• 13/01/2026 00:00

2026, el futuro de Panamá está en nuestras manos

Ha iniciado el año 2026, y no será un año cualquiera. Será un tiempo importante en el que, como país, decidiremos si continuamos arrastrando las cargas del pasado o si, con valentía y responsabilidad, comenzaremos a construir el futuro que verdaderamente merecemos.

La esperanza no puede entenderse como ingenuidad; debe construirse sobre decisiones responsables, liderazgo comprometido y un firme apego a la verdad. En este contexto, el gobierno tiene la responsabilidad de actuar con transparencia, de comunicarse con la ciudadanía de manera clara y oportuna, y de asumir que las decisiones que se adopten hoy serán determinantes para el futuro de la nación.

Durante años, Panamá ha sido víctima de la corrupción. No se trata de percepciones, se trata de recursos mal utilizados, de oportunidades perdidas y de una profunda herida en la confianza ciudadana. Este 2026 debe marcar el momento en que el país diga con claridad que la impunidad no es una opción. Un sistema de justicia fuerte, independiente y eficiente no es un lujo institucional; es una necesidad y la base que iniciará la construcción de la credibilidad en el sistema de justicia. Quien haya traicionado al país debe responder ante la ley, sin privilegios y sin excepciones.

El pueblo panameño espera que quienes se han enriquecido indebidamente con los recursos públicos enfrenten las consecuencias. Este es un sentimiento legítimo de justicia que no solo permanece, sino que se fortalece cada día, y que demanda resultados concretos en el corto plazo.

El año 2026 debe marcar el inicio de una etapa en la que el desarrollo deje de ser una promesa recurrente y se transforme en una realidad social tangible. Para lograrlo, es indispensable un Estado que facilite la inversión, garantice reglas claras y estables, y genere las condiciones necesarias para que la actividad productiva se consolide como una verdadera aliada del bienestar social y del progreso colectivo.

Nada de esto puede lograrse de manera aislada. El país no avanza por la voluntad de una sola persona ni por el esfuerzo de un solo órgano del Estado. Avanza cuando los ciudadanos y quienes fueron electos para gobernar entienden que compartimos una misma responsabilidad histórica. La política debe volver a ser un espacio de servicio, no de confrontación.

El año por venir será un tiempo de decisiones fundamentales para el futuro. Temas como la minería, el proyecto de Río Indio, la generación de empleo, el sistema de salud y la seguridad ciudadana marcarán la agenda nacional y exigirán que el interés de la nación y el valor de lo colectivo prevalezcan ante los intereses individuales.

Panamá tiene todo para salir adelante: talento humano, una posición estratégica privilegiada y una población pendiente de oportunidades. Lo que se requiere es decisión, coherencia y un compromiso auténtico con el bien común. Nadie puede hacer más grande nuestro destino que nosotros mismos.

Este 2026 nos espera como la oportunidad de demostrar que hemos aprendido de nuestros errores y que estamos preparados para construir, entre todos, un país más justo, próspero y unido.

El tiempo de las decisiones es ahora...

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