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10 de Jul de 2020

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Rafael Carles

Columnistas

La lucha continúa

Nuestro sistema alimentario -cómo producimos, procesamos, distribuimos y consumimos alimentos- está mal. Sabemos esto porque aproximadamente mil millones de personas en el mundo pasan hambre todos los días por falta de un suministro confiable de alimentos, mientras que dos mil millones tienen sobrepeso y un mayor riesgo de enfermedades crónicas.

Nuestro sistema alimentario -cómo producimos, procesamos, distribuimos y consumimos alimentos- está mal. Sabemos esto porque aproximadamente mil millones de personas en el mundo pasan hambre todos los días por falta de un suministro confiable de alimentos, mientras que dos mil millones tienen sobrepeso y un mayor riesgo de enfermedades crónicas. Y todos estamos afectados por las consecuencias del calentamiento atmosférico, debido, en parte, a los gases de efecto invernadero liberados por la producción industrial de alimentos para animales.

Es cierto que muchos factores han contribuido a la ruptura de nuestro sistema alimentario, pero uno en particular se destaca como una causa: las grandes corporaciones que producen nuestros alimentos ponen las ganancias por delante de la salud pública. No tienen otra opción; ese es el fundamento del libre mercado y el capitalismo les exige esta prioridad.

Sí, las corporaciones de alimentos fabrican y venden productos que nos encanta comer, pero no son agencias de servicios sociales. Son negocios que tienen responsabilidades fiduciarias primarias con sus accionistas, tienen deberes patrimoniales con sus propietarios y siempre los resultados financieros estarán por encima de la salud de sus clientes.

Si queremos revertir esta prioridad, como sociedad, tenemos que organizarnos, movilizarnos y actuar. En lo personal, hemos sido muy activos en este sentido y a través de esta columna y otras acciones de responsabilidad ciudadana, hemos explicado el cómo y por qué.

Nuestra filosofía de promover la salud a través del consumo de alimentos saludables es un manifiesto de vida. Hemos llamado a la acción para que desde las instancias de poder se revierta el daño causado por la corporatización de nuestro sistema alimentario. Nuestra filosofía tiene una visión estratégica para interrumpir el daño a través del consumo de alimentos saludables y sostenibles. Es un estilo de vida para empoderarnos y resistir el poder corporativo y rescatar colectivamente el derecho de tomar nuestras propias decisiones sobre qué comer y cómo crear un sistema alimentario que mejor prevenga el hambre, mejor promueva la salud y mejor revierta el cambio climático.

La clave aquí es entender que ya no solo basta producir alimentos, sino que sean nutritivos y saludables. Y ese debería ser el pilar sobre el cual descansan las cadenas de suministro, para que haya semillas naturales, pesticidas bioseguros, energía sostenible, salud integral, educación rural, trabajo digno, comercio responsable, etiquetado veraz y normas de calidad. Como sociedad debemos revisar para que el propósito de producir y fabricar alimentos no sea otro más que nutrir y aportar ingredientes esenciales para promover salud y sostener la vida de la población. Porque en el momento que las corporaciones deciden centrar sus objetivos en las ganancias, entonces comienza la manipulación del mercado, el abuso a trabajadores, el debilitamiento a pequeños agricultores, la contaminación del medio ambiente, el desarrollo de comida “basura” y la afectación de la salud a las personas.

Pero nuestra gestión abarca mucho más que seguridad nutricional alimentaria. Somos además promotores de la democracia en el agro y, como tal, queremos que se restituya la importancia de la economía rural. Con los años hemos visto la forma en que el trabajo de individuos o grupos que se han resistido al poder corporativo, han sido prácticamente eliminados por diferentes tretas corporativas y abusos de mercado. Sabemos que la única forma de contrarrestar este fenómeno es a través de la organización comunitaria, la defensa de bases y el liderazgo de abajo hacia arriba. Solo así se podrán detener o revertir algunos de los daños más atroces cometidos al agro.

El movimiento de alimentos saludables ha sido criticado por su enfoque pragmático y alabado por no obtener un poder político a través del tráfico de influencias y el chantaje. Nuestra propuesta presenta voces de aliento, todas apasionadas por sus propias causas. De allí que los defensores de la alimentación saludable estamos siempre vigilantes para mantener los logros que hemos ganado y porque el trabajo pendiente es enorme.

Debemos tomar medidas urgentes y seguir luchando. Nuestras herramientas son básicas como la de cualquier otra organización: establecer objetivos, crear consensos, identificar a personas que pueden hacer los cambios deseados, desarrollar estrategias y obtener poder real a través de la razón y la ciencia.

Juntos, como país, podemos conseguir el sistema alimentario que todos anhelamos, por nuestra salud y la del planeta. Ojalá la realidad actual sirva de inspiración para que más personas se unan al movimiento de alimentos saludables y como resultado tengamos un sistema alimentario y un mundo mejor para todos.

Empresario, consultor en nutrición y asesor de salud pública.