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29 de Oct de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

¿Cuál será el procurador ideal?

"Panamá está urgido de un procurador que diga a gobernantes y gobernados: en el Ministerio Público se investigará a todos por igual"

El día anterior de la primera audiencia que atendí como embajador de Panamá en la OEA en la CIDH, el 23 de marzo de 2010, recibí una curiosa llamada. Era el procurador encargado, Giuseppe Bonissi. Conocido mío de algún programa de radio, cuando anunciaron su nombramiento pensé que era una broma, ya que el jovial colega no tenía ejecutoria ni mérito alguno para llegar a ese cargo. Bonissi me llamaba para advertirme que me enviaría las preguntas que el Panama América le había pedido al reportero de la agencia EFE en Washington que hicieran en la sesión que versaría sobre el estado de la justicia en Panamá, siendo los denunciantes los colegas abogados Magaly Castillo y Miguel Antonio Bernal. Sorprendido, pregunté que de dónde había sacado esa información, respondiéndome que de la Presidencia le habían enviado copia del correo que el director de ese diario, Guido Rodríguez, había cursado a la gente de EFE. Al darme cuenta de qué se trataba, le dije a Bonissi que ello era ilegal, ya que interceptaban comunicaciones privadas. Nunca me envió nada, pero inmediatamente llamé a Panamá a Rodríguez para advertirle que le estaban hackeando su computadora. (Este hecho aparece detallado en mi libro Imprudencias de un diplomático inconveniente, publicado en 2014, y fue narrado por Guido durante la audiencia de los pinchazos). Ese era el procurador ideal que requería Martinelli para ocupar el cargo, luego de que la Corte Suprema de Justicia había cesado en su cargo a la procuradora Ana Matilde Gómez, designada por Martín Torrijos, también sin tener las ejecutorias y méritos para ostentar tal posición. Gómez, exalumna mía, era la procuradora ideal de los gobernantes de ese momento, sobre todo de los intereses económicos que llevaron a Torrijos al poder.

Después del descubrimiento de los VarelaLeaks, la procuradora Kenia Porcell se vio obligada a renunciar por todos los detalles allí aparecidos de la inusual relación que mantenía con el presidente Varela y que desdecían mucho de su imparcialidad y objetividad en el manejo de las delicadas investigaciones que su despacho hacía. Se convirtió en la procuradora ideal de Varela. La que decidió no investigar a Jaime Lasso ni al tesorero de su partido, Carlos Duboy, por las contribuciones recibidas por Odebrecht. La que, seguro, a petición de Varela, impidió darle curso a la denuncia que presenté y que ella inicialmente ordenó hacer, sobre las irregularidades de la concesión del puerto de Rodman de PSA. En los VarelaLeaks se comprobó cómo el presidente servía como peón de los intereses comerciales de Guillermo Liberman, el representante de PSA. Por eso, el fiscal encargado de atender ese caso, Aurelio Vásquez, no hizo nada para impulsar esa denuncia. Las órdenes superiores no se cuestionaban. Ahora Vásquez, al igual que la que no quiso investigar a Varela y sus amigos, Zuleyka Moore, fue trasladado a otro cargo. Mensaje del nuevo procurador Eduardo Ulloa, advirtiendo lo que probablemente sea su interés de no convertirse en el procurador ideal de nadie. Fue Ulloa el que indagó a Jaime Lasso y quien, con sus reveladoras respuestas, lleva al banquillo ahora a varios dirigentes panameñistas, alegremente exonerados en los tiempos de Porcell.

Ahora se pelean para ver quién convierte a Ulloa en su procurador ideal. Los abogados de Martinelli solo quieren que se investigue a Varela. Sus detractores quieren que también se investiguen y sancionen los casos del periodo de Martinelli para que no queden en la impunidad todas las fechorías que se cometieron en esos cinco años. También, y ahora con más razón, otros pretenderán que se le eche concreto premezclado a las investigaciones del Gobierno de Martín Torrijos, cuya coima ya fue precisada por la fiscal Moore, para que no se toque a nadie vinculado con el PRD, así como no se investiguen los posibles casos de corrupción del actual Gobierno.

En el medio de esta lucha que se expresa a través de los intereses que dominan los medios, está el trabajo del exfiscal Eduardo Ulloa, nombrado por Cortizo y que entró en funciones hace escasamente cinco meses, cuyo trabajo se vio interrumpido por el coronavirus, por lo que, a mi juicio, es una razón comprensible para no hacer más de lo que ya ha hecho, aunque hizo diversas indagatorias a Jaime Lasso, causantes de todo lo que se le viene a Varela encima.

Hombre pausado, sin pretensiones de grandeza, propio de lo campechano de los interioranos, Ulloa se enfrenta a una sociedad que cada vez cree menos en las instituciones, por no particularizar únicamente en la justicia. Harta del trato diferente que reciben los delincuentes comunes de los de cuello blanco, le corresponderá, con la parsimonia que pareciera caracterizarlo, darle una lección al país. Panamá está urgido de un procurador que diga a gobernantes y gobernados: en el Ministerio Público se investigará a todos por igual. Que la categoría de delincuente no será determinada más nunca por el grado de poder que tenga el corrupto, los millones depositados en tus cuentas, o la cantidad de abogados que lo defiendan. Eso es lo que el país exige. ¿Podremos esperar eso de Eduardo Ulloa? El tiempo lo dirá.

Abogado y político.