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27 de Jun de 2022

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    Jorge Anel Samaniego Ríos

Columnistas

Cavilaciones en cuarentena

Continúa la cuarentena. La gente acostumbrada a interactuar por medio de las redes sociales debería estar viviendo un sueño. Ahora, y de manera paradójica, los que ayer nos recomendaban salir y alejarnos de la tecnología y de las plataformas tecnológicas por salud, hoy nos aconsejan exactamente lo contrario, en pos del mismo resultado.

Continúa la cuarentena. La gente acostumbrada a interactuar por medio de las redes sociales debería estar viviendo un sueño. Ahora, y de manera paradójica, los que ayer nos recomendaban salir y alejarnos de la tecnología y de las plataformas tecnológicas por salud, hoy nos aconsejan exactamente lo contrario, en pos del mismo resultado. Inicialmente pensé que el mundo podría hacer con gusto lo que normalmente hace durante lo que debería ser su tiempo de trabajo y estudio, y que estaría feliz al respecto: vivir pegados de la pantalla del móvil.

Para mi sorpresa, ahora que todos debemos perdernos en el mundo virtual, incluyendo a los que no nos gusta demasiado, las personas del mundo deciden que sí les gusta la interacción real, y que desean vivir al aire libre, tener aventuras, hacer ejercicio y simplemente estar en exteriores. En un monumental despliegue de idiotez y terquedad, el mundo ha salido a la calle, contra toda indicación. Recientemente leía sobre una pareja que fue detenida fuera de casa, fuera de su horario establecido y con rumbo a la playa. Los policías que los retuvieron les preguntaron por qué habían violado la norma. Su respuesta los dejó pasmados: "Es que estábamos aburridos de estar en casa", respondió con pasmosa displicencia la señora.

Dejé que eso fuera procesado por mi cerebro. Me tomó un buen rato entender cómo podía una pareja arriesgar tanto por el simple hecho de estar aburrida. Es una idiotez olímpica. Pero pronto pude notar que los casos se repetían a lo largo de nuestra geografía. En una vorágine autodestructiva, las personas desacatan las órdenes para satisfacer el antojo que les venga en gana. Lo han hecho de manera pacífica, como el ejemplo que mencioné, pero también ha habido casos en los que la violencia perpetró saqueos contra locales comerciales.

“Es que tienen hambre”, salieron a defender los psicólogos del internet… Yo quisiera saber si las bebidas alcohólicas forman parte de la canasta básica, o si los electrodomésticos son nutritivos, porque eso fue los que se llevaron en los saqueos. No romanticemos el delito. Hay panameños que desean el caos, pues es la forma de vida que conocen. También han salido a relucir los verdaderos colores de ciertos politicuchos criollos, que han visto en esta crisis no un problema que nos afecta a todos, sino una oportunidad de promover el desorden, con el propósito de hacer ver mal a la administración actual. ¿Será que en serio no pueden ver más allá de la suciedad que llaman hacer política de oposición? Las actuaciones de algunos miembros del partido en el poder tampoco ayudan. Hemos visto vídeos en los que unos cuantos acaparan los bonos y bienes que debían llegar a los más necesitados. Es una vergüenza el bajo nivel de nuestros políticos.

Pero ¿quién es el culpable de que esos políticos estén allí?

La respuesta no nos va a gustar. Es culpa nuestra. Que haya grupos de personas que estén acostumbrados a exigir que el Gobierno les dé comida, casa y comodidades es culpa nuestra. Que los reos destruyan el área de cocina para luego preguntar “¿y ahora qué hacemos, señor presidente?” es culpa nuestra.

Hay certeza de que esta crisis acabará, con el Favor de Dios. No obstante, no hay certeza de que esta dura prueba sea suficiente para que cambiemos nuestras vidas. Si al pasar esta crisis, “volvemos a la normalidad”, no aprendimos nada. La normalidad que conocemos causó el problema para empezar. Entonces, debemos aprovechar este tiempo de quietud para analizar nuestros actos. De manera inicial, debemos repasar nuestras actitudes individuales. Luego podemos revisar nuestras actitudes colectivas.

No hay que ser un “pitoniso” para adivinar que debemos cambiar mucho para no volver a esa normalidad destructiva. Como ciudadanos debemos ver lo que está mal para mejorarlo, y asegurar que nuestros hijos no tengan que repetir estas difíciles experiencias.

No soy abogado, pero como ciudadano comprometido con el desarrollo nacional, sugiero un cambio en los requisitos para poder ejercer el voto. Ya hemos visto cómo las malas decisiones de aquellos acostumbrados a la maleantería política nos han condenado a todos a sufrir la presencia de innombrables en la Asamblea Nacional. Esos innombrables son los que históricamente llenan primeras planas con malos actos a nivel personal, y peores decisiones a nivel legislativo. Entonces, si la parte pensante de la sociedad está de acuerdo en que esos innombrables no nos benefician, ¿por qué rayos siguen allí, haciendo de las curules su feudo?

La respuesta tiene que ver con algo que debemos eliminar. Esos reyezuelos siguen enquistados en el hemiciclo por la acción de la turba que vive del “¿qué hay pa'mí?”. Son la parte de Panamá que todos conocemos, pero que nadie menciona. Son el secreto a voces de que en Panamá el clientelismo pone y quita diputados, y hasta presidentes. Son la prueba de que a los políticos actuales les interesa el pueblo solo cuatro meses antes de las elecciones, cuando prometen todo lo que aquel que vive el momento quiere escuchar. Entonces, si la enfermedad no está en la sábana, ¿cómo se cura? Fácil, se aísla al enfermo.

Si en realidad queremos salir de esta crisis, y tener la posibilidad de echar pa'lante como país, tenemos que lograr que la Constitución cambie en gran manera, y uno de esos cambios sería que se anule la posibilidad de voto a todo aquel que reciba un subsidio. Las personas que reciben subsidios son presa fácil de gente como los innombrables, pues se vuelven sus nichos de votos cautivos. Así los votantes serían en su gran mayoría gente que sale a trabajar y a surgir con su esfuerzo propio cada día, que son los que realmente saben que en un país próspero nos va bien a todos, y así buscarían realmente las mejores opciones para ocupar cargos de elección popular, en el partido que sea, pero con el norte común de lograr un mejor Panamá. Suena fuerte, pero creo que nos ayudaría a todos. El poder de decisión debe ser para aquel que trabaja, así como los derechos humanos deben ser para los humanos derechos.

Casi puedo escuchar los gritos de los que defienden los derechos de aquellos que no respetan a nadie, en otra prueba clara de que en Panamá hemos invertido la pirámide de valores.

Cierro mis cavilaciones recordándole, amigo lector, que hoy nos encerramos para que la próxima vez que nos reunamos, estemos todos.

Dios nos guíe.

Ingeniero civil, miembro de SPIA-COICI, Seccional Azuero e inspector de la JTIA.