entre el presidente de la República galo y la burgomaestre del Hotel de Ville, habría que remontarse a la elección presidencial de hace casi 36 meses, desde entonces ha existido como un muro de Berlín en pleno siglo 21, separando al Palacio del Elíseo del Hotel de Ville. Una especie de línea Maginot, tomando la pirámide del Louvre como el eje fronterizo entre Anne y Emmanuel. Chirac y Mitterrand se entendieron mejor.

Algunos meses atrás, un allegado de Macron hasta nos llegó a insinuar que los sindicatos franceses en contubernio con lo poco que queda del partido socialista de Mitterrand y la coordinación de Hidalgo (en francignol podría ser la Hijadalgo), estaban a la base de los famosos “chalecos amarillos”, para hacerle mal a Macron. Que era como si a París hubieran regresado Danton, Marat y Robespierre, unos 230 años después.

Dicho eso, también se especula que Philippe Martínez y Anne Hidalgo parecen entenderse muy bien, al menos por los apellidos paternos, el primero es de origen de Santander y la segunda es de origen andaluz, ambos tienen sangre española-francesa y el ADN es muy cercano.

La coincidencia es grande, pues hace unos días Anne Hidalgo invitó a Lula da Silva a París junto a Dilma para un “meeting” político de izquierda del Siglo 21 en las cercanías del barrio del Marais. Nos cuentan que la intendente de Lutecia está tramando otra invitación, pero no se decide si invita a Biden y Pelossi o a Bernie y Ocasio para el día de san Patricio.

Lula, es el mismo que desde la prisión en Brasil había apoyado a los chalecos amarillos contra Macron y que en varias ocasiones alabó a Hidalgo, e incluso se solidarizó con Martínez, un obrero técnico “ejemplar” de la metalúrgica como él.

El candidato de Macron renunció por excesos morbosos. Lo reemplazó una buena ministra de la Salud, que fue enviada sin paracaídas sobre la Torre Eiffel, una noche morosa de invierno parisino. No le será fácil frente a Dati e Hidalgo.

Casi esa misma semana de la renuncia del candidato de Macron, este último invitaba a Guaidó al Palacio del Elíseo, al lado de la Embajada americana en Francia, de donde venía el venezolano presidente a pie.

Tal vez es por esta manifestación pública de Macron junto al joven presidente de Venezuela, que Hidalgo inventó invitar a Lula y Dilma pocos días después a París. No será igual con la invitación a los americanos, tal vez nunca se dé.

Por su lado, Rachida Dati, amiga feminal de Hidalgo, pero opuesta ideológicamente, solo le queda una posibilidad para contrarrestar a los socialistas del siglo 21 de París, o sea, invitar a Jair Bolsonaro, y llevarlo a la avenida Víctor Hugo o a la Brasserie brasileña de la Grande Armée, sin olvidar un “tour” nocturno por la avenida Foch, a ver si así le gana a los chalecos amarillos de París, a Anne Hidalgo o la exministra este mes de marzo.

Pensamos que Rachida no se atreverá a hacer eso, porque París está muy a la izquierda de Macron y Francia. Por eso Hidalgo invitó a Lula y Dilma a la comuna de París, que cada día es menos republicana.

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