Temas Especiales

01 de Dec de 2020

Giancarlo Roach Rivas

Columnistas

Solo existe un Panamá

¿Existiría el sector logístico sin el “Panamá de la clase media”? ¿Existirían la construcción, los restaurantes y los comercios sin el “Panamá de los barrios”? Algunas personas suelen apelar a sus experiencias familiares o personales para posicionarse en el debate público.

¿Existiría el sector logístico sin el “Panamá de la clase media”? ¿Existirían la construcción, los restaurantes y los comercios sin el “Panamá de los barrios”? Algunas personas suelen apelar a sus experiencias familiares o personales para posicionarse en el debate público. Sin embargo, como diría el autor Charles Wright, con un poco de “imaginación sociológica” es posible reconocer que los problemas personales suelen tener raíces sociales que trascienden lo individual. Por tanto, no debemos confundir nuestra biografía con la historia de la sociedad.

Esta idea es central para la construcción de un proyecto de país donde participen las mayorías sociales excluidas de los procesos de política pública.

Si bien en nuestro país no contamos con estudios sobre la movilidad social -es decir, la asociación entre el estatus socioeconómico de origen y el alcanzado en la vida adulta-, la persistencia de las desigualdades sugiere que el crecimiento económico ha contribuido poco a la fluidez de nuestra estructura social.

Mientras que, para pocos, ir a la escuela significa asistir a un colegio privado donde el capital social y cultural adquirido será útil para conseguir un buen trabajo; para muchos, significa ir a otro colegio privado con la ilusión de que será mejor que cualquier colegio público. La meritocracia, esto es, la convicción de que el esfuerzo individual determina nuestro nivel de bienestar, se desmorona en países como el nuestro, que cuentan con altos niveles de desigualdad.

La probabilidad de superar el logro educativo de nuestros padres, de acceder a trabajos de calidad, de participar en la política, de llevar una vida saludable o incluso de pensar con optimismo sobre el futuro, suele estar determinada por nuestro estatus socioeconómico de origen. En efecto, lo que en nuestra biografía es un logro individual, para el resto de la sociedad es el resultado de haber contado con mejores oportunidades.

La construcción de nuestro proyecto de país requiere entender el origen de las desigualdades que nos aquejan, debido a las consecuencias nefastas que tienen para la democracia. Ese proyecto de país debe empezar por reconocer que solo existe un Panamá, en cuyo territorio se desarrolla una economía que privilegia el bienestar de una parte de la sociedad sobre el resto.

Es hora de construir un futuro optimista para todos, en el que la provincia donde nacemos, el color de nuestra piel o nuestro apellido no contribuyan a reproducir las desigualdades de origen hacia las siguientes generaciones.

(*) El autor es economista (Universidad de Panamá) y especialista en políticas públicas y administración (Carnegie Mellon University). Adicionalmente, estudios en Banca y Finanzas (UIP) y en Docencia Superior (UDI).