Temas Especiales

06 de Jul de 2020

Julio César Caicedo Mendieta.

Columnistas

El desempleo es un recurso

Que en el desempleo panameño hay personas mejor preparadas que en la Asamblea, las alcaldías y cámaras edilicias de Panamá. Panamá debe tomarse en serio la debacle que estamos viviendo, estudiar sus causas y definir con seriedad y madurez reformas que nos permitan superarnos.

Que en el desempleo panameño hay personas mejor preparadas que en la Asamblea, las alcaldías y cámaras edilicias de Panamá. Panamá debe tomarse en serio la debacle que estamos viviendo, estudiar sus causas y definir con seriedad y madurez reformas que nos permitan superarnos. Por esas razones enumero las siguientes circunstancias que nos acometen.

Un país pobre con tantos profesionales honrados hasta la lengua, no puede darse el lujo de tener en la Asamblea ni en alcaldías ni como representantes de corregimiento a personas con escasa voluntad de trabajo, sin el perfil adecuado para legislar ni administrar millones de dólares. “Porque es buena persona”, “por ser un señor, muchacho o muchacha que lo vimos crecer”, “es de aquí, será un buen candidato y si llega nos habremos salvado”. Nada más ridículo, los representantes y diputados de cualquier alcaldía o corregimiento deben ser panameños preparados y punto, su trabajo sería como el de un buen maestro y escogido por una comisión esculcadora que incluiría examen psicológico.

Panamá cuenta con el valioso recurso de más de 100 mil panameños profesionales todos menores de 30 años, que pueden reemplazar con mucha energía tanto a los 500 representantes como a los 71 legisladores, eso sí, desarrollando un plan de trabajo establecido bajo un reglamento disciplinado para que los pueblos progresen a base de proyectos viables, no mirando para el aire a ver qué cae.

No habría que gastar millones en elecciones para representantes ni diputados, porque esos actos electoreros han sido estudiados o más bien tergiversados por la indigna asociación de los dueños de los partidos políticos que originan a propósito una corruptela desde las primarias con raíces adventicias peligrosísimas para la estabilidad del país.

La asociación simula no percatarse de la compra de votos nuevamente al borde de las elecciones generales. También dicen sorprenderse de los escándalos de los malos Gobiernos, porque tienen asegurados sus réditos con sobrecostos en las listas de contratos. Y no les da lástima por los vejámenes menores en donde no participan, prueba de ello es lo que ha pasado con los fondos de la descentralización que han sido como tirados al río Matasnillo. Se calcula que un poco menos de $785 millones se han escurrido en planillas insulsas, favoreciendo a contratistas aviesos ahijados de los dueños de los partidos brindando “ayudas sociales” (ataúdes, chécheres, becas y macheteros con sueldos de ministros), más un sartal de obras mal construidas y sin revisión, a pesar de que está prohibido por la misma ley del programa. Me comentó un exrepresentante de San Miguelito de los tiempos de Tito Torres: “Me he tardado en morir, esperando 100 años, para ver a Panamá caminando con sus riquezas por el sendero de la justicia y el orden”. “Así me lo parece a mí”, le respondí y no digo yo hacer tardanza de un siglo, pero de cinco la hiciera a trueco de verla.

Economista y escritor costumbrista.