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08 de May de 2021

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Dictadura digital

“La info y biotecnología propician dictaduras digitales, la cuales remodelan e imponen el modo de vivir. La revolución biotecnológica nos lleva a la inteligencia artificial y al impacto de la automatización […]”

Enrique Lowinger, estudiante de Cultura Literaria de la USMA, con residencia en Israel, me obsequia un libro excepcional: 21 lecciones para el siglo XXI, de Yuval Noah Harari. Lamento estar jubilado, pues sería una magnífica referencia, en mis clases en la Universidad Católica Santa María La Antigua.

La obra es inusual, la reseña rompe paradigmas y la comparto, atrevidamente, con mis lectores.

El ideario básico de Harari: La Historia no hace concesiones. La realidad está compuesta de muchas hebras. La sabiduría, como la estupidez humana, fomenta reflexiones. El mundo global ejerce una presión sin precedentes sobre nuestros valores; se accede, ilegalmente, en la vida interior de los individuos y al cerebro humano a través de la opresión institucional.

La info y biotecnología propician dictaduras digitales, la cuales remodelan e imponen el modo de vivir. La revolución biotecnológica nos lleva a la inteligencia artificial y al impacto de la automatización; los ciborgs y algoritmos bioquímicos. Aprenderemos a diseñar cerebros. La época de represión nos obliga a cuestionarnos: ¿quiénes somos?, ¿cuál es el significado de la vida?

Hoy, es más peligroso pensar con actitud crítica en el futuro de nuestra especie. Debemos elegir entre la discusión libre frente a la autocensura, pues está en juego la libertad de información y expresión.

La ética global se enfrenta al reto de aprender a pensar por sí mismo y valorar la igualdad con la libertad. Los niños hambrientos carecen de libertad y derechos. La elite corrupta prolonga el poder al crear crisis periódicas.

“El ideario básico de Harari: La Historia no hace concesiones. La realidad está compuesta de muchas hebras. La sabiduría, como la estupidez humana, fomenta reflexiones”

Los desafíos del Siglo XXI nos obligan a desarrollar nuevos modelos sociales, económicos, políticos y filosóficos ante la revolución educativa y psicológica que valora a los humanos como individuos. El acceso al internet es esencial como parte del bien común y la movilidad social.

La racionalidad procesa datos y detecta las emociones humanas. Hoy, somos minúsculos chips. Los algoritmos carecen de emociones e instintos viscerales, ellos establecen un régimen de vigilancia global al estilo de George Orwell en la novela 1984.

Los piratas informáticos manipulan a los votantes con la base de datos que poseen. Las elecciones en todo el mundo serán controladas y los seres humanos degradados. La propiedad de los datos permitirá conocer los secretos más profundos del ser interior y remodelar la vida orgánica e inorgánica.

Los sensores biométricos harán de La metamorfosis de Kafka y la Filosofía del absurdo de Camus una trágica realidad. La política es un circo emocional, el cual es un peligro para la libertad e igualdad. Somos piezas de una única línea de producción automática. Urge una nueva entidad global ante un universo inédito.

El Siglo XXI propicia las sociedades más desiguales de la historia. Los superricos podrán comprar la vida misma. La casta superior construirá muros y fosos que la separarán de las hordas hambrientas. El mundo será dominado por entidades superinteligentes, pero nunca conscientes. Las religiones van a determinar la política en varios países y la confrontación es más peligrosa. La legitimidad del Estado moderno se basa en la seguridad de mantener la esfera pública libre de la violencia política y delictiva.

El andamiaje nuclear, el ciber o el bioterrorismo son más alarmantes por el poder destructivo. Los principales activos económicos son el conocimiento técnico e institucional, más que los campos petrolíferos. La estulticia es una de las fuerzas negativas más importantes de la historia.

La guerra nuclear es una amenaza existencial; el colapso ecológico puede desencadenar catástrofes apocalípticas. El hábitat se degrada, los ecosistemas desaparecen, el deshielo polar es un peligro latente, nos acercamos a puntos de inflexión.

La moral, el arte, la espiritualidad y la creatividad son capacidades humanas universales incrustadas en nuestro ADN.

El laicismo proporciona una visión del mundo positiva y activa. Los laicos tienen una brújula moral ajena al fervor religioso. La verdad se basa en la observación y la evidencia. La libertad es el sustento ontológico de los laicos, se reclama el derecho a dudar. El pensamiento liberal desarrolla una confianza inmensa en el individuo racional, enseña a pensar por sí mismo. Lo esencial es pensar sin ataduras ideológicas o religiosas. La mayor parte de las ideas está modelada por el pensamiento grupal y no por la racionalidad individual. El saber es revolucionario.

La mente es un objeto formado por la historia y la biología, nunca está libre de manipulación. Los políticos y empresarios, con su propaganda engañosa, nos hacen víctimas del arte del engaño.

El cambio es la única constante. Nada perdura. El cuerpo, el cerebro y la mente cambian a cada momento. La conciencia es el mayor misterio del universo. La humanidad se enfrenta a revoluciones sin precedentes; lo prioritario es aprender cosas nuevas y romper los paradigmas. Marx y Engels así lo comprenden al afirmar que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, incluyendo su ideología.

Las migraciones al ciberespacio son inevitables. La identidad dependerá de los implantes informáticos, el reinventarnos es una constante. La flexibilidad mental y el equilibrio emocional son esenciales ante la velocidad creciente del cambio real y el “hackeo” al ser interior. Cada generación necesita una respuesta nueva. ¿Cuál es el sentido de la vida ante un cataclismo personal y social?

El libro se organiza en cinco capítulos. La objetividad del autor es relevante.

Referencia bibliográfica: Harari, Yuval Noah. 21 lecciones para el Siglo XXI / Barcelona: Penguin Randon House, 2018. 399 p.

Historiador, docente, escritor.