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18 de Sep de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta Portocarrero

Columnistas

La culpa no es de las redes sociales, es que la sociedad no es boba

Tanto el Gobierno como el mismo representante de la Iglesia católica en Panamá han demostrado enojos por señalamientos en las redes sociales.

Tanto el Gobierno como el mismo representante de la Iglesia católica en Panamá han demostrado enojos por señalamientos en las redes sociales. Hay que respetar, claro. Los ataques anónimos no encajan. Sin embargo, la sociedad no es boba y siento que la mayoría la preferimos con capacidad de criticar y de poseer, incluso, una autocrítica reflexiva. No estamos en Bielorrusia, Rusia ni Cuba.

Estoy segurísimo de que los enojados en el poder, hoy por hoy, no se han dado cuenta de que tenemos que adaptarnos al hiperconectado universo de las opiniones en general, porque las que salen en los medios de comunicación pagados con plata de nuestros impuestos, a veces, son más ofensivas e irrespetuosas que las vulgaridades muchas veces creíbles de los “tuiterazos”.

No estoy de acuerdo con los anónimos, pero cuando el ciudadano, equivocado o no, opina, aunque sea insultando, es por alguna causa y pueda que una de ellas sea la impotencia que se siente contra los poderes y abusos de ciertos representantes, alcaldes, diputados y miembros del Ejecutivo. Ahora se sabe que existen mecanismos en nuestra justicia para encarcelar por las falsas noticias, a estafadores y demás; pero señores mandatarios, la culpa no es del celular, así como tampoco el maestro es tan bueno cuando fracasa el 90 % de los estudiantes.

Las redes sociales han logrado el trasladado de las opiniones en peligro de no aparecer en ningún ámbito, cosa que no abonaría los pensamientos de los ciudadanos tal como se está nutriendo la opinión pública.

No se equivoquen los que representan al Estado y menos nuestros guías espirituales; sobre todo porque los periodistas de muchos medios nos alertan aparte de los medios en donde trabajan y eso sí que es una garantía invaluable para el país.

Si las redes sociales no formaran un californiano incendio imaginario por el afán actual con que ha amanecido el Gobierno de gastar 100 millones en vehículos nuevos para los funcionarios, ¿en qué quedarían las medidas de austeridad que se proclamaron con pitos y flautas al comienzo de la actual administración? Peor aún, ¿dónde meterán los miles de carros que los Gobiernos canibalizan cada cinco años, porque, según ellos, ya no sirven? (¡Mi chiva Frontier tiene 20 años y todavía sube y baja las montañas de Marta, Barrigón y el Guacamaya y las muchachas me dicen “¡qué lindo lo mantiene!”!).

¿Hasta cuándo vehículos nuevos para funcionarios viles, cobardes y serviles que nos acometen con sueldos astronómicos, viáticos, dietas, estipendios y con la licencia para salir borrachos y decirles a los policías: “¿Tú no sabes quién soy yo?”?

Las redes sociales no tienen la culpa y son parte importante de la libertad de expresión.

Economista, escritor.