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05 de Mar de 2021

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Eduardo Antonio Quirós B.

Columnistas

Participación sintomática

“El ciudadano apático es como el paciente asintomático [...], portador del virus y ente contagioso, pero ni él ni quien está cerca lo sabe. El país, la comunidad y nuestras familias nos necesitan interesados y participativos [...]”

Arqueólogos ingleses, a finales del siglo XIX, descubrieron una piedra no muy grande en la que se observa tallada la imagen de un rey egipcio con algunos súbditos a su alrededor, las pruebas realizadas indican que podría ser del año 3100 antes de Cristo.

De aquellos días a hoy, la forma en que se gobiernan las sociedades ha evolucionado muchísimo, con un cambio fundamental que se ha desarrollado en los últimos 300 años: la apertura a la participación ciudadana en el ejercicio del poder, pasando en la mayoría de los casos de autocracias a regímenes de mayor intervención de los asociados.

Esa participación se sostiene sobre la premisa de que “el poder público solo emana del pueblo”. El salto ha sido tan radical que las mediciones internacionales sobre el estado de participación de los nacionales en las decisiones de su país ya no se reducen a la elección de sus representantes, plebiscitos u otras consultas populares, sino a factores más detallados, como el pleno Estado de derecho, el respeto al derecho de acceso a la información, la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, la facilidad de interactuar con el Estado y el interés de parte de las instituciones y los gobernantes en escuchar y tomar en cuenta a la población.

El proceso se explica rápido, pero ha sido largo y sacrificado, constatándose que las transformaciones han surgido de abajo hacia arriba.

Hoy, con pandemia y grandes retos por delante, la participación ciudadana adquiere mayor importancia. Es más, no temería en decir que sin ella sería imposible remontar esta catástrofe. La satisfacción real de las necesidades de los ciudadanos, como factor primordial de las políticas públicas, solo puede ser efectiva con la participación de los propios afectados.

En la legislación panameña existen disposiciones sobre participación ciudadana, la Ley de Descentralización, la norma que creó la Autoridad de Turismo, la Ley del Consejo de la Concertación y algunas otras.

No cabe duda de que es el momento de activar toda instancia de participación, revisar la efectividad de las existentes y generar las que requieran las nuevas realidades.

Ahora bien, esto implica una ciudadanía activada también.

El ciudadano apático es como el paciente asintomático (del cual en los últimos meses hemos aprendido mucho), portador del virus y ente contagioso, pero ni él ni quien está cerca lo sabe. El país, la comunidad y nuestras familias nos necesitan interesados y participativos en lo que nos afecta a todos.

No hay nada más fácil de transmitir que la dejadez en el ejercicio de la ciudadanía. “Si el otro no hace, yo tampoco”. “Que el Gobierno resuelva”. “Que el que tiene más aporte” o, simplemente, “yo no me voy a meter”. Esta pandemia es como el germen del autoritarismo, nadie queda sin ser afectado.

La generación de instrumentos, mecanismos o plataformas de intercambio de ideas, diálogo, negociación y construcción de consensos puede producir soluciones impensadas y eficaces, como resultado de una realidad apremiante.

El “e-government”, en el que los ciudadanos ven cómo se hacen más eficientes los servicios públicos, debe aprovechar el salto tecnológico dado en estos últimos tres meses, para anticipar la posibilidad de poner en funcionamiento un Gobierno abierto más participativo, que vaya desde la etapa de diagnóstico y análisis de los problemas hasta los procesos de contrataciones públicas, pasando por presupuestos participativos y supervisión en la ejecución.

Este desafío que debe ser exigido por los ciudadanos, tiene una contrapartida: el que la población asuma el deber de estar más y mejor formada e informada para poder ejercer con efectividad su ciudadanía y su poder.

Todo ese ímpetu que dejan ver -fácil y, a veces, agobiantemente- las redes sociales tendría el impacto transformador que las circunstancias pandémicas exigen, si, con las herramientas adecuadas y la necesaria formación, la ciudadanía decidiera encausar, por la ruta de la participación efectiva, su deseo de construir una sociedad fortalecida en lo democrático y mejor en lo humano, después de este virus que nos atacó sorpresivamente.

Abogado y presidente del Grupo Editorial El Siglo - La Estrella de Panamá, GESE.