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07 de Jul de 2020

Antonio Saldañaopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

El PRD y la 'apertura democrática'

“Realmente yo interrumpí en vida pública de una forma violenta. Eso hay que admitirlo. Sin ningún apoyo popular y sin ningún apoyo popular porque asociaban el uniforme con la represión, porque las fuerzas armadas se habían casado en primeras nupcias con los peores intereses del país, con la oligarquía”, General Omar Torrijos Herrera

La creación del partido político de la “revolución panameña” –El 11 de marzo de 1979- históricamente está asociada a la denomina “apertura democrática”, iniciada en el año de 1978, un año después de aprobados los tratados Torrijos-Carter, producto del compromiso político de dar cabida al “juego democrático” de los colectivos políticos en su condición principista de “órganos funcionales de la nación”. Sin embargo, Omar, su fundador, era consciente de la necesidad histórica de crear un ente político de nuevo tipo, muy diferente al prototipo gamonalista y personalista del ancien régime de la oligarquía liberal.

Por esa razón fundamental, propuso junto a los sectores más avanzados del proceso revolucionario de liberación nacional, un partido político de carácter frentista que recogiera el legado de lucha por la liberación de la patria de la presencia colonial estadounidense y de la coyunda política de la oligarquía. Ese instrumento político de lucha, además de acopiar las mejores tradiciones democráticas del pueblo panameño debía ser guardián de las conquistas del torrijismo y continuador del otro componente del proyecto, la justicia social. Por eso nos dijo: “El día que yo muera, recojan la bandera, denle un beso y sigan adelante”.

Pero bastaron 6 meses después de su muerte -31 de julio de 1981- para que los entorchados de banqueta, encabezados primero, por “desde ya” Paredes y, luego por el enigmático MAN, para que el otrora partido de Omar fuera totalmente desviado de sus propósitos y objetivos políticos. El estatuto, la declaración de principios y el programa del PRD se convirtieron en “papel higiénico” de los militares. Pero la traición no quedó allí. Después de la invasión norteamericana -el 20 de diciembre de 1989- sobrevino la segunda y más grave felonía política al legado de Omar, la cúpula de ese entonces tranzó el principio social democrático y torrijista y se transfiguró en un partido tradicional, oligárquico y neoliberal.

El falso liderazgo del PRD pos invasión, convirtió al partido del proceso revolucionario en una vulgar maquinaria electoral, clientelista y corrupta, caracterizada en las “alturas del poder” por el nepotismo, tráfico de influencias y el enriquecimiento injustificado de quienes en sucesivos gobiernos “entraron limpios y salieron millonarios”. Del torrijismo solo queda la “taquilla” de la cúpula y las añoranzas de un pueblo agradecido de su líder histórico que no murió del atentado del imperialismo en “cerro Marta”, sino de la ingratitud y el olvido de los “torrijeros”. Para el general Torrijos y para el pueblo torrijista la “apertura democrática” y la creación del instrumento político de lucha era la posibilidad histórica de derrotar democráticamente a las fuerzas conservadoras y anti populares de la oligarquía, sin embargo, pudo más la flaqueza moral, el oportunismo político y la traición.

A 41 años del nacimiento del Partido Revolucionario Democrático (PRD), no hay nada que conmemorar, en todo caso, lo que cabe es una profunda autocrítica de las razones y motivos por los cuales los torrijistas nos dejamos arrebatar la esperanza de que un mundo más humano y más justo es posible. ¡Así de sencilla es la cosa!

El autor es abogado y analista político.