Temas Especiales

14 de Jul de 2020

Jorge Vega

Columnistas

Muy bien… ¿y cuál es el problema?

En la educación como la conocemos, nos obsesionamos con poner al frente a quien nunca ha cometido errores para llevar la delantera, y eso impide el liderazgo necesario para enfrentar los dilemas que como sociedad tenemos.

En la educación como la conocemos, nos obsesionamos con poner al frente a quien nunca ha cometido errores para llevar la delantera, y eso impide el liderazgo necesario para enfrentar los dilemas que como sociedad tenemos. En pocas palabras, para resolver un problema, necesitas a un experto resolviendo problemas y a un experto metiéndose en problemas. Si te despojas de tus prejuicios, entenderás el valor de esta cooperación entre ambos y cómo pueden colaborar para calmar las aguas y traer la tranquilidad de vuelta. La principal carencia es el pensamiento crítico.

El pensamiento crítico nos anima a despojarnos de nuestros prejuicios para entender un problema. Quizás el primer prejuicio a vencer tenga que ver con la palabra “problema”. Para la mayoría de las personas, la palabra por sí sola genera un bloqueo, lo cual impide entender o descomponer el problema, para resolverlo.

Entonces, el primer paso sería buscar el origen de la palabra problema, para comprender cuándo empezamos a articular la palabra y las razones detrás de esa acción. En griego antiguo, por ejemplo, el prefijo “pro” significa delante, y la segunda parte de la palabra vendría siendo el verbo que significa arrojar o lanzar con fuerza. El prefijo pro se usa en muchos contextos como una ventaja o provecho. La ventaja de entender o descomponer un problema es la ventaja que le otorga al que se ofrece como voluntario para meterse en el problema, para descomponerlo y evaluarlo, ejercicio que pocas veces es valorado en nuestra estructura social actual.

Por lo tanto, podríamos decir en español simplificado que un problema es un obstáculo o una barrera que se ha puesto delante de nosotros, o que se nos han lanzado al frente. Es aquí donde empezamos a entender que los obstáculos o barreras no se lanzan por sí mismos, sino que son lanzados por otro.

Si nos vamos en otra dirección, la del idioma que se consideraría el griego moderno, o sea, el inglés, la palabra que el inglés utiliza para problema es “trouble”. La raíz o el origen nos conduce al francés “truble”, que viene del latín “turbidus” y se translitera como turbio.

Si pensamos que durante siglos las civilizaciones o asentamientos comunitarios se concentraron cerca de las fuentes de agua, conservar la pureza del agua era un prioridad para todos, si el agua salía turbia, todos tenían un problema. Entonces se concentraban en buscar la causa de la turbiedad, qué nuevo elemento o sustancia se estaba arrojando al río o al pozo que causaba la turbiedad. Nadie diría en su sano juicio que el problema era el agua, lo más sensato sería tomar un poco de agua en un contenedor y tratar de que se asentara para identificar la causa de la turbiedad. Sin adentrarnos mucho en el experimento, la idea que queremos transmitir es que para comprender el problema, primero hay que descomponerlo. Suele ser el caso que hay componentes habituales, con sus bondades características intrínsecas, y el juicio crítico vendría posterior a la separación de los componentes, sin juzgar antes de la separación.

Con frecuencia cuando enfrentamos un problema, hay un vértice o una causa que agita y pone las aguas en movimiento para causar la turbiedad, en ese remolino se pueden introducir fácilmente elementos contaminantes o que alteran el agua y hacen que se vea turbia.

En ese experimento de descubrimiento por ensayo y error, hay sujetos pasivos, a los que solemos llamar científicos o investigadores, que documentan y observan mientras intentan resolver el problema. También hay sujetos activos, que han hecho una forma de vida tomar riesgos calculados e intervienen con pensamiento inductivo para dominar la situación, para calmar el problema. Considero que ambos son necesarios, y que se complementan el uno al otro. Que la ciencia y la sabiduría ancestral se complementan y que el mundo natural con frecuencia así nos lo demuestra. Es decir, el mundo natural lo domina quien con pensamiento inductivo lo comprende, lo utiliza con propósito, y se hace parte del ciclo.

Nuestras aguas en Panamá siguen turbias, en sentido literal, por lo que nos ha llegado el momento de involucrarnos como Sociedad Civil, por eso junto a mi familia hemos decidido empezar una Fundación especializada en el Pensamiento Crítico como herramienta clave para aclarar las aguas. Queremos resolver problemas. Nos metemos al charco y los resolvemos... ¿hoy o mañana?

En mi segunda entrega estaré abordando el tema: ¿Cómo el tráfico mata la amistad? Usaré el mismo enfoque para analizar las posibles soluciones al problema del tráfico y estaremos haciendo un análisis interesante sobre la invención de la rueda.

Director de la Fundación Reconocer.