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09 de May de 2021

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

¿Preocupación solo por la izquierda?

Días atrás aludían a la mutación sufrida por el Foro de Sao Paulo por el Grupo de Puebla. Entre sus integrantes, se incluía a Ernesto Samper.

Días atrás aludían a la mutación sufrida por el Foro de Sao Paulo por el Grupo de Puebla. Entre sus integrantes, se incluía a Ernesto Samper. ¿Izquierdista Samper? Fue electo presidente por el apoyo del narco, comprobado en el proceso judicial 8000 donde, en la contabilidad del Cartel de Cali, aparecieron las enormes contribuciones a su campaña que lo hicieron ganar. Se volvió de la “izquierda bolivariana” al ser secretario general de la Unasur, convirtiéndose en vocero regional de Chávez y Maduro. Calculo que ese trabajo no fue gratis y por eso pudo seguir “viviendo”. Trabajo parecido probablemente hicieron Martín Torrijos, Rodríguez Zapatero y Leonel Fernández.

Este detalle me hace pensar los errores que cometemos cuando alegremente afirmamos que el problema del continente está en el giro a la izquierda de su clase política. Hasta el punto de que trasladamos hasta los Estados Unidos esas exageraciones, catalogando a Biden como quien llevará al capitalista país hacia el socialismo. Aquí no se debe hablar ni de derecha ni de izquierda, sino de ladrones y traidores. De sinceros e hipócritas. En la izquierda ha habido buenos Gobiernos, caso Chile y Uruguay, como malos ha habido de derecha, caso reiterado de Panamá.

El llamado izquierdismo ha llevado al poder a Lula da Silva en Brasil, a Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, a Chávez en Venezuela, a Rafael Correa en Ecuador, a los Ortega en Nicaragua, a Evo Morales en Bolivia ¿Cuáles han sido los signos distintivos donde han gobernado? Acomodar las leyes (y constituciones) para perpetuarse en el poder. Ahora se dice que en el último triunfo de Evo no hubo fraude, pero ¿no habrá sido fraude el haber perdido un referéndum para impedir su reelección, ignorándolo mediante una sentencia de una politizada Corte Suprema, al igual que Ortega logró cuando se le prohibía reelegirse?

Al igual que Chávez, acceden al poder utilizando las reglas democráticas que después ignoran para perpetuarse. Agitan la igualdad social y con ello crean una nueva clase: la de los nuevos ricos. Roban a mansalva los recursos públicos y crean una nueva casta. Hablan de reformas sociales, pero con ello desarticulan la economía de sus países creando mayor desigualdad, como ocurre en Venezuela y Nicaragua, donde los negocios de la familia Ortega controlan la economía de su país y los Chávez y Maduro terminaron millonarios. Con Lula proliferó la corrupción de Petrobras, a lo interno, y Odebrecht, afuera, salpicando a muchos de nuestros países. Los escándalos de Correa con China han dejado quebrado a Ecuador. Cristina hasta maletines repletos de dólares recibió de Chávez.

Se llenan la boca de soberanía y ser independientes de los Estados Unidos, pero subordinan sus países a Cuba, Irán, Rusia y China, como lastimosamente ha pasado en Venezuela, donde se da la mayor intervención foránea de Latinoamérica. Hablan de liberarse de las alienantes garras del capitalismo, pero destruyen su aparato productivo creando una clase pobre más paupérrima y una nueva clase de ricos, gracias a lo que se apropian. Para dominar a sus pueblos limitan las libertades e irrespetan los derechos humanos. Hasta se asocian a los cárteles de la droga.

Los problemas de América Latina no radican en el signo de sus gobernantes. Es una cuestión de ser honrados o no; de ejercer su mandato transparentemente y sin esconder nada. De gobernar para todos y no solo para su partido. De mantener los canales de diálogos siempre abiertos a la población. De no politizar la Fuerza Pública. El considerar los recursos públicos como sagrados, jamás confundiéndolos con los privados. El promover Gobiernos con los mejores, acabando con las prácticas populistas y de nepotismo que tanto nos destruyen. El combatir evasión de impuestos sin importar quien caiga. Esto se puede lograr, inclusive con un Gobierno de izquierda, como Uruguay con Tabaré y Mujica, o con uno de derecha, como Fernando Henrique Cardozo en Brasil.

América Latina necesita, y más en épocas difíciles como las que vivimos, de gobernantes serios y honestos. Que promuevan el mayor bienestar para sus pueblos, buscando las formas para disminuir la inequidad y las injusticias sociales. Donde la educación y la salud se conviertan en vanguardia de los urgentes cambios a afrontar. Que la justicia tenga el lugar que corresponde como forma de brindar seguridad jurídica a sus ciudadanos, promoviendo las inversiones extranjeras que tanto se necesitan.

Es posible lograrlo. Solo nos falta voluntad política, la cual pareciera no abundar en estos días que de tanto cambio nuestras sociedades requieren. ¿Es la izquierda el problema o más bien los gobernantes corruptos?

Abogado y político.