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11 de Jul de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

¿Confiamos en la capacidad de los panameños para cuidarnos?

Cada día aumentan las voces de la ciudadanía, clamando porque salgamos de la cuarentena. La mayoría de los ciudadanos consideramos que la cuarentena ya cumplió con su cometido y es hora de levantarla para comenzar a recuperar la economía, pues mantenerla ya está provocando una grave crisis social, desempleo, incremento de la pobreza y el hambre, que tomarán años en recuperarse y causarán más sufrimiento que la propia pandemia.

Cada día aumentan las voces de la ciudadanía, clamando porque salgamos de la cuarentena. La mayoría de los ciudadanos consideramos que la cuarentena ya cumplió con su cometido y es hora de levantarla para comenzar a recuperar la economía, pues mantenerla ya está provocando una grave crisis social, desempleo, incremento de la pobreza y el hambre, que tomarán años en recuperarse y causarán más sufrimiento que la propia pandemia. Adicional a los argumentos esgrimidos para salir del encierro, el fin de semana pasado comenzó a circular en las redes sociales un llamado a confiar en la capacidad de los panameños para cuidarnos, salir con racionalidad del confinamiento y evitar una segunda ola del Covid-19.

En lo personal, me sumo al clamor popular y, aunque entiendo los reparos de las autoridades, considero que ya no hay argumentos para retrasar el levantamiento de la cuarentena, y llegó la hora de confiar en nosotros. No obstante, la moneda de la confianza tiene dos caras: nosotros los ciudadanos y el Gobierno. Veamos qué significa para cada parte la responsabilidad adquirida.

Para comenzar, estoy totalmente de acuerdo con la necesidad de confiar en la población. Nos hemos ganado ese derecho renunciando a nuestra libertad, cumpliendo con las draconianas medidas impuestas, y alcanzando indicadores epidemiológicos que demuestran que estamos controlando la epidemia. Claro que tiene sus riesgos, pero no podemos seguir confinados a perpetuidad. Levanten ya la cuarentena. Exigimos recuperar nuestras vidas y nos comprometemos a seguir cumpliendo con las medidas recomendadas de higiene personal y distanciamiento físico, a la vez que cuidamos que el pariente y el vecino también lo hagan, y vigilamos que los establecimientos que visitamos estén cumpliendo con las medidas de bioseguridad que el Minsa haya decretado.

Habrá muchos que contraargumentarán, y admito, con sobrada razón, que los panameños no nos caracterizamos precisamente por llevar unos estilos de vida saludables, como lo demuestran las cifras de enfermos y fallecidos cada año por enfermedades no transmisibles, accidentes de auto, violencia, etc.; la mayoría de los cuales pudieron prevenirse con hábitos de vida generadores de salud. ¿Cómo entonces vamos a cuidarnos ahora de este mortal enemigo?

La respuesta es sencilla: nos vamos a cuidar porque ya aprendimos a hacerlo durante estos tres meses de confinamiento, y es más fácil lavarse las manos, mantener el distanciamiento y ponerse una mascarilla; que dejar de fumar, dejar de comer comida chatarra, dejar de beber licor en exceso, que son los factores de riesgo de las enfermedades arriba señaladas. Además, sabemos que este feroz enemigo es capaz de eliminarnos en corto tiempo, y no en años. Por eso, no importa la edad que tengamos, le tenemos mucho miedo, y nos vamos a cuidar. Y, también sabemos que si no somos capaces de cuidarnos y hay que volver a encerrarnos, la situación será peor.

Pero... ¿seremos capaces de mantener esos cuidados personales y comunitarios por muchos meses?, pues el virus llegó para quedarse, estará circulando entre nosotros por lo menos por dos años más, o para siempre, porque no es posible alcanzar un estado en el cual el cien por ciento de la población sea inmune a un patógeno, haya o no haya vacuna. Esa es una pregunta difícil de contestar, y la iremos contestando en el día a día de la desescalada. También requiere de un enorme voto de confianza en nosotros mismos, todos los días, cuando salgamos de nuestras casas.

La otra cara de la moneda para garantizar esos cuidados necesarios por parte de la población será la acción del Gobierno y de las empresas privadas. En ese sentido, así como esperamos que confíen en nosotros, los panameños también confiamos en que sea rápida y efectiva la masificación de pruebas de laboratorio para detectar oportunamente los casos nuevos, rastrear a sus contactos y evitar un resurgimiento de la enfermedad. Esperamos que el sistema de servicios de salud mantenga su excelente capacidad de resolución para atender de forma oportuna y con calidad a las personas que lo requieren. Exigimos que las empresas privadas cumplan cabalmente con las medidas de bioseguridad que el Minsa establezca, y que el Minsa, por su parte, regule, controle y fiscalice ese cumplimiento.

Pero, como ya he señalado antes, lo que más contribuirá a garantizar nuestra confianza en el Gobierno y en el futuro será la comunicación permanente, de forma veraz, sistemática y transparente a los ciudadanos, tanto sobre la situación de salud, como de la económica, así como sobre acciones, plazos y resultados esperados. Cuanto más veraces sean los mensajes, más confiaremos en nuestro Gobierno, y más comprometidos nos sentiremos para cumplir con nuestra parte del trato.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).