Temas Especiales

27 de Sep de 2020

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Eduardo Antonio Quirós B.

Columnistas

De lo factible a lo ideal

“De esa búsqueda de nuestra propia esencia brotarán muchas respuestas, que no están ni pueden estar en los manuales que nadie ha escrito sobre un desastre de dimensiones impensadas”

La vorágine noticiosa sobre el tema de cuándo estará disponible la vacuna que inyectada en nuestros cuerpos produzca una respuesta de defensa a la COVID-19, a veces, pareciera concentrarse en qué país la obtendrá primero.

Encuentro intrínsecamente en esa competencia uno de los males que la humanidad sigue profundizando, incluso, en medio de esta gran tragedia global.

Antes que trabajar unidos, va cada uno por su lado y a su suerte.

No creo que hasta el momento se pueda presentar la gestión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un ejemplo de trabajo en común. Varios países, antes de participar constructivamente en una instancia en donde deben compartir todos, han pateado la mesa y se han ido. Que todas sus decisiones han sido acertadas, seguramente que no. Pero qué mejor instancia que aquella donde se pueda abordar el tema de manera colaborativa.

Antes de entender que “a grandes males, grandes remedios” siguen los países y sus Gobiernos trabajando aisladamente, cuando lo que se requiere es un solo empeño coordinado con intercambio fluido de experiencias e información, cuyos resultados sean para el bienestar general.

En órbita alrededor de la Tierra opera una Estación Espacial Internacional (ISS) para la investigación, administrada por una cooperación internacional. ¿No amerita el coronavirus un laboratorio internacional gestionado por los países y empresas más avanzadas en temas de medicamentos?

Teniendo claro que el resultado de una investigación que alcance la anhelada vacuna o el deseado tratamiento es un patrimonio de la humanidad, al que todos los países deben aportar y, también, recibir los beneficios.

Extrapolando a lo local y teniendo presente la complejidad y multidimensionalidad de la crisis que enfrentamos, salta a la vista la necesidad de generar interacciones de todos los sectores a la hora de preparar planes de acción; porque, entre otras cosas, se requerirá de todos a la hora de ponerlos en ejecución.

Siempre es difícil acoger algo de lo que no se ha sido parte.

Tenemos una oportunidad de intentar cambiar a Panamá y a nosotros mismos (antes).

El Panamá poscoronavirus plantea dos vertientes principales; una, dedicar tiempo a reflexionar cómo será el futuro. En otras palabras, pensando a profundidad, reconocer los cambios que se están dando y no se revertirán y anticipar los cambios que vendrán producto de lo que estamos viviendo.

Por otro lado, comprender que no se requiere esperar a que acabe la cuarentena, que se aplane la curva de contagios o se descubra la vacuna; las acciones para transformar nuestra vida personal, familiar, la forma en que desempeñamos nuestra profesión o se rigen los negocios, nuestro rol en la comunidad pueden comenzar ya.

Filósofos de renombre no son optimistas sobre que esta tragedia traerá cambios para mejor, incluso en sociedades donde se ha vivido más dramáticamente la huella del virus. Sin embargo, soy de la opinión de que las transformaciones que vendrán, sobre todo por el impacto social de la pandemia, sí nos harán repensar algunos aspectos importantes.

Una clave fundamental para tener en cuenta será saber alternar entre el pragmatismo y lo ideal, en todos los ámbitos.

Muchas decisiones deben tomarse considerando sus efectos prácticos y funcionales, solamente. Posteriormente, vendrán otras etapas en que se podrá evaluar lo preferible o ambicioso de lo factible.

Distinguir entre esas opciones, surgirá de nuestro propio reconocimiento.

Acertadamente, lo planteaba Diego Domínguez Caballero -una de las mentes panameñas más preclaras del siglo XX e inicios del XXI-, para otras circunstancias, pero perfectamente aplicable para las presentes: “es necesario una investigación de lo panameño... comprendernos y, desde esa comprensión, emprender el camino de nuestro mejoramiento”.

Este periodo en el que estamos inmersos, en que no terminamos de salir de las limitaciones que impone la pandemia y, al mismo tiempo, tenemos que seguir adelante, puede ser más largo de lo esperado. Aprovechémoslo para conocernos más como sociedad y como personas.

De esa búsqueda de nuestra propia esencia brotarán muchas respuestas, que no están ni pueden estar en los manuales que nadie ha escrito sobre un desastre de dimensiones impensadas.

Abogado, presidente del Grupo Editorial El Siglo - La Estrella de Panamá, GESE.