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31 de Mar de 2020

Jennie Barb

Columnistas

El ofensor sexual

El ofensor sexual puede parecer una persona normal, puede contribuir con la comunidad, estar casado, actuar como “un buen ciudadano” y presentarse como una persona agradable y confiable.

El ofensor sexual puede parecer una persona normal, puede contribuir con la comunidad, estar casado, actuar como “un buen ciudadano” y presentarse como una persona agradable y confiable. Los ofensores sexuales no son fácilmente detectables. Pueden provenir de cualquier nivel sociocultural, pueden tener cualquier raza, sexo, religión o educación.

En la mayoría de los casos los ofensores sexuales son personas allegadas a la familia de quienes no se desconfiaría. Es importante que conozcamos más sobre estas personas que interrumpen el desarrollo de nuestros niños y les roban la posibilidad de crecer sanos y felices. El abuso sexual es una de las formas de violencia contra la niñez más graves y frecuentes. Todos los niños son vulnerables. Es fundamental conocer más del problema para poder protegerlos mejor.

Debemos empezar por saber que no todos los ofensores sexuales son pedófilos, pero todos sí son pederastas. La pedofilia se refiere a la atracción sexual por personas pre púberes y la pederastia al acto de abuso sexual infantil. Los pederastas son capaces de reconocer lo que está bien de lo que no lo está, son conscientes y responsables de sus actos, por lo tanto, son legalmente imputables.

No existe un perfil del agresor sexual que nos ayude a detectarlos, pero existen algunos rasgos comunes. Suelen ser varones, entre 30 y 50 años, aunque también hay agresores sexuales juveniles que empiezan la conducta delictiva en la adolescencia. El porcentaje de mujeres agresoras sexuales generalmente está entre el 10 y el 25 %. Es frecuente que el agresor sexual tenga baja autoestima, distorsiones cognitivas y falta de empatía, minimizando el daño causado a la víctima. Suelen tener un vínculo familiar o cercano con el niño y experiencias traumáticas previas durante su niñez.

De acuerdo con sus patrones de conducta, los pederastas se pueden clasificar en varios tipos: el pederasta situacional y el pederasta preferencial, entre estos el introvertido y el sádico. El pederasta situacional es aquel que no tiene preferencia exclusiva por niños. El abuso puede ocurrir una sola vez, como puede ser un patrón repetitivo de conducta. Puede agredir también a otras personas vulnerables como: ancianos, personas enfermas e inhabilitadas. Su acto criminal suele ser espontáneo. Existe una gran cantidad que aumenta proporcionalmente con la criminalidad y la delincuencia. Frecuentemente tiene antecedentes criminales. Puede llegar a raptar, herir e incluso matar a su víctima. Presenta una conducta regresiva incongruente con su edad. Es impulsivo con mecanismos de ajuste pobres. Usa al niño como sustituto sexual, es decir, que escoge la víctima de acuerdo con su disponibilidad. Es moralmente indiscriminado. Le gusta la pornografía violenta, puede coleccionar pornografía infantil. Comete otros tipos de delitos, roba, estafa, trafica, etc. Opera a través de la coerción, la manipulación y el uso de la fuerza. Sus víctimas generalmente son desconocidas. Es sexualmente indiscriminado. Puede tener otras patologías psiquiátricas, como trastornos de personalidad del tipo sicopático/antisocial, narcisista, esquizoide y/o sádico. Puede también sufrir desde psicosis a retardo. Este tipo de agresor sexual presenta una conducta social inadecuada. Generalmente desde su adolescencia muestra problemas conductuales. La gente lo rechaza por su actitud y conducta. Corre riesgos, puede usar armas.

El pederasta preferencial es el más difícil de detectar, tiene una preferencia sexual definida por los niños prepúberes, es decir, antes de cumplir los 13 años. Sus fantasías sexuales se enfocan en los niños. Generalmente cuenta con fácil acceso a los niños. Empieza a cortejar al niño con atención, afecto y regalos. Suele ser inteligente. Es mentiroso y manipulador. Seduce por un período de tiempo y gradualmente va disminuyendo las inhibiciones sexuales de niños e involucrándolos en actividades de contenido sexual. Puede tener víctimas múltiples simultáneamente. Planea la pederastia. Se identifica hábilmente con los niños con los mecanismos de defensa de regresión y fijación. Sabe cómo hablarles y cómo escucharlos. Usa su estatus de adulto, su poder y su autoridad. Su conducta sexual es compulsiva. Puede desplegar actos sexuales ritualísticos; eligiendo edad, género y ciertas características comunes en sus víctimas. Suele usar tecnología para excitarse. Puede coleccionar pornografía infantil. Se aprovecha de la vulnerabilidad de los niños, pasando muchas veces desapercibido por los miembros de la familia. No aceptan su responsabilidad en el acto de abuso. Buscan racionalizaciones o explicaciones y toda clase de excusas para justificar su comportamiento.

También se mencionan otros subtipos de pederastas preferenciales, el introvertido tiene preferencia por niños, pero carece de habilidades para seducir. Su comunicación verbal es mínima. Observa a los niños en patios o parques escolares. Puede explotar comercialmente a niños. Puede ser exhibicionista. Puede hacer llamadas obscenas. Puede casarse con una mujer con hijos. Selecciona a los niños premeditadamente. El sádico prefiere sexualmente a los varones. Para lograr excitación sexual tiene que infringir dolor o sufrimiento. Usa la fuerza. Puede secuestrar o matar. Afortunadamente no son muy frecuentes.

Estos depredadores sexuales amenazan a nuestros niños, cuidemos de ellos.

Si requiere información o ayuda, llame al 232-6679, Fundación Unidos por la Niñez.

Terapeuta familiar.