Temas Especiales

20 de Oct de 2020

Ismael Cala

Columnistas

Si el mundo no puede respirar, ¡seamos oxígeno!

En medio de una pandemia mundial, el odio, la intolerancia y el racismo quedan retratados ante nuestros ojos como un virus latente. .

En medio de una pandemia mundial, el odio, la intolerancia y el racismo quedan retratados ante nuestros ojos como un virus latente.

“No puedo respirar” es una frase que hemos escuchado muchas veces este año, desde el inicio de la crisis del Covid-19. ¿Seremos capaces de entender el mensaje?

Un estudio de la Universidad Rutgers, de Nueva Jersey, asegura que en Estados Unidos las posibilidades de que un ciudadano negro muera a manos de la policía son 2,5 superiores a las que tienen los ciudadanos blancos. ¿Por qué?

La ignorancia es un arma que arrastra vidas y las ahoga contra el piso hasta dejarlas sin aliento. La discriminación es un acto de rechazo al propio ser. La vergüenza u odio que sentimos por el otro, no es más que el espejo de la propia vida interna.

Este tiempo nos obliga a entender la importancia y el valor de respirar. Respirar para amar, perdonar, entender, tolerar y descubrir quiénes somos.

¡El virus que nos quita el aliento es invisible! Puede estar en todas partes: en las manos, en los asientos, en los lugares públicos, pero también en policías o en manifestantes violentos.

Las protestas se producen sin cesar en todo Estados Unidos. Mi admirada Oprah Winfrey resume el sentimiento del país de la mejor manera posible: “George Floyd, hablamos sobre tu nombre. Pero esta vez no dejaremos que tu nombre sea solo un hashtag. ¡Tu alma se levantará por el llanto de todos los que pedimos justicia en tu nombre!”.

Respira y deja respirar al otro. La muerte, el virus, el odio, la guerra y la enfermedad son invisibles, pero hagámonos invencibles desde el amor. ¡Que el movimiento para sanar comience en nosotros mismos!

Y dejar respirar al otro también significa respetar las normas de convivencia. Sin leyes, volvemos a la selva. Hay que condenar a los saboteadores que se infiltran en las manifestaciones pacíficas para provocar el caos. Violencia engendra más violencia.

“Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, dijo el maestro de la paz Mahatma Gandhi. Por ello, el grito de justicia debe ser pacífico y amoroso. Solo el amor puede cambiar al ser humano.