Temas Especiales

15 de Jul de 2020

Euclides E. Tapia C.tapiaceuclides@hotmail.com

Columnistas

En cuanto a China y Panamá parece mentira…

Parece mentira que transcurridos tan solo casi tres años desde el establecimiento de relaciones diplomáticas, ya la República Popular China demuestre, quien manda en Panamá

Parece mentira que transcurridos tan solo casi tres años desde el establecimiento de relaciones diplomáticas, ya la República Popular China demuestre, quien manda en Panamá. Si existe algo, sobre lo que no tengo el menor temor a equivocarme, es en predecir, que desde el dia en que nuestro país estableció relaciones con Beijín, la suerte de Panamá, como Estado independiente, quedo seriamente comprometida.

Para nadie es un secreto que desde la independencia de Colombia, el estado panameño ha escalonado diferentes peldaños en búsqueda de la perfección de su independencia. Entre los mismos destacan, tener que al nacer admitir, con la mira en superarlo, la condición política de protectorado estadounidense entre 1903 y 1946 (artículo 1 del tratado Hay- Bunau Varilla de 1903 y 136 de la Constitución de 1904), derogado el primero en el Tratado Arias-Roosevelt de 1936 y el segundo en 1941, pero de forma oficial y definitiva en la Constitución de 1946.

El siguiente y vital escalón lo alcanzamos, cuando logramos perfeccionar nuestra condición de país independiente y soberano, luego de la firma de los tratados del canal, mejor conocidos como Tratados Torrijos- Carter, en base a los cuales políticamente perfeccionamos nuestra soberanía con el control del canal y recuperación de su área adyacente. Luego de los aciagos días de la invasión de los Estados Unidos a Panamá en 1989, el siglo XXI nos recibe como un país que se esfuerza por alcanzar un relativo desarrollo, atascado hasta la fecha, por el fardo de una de las economías con mayores desigualdades sociales en el mundo.

No obstante lo anterior, la nueva centuria también es testigo del orgullo que sentimos los panameños, por ser reconocidos como un Estado, que ejerce su soberanía en todo su territorio. Como se observa, el recuento realizado permite registrar un desarrollo político ascendente, hasta cuando de pronto, el 13 de junio de 2017, el gobierno de entonces, sorprendió a la ciudadanía con la infausta noticia del establecimiento de relaciones con un Estado, que por la naturaleza totalitaria de su gobierno, y peso económico y poblacional, tarde o temprano arrastrara a Panamá en virtud de la posesión del segundo canal más importante del planeta; al perímetro del permanente enfrentamiento que mantiene con la potencia hegemónica continental, en su lucha por dislocar a su favor, las relaciones globales de poder.

Se suma a ese peligro, ahora que se negocia un tratado de libre comercio, la real posibilidad de convertirnos en víctimas de su consabida práctica de abrir el mercado, para después chantajearnos con cerrarlo unilateral y abruptamente o subir los aranceles a los productos, como hace actualmente con Australia, sino no nos plegamos a su dictak; todo ello, amén de ser victimas de su reiterado ataque a la libertad de expresión, que practica allende a sus fronteras, contra cualquier ciudadano que denuncie por diferentes medios, sus reales intensiones.

En el momento del anuncio de la arriesgada decisión, de establecer relaciones con ese país, llegue a la conclusión de que los 114 años de lucha del pueblo panameño por perfeccionar su soberanía, serian tirados por la borda, pues era del criterio que bastarían tan solo dos décadas, para que Panamá involucionara regresando a su status colonial, hecho este, que aparte del control directo de nuestra economía, también se evidenciaría, hasta en la escogencia de un simple representante de corregimiento, pasando por la designación de un gerente de mediana empresa, rector universitario, ministro, embajador y hasta de presidente de la república, como muy pronto seremos testigos; pues para acceder a dichos cargos, será obligatorio contar con el visto bueno de la embajada de ese país.

Comoquiera, que como se asevera ahora, con la pandemia que vive el mundo, que la historia se nos adelanta; resulta que desgraciadamente me equivoque. No fueron necesarios 20 años, sino tan solo tres, para demostrar a la faz del país, la condición de colonia china de ultramar, que el gobierno cipayo de turno evidencia, el cual a diferencia de más de 95 estados del planeta, por temor a Beijín, le niega a Taiwán el derecho de establecer una Oficina Comercial en nuestro país, derecho este inclusive reconocido y consignado en el Memorándum de Entendimiento, firmado en la misma fecha del Comunicado Conjunto sobre establecimiento de relaciones diplomáticas (13 de junio de 2017); y en condiciones en que mantenemos vigente con Taiwán un Tratado de Libre Comercio y el reconocimiento por ese país, del Tratado de Neutralidad; Protocolo al cual a propósito, China se niega adherirse, manteniéndonos como objetivo militar suyo, en caso de una conflagración internacional.

Me es imposible terminar este escrito, sin dejar sentado su real leitmotiv, simplemente porque es prohibido callar, ante tanta ignominia. Se trata de un hecho humillante, sobre el cual la ciudadanía tiene derecho a estar informada. Resulta que en un acto deshonroso, este gobierno ha desaprobado el ofrecimiento por parte de Taiwán de ayuda con equipo médico de alto costo y calidad, el cual en medio de esta pandemia, es tan indispensable, cuando fallecen a diario en nuestros hospitales, humildes panameños, por falta de equipo especializado, requerido para ser atendidos.

Renegar de ayuda desinteresada en el aciago momento que vivimos, por temor al gobierno donde se originó y desde donde se difundió el letal virus, por recomendación de miembros de la cúpula del partido gobernante y de los agentes quinta columnas de ese país, con altos cargos y sueldos enquistados en la Cancillería, que anteponen los mezquinos intereses de la nueva metrópoli, a la sobrevivencia de nuestros conciudadanos; no puede ser calificado menos que como cómplices de un acto inhumano, abominable e indigno, que me impide creer que permita dormir tranquilo a quien tuvo la última palabra en tan nefasta decisión.

Por: Euclides E. Tapia C.

Profesor de Relaciones Internacionales