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21 de Jan de 2021

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

¿Dónde estaba el presidente?

“Necesitamos tener la mentalidad de un estadista, no la de un político de ocasión; y, los actuales dirigentes del PRD, que controlan todo en Panamá, carecen de esa mentalidad de estadista”

Muchos se preguntan dónde estaba el presidente, que no le dio al pueblo panameño el tradicional saludo navideño.

El panameño es muy olvidadizo, pero muchos tienen que recordar que hace algunos meses el presidente Cortizo manifestó que se recibiría la vacuna Pfizer antes de que terminara el año 2020. Que todo estaba listo y que nuestro país sería de los primeros en recibirla en toda Latinoamérica. Algo sucedió -que yo no lo sé-, pero esa vacuna no llegó a nuestro país y nadie del Gobierno dio una explicación. Ahora dice el propio presidente que la vacuna estará en Panamá en el primer trimestre, o sea, “90 días”, para usar sus propias palabras. De los primeros seremos de los últimos. Ya hay varios países, entre ellos Costa Rica, que están vacunando a su población.

La capacidad profesional de esos 220 cubanos que llegaron a nuestro país, la determinarán los médicos panameños. Muchos de ellos dirán que, si hay dinero para cancelarle a los médicos cubanos, también, debe haber dinero para pagarles sus salarios atrasados. Este servicio le costó al Estado panameño millón y medio de dólares por su labor de solo tres meses (prorrogables), que tuvo que pagarle al Gobierno cubano para que presten su servicio en nuestro territorio.

Pareciera que el Estado panameño es un barco sin rumbo, en el cual, aparentemente, todo el mundo manda y frecuentemente hacen declaraciones que se contradicen entre ellos y crean gran confusión.

El presidente tiene, indudablemente, muchos problemas. Este es un país pequeño, pero muy difícil de manejar. Sin embargo, el PRD, partido en el cual milita, no coopera, sino más bien le crea muchas dificultades. Su dirección, el presidente y secretario general, son exigentes y ven, con luces muy cortas, los problemas del Gobierno y del país.

Las redes sociales acusan constantemente al ministro de la Presidencia, a quien llaman la “oveja negra”, de tener mucho control sobre los consulados “buenos” en el continente asiático y también de hacer muchas compras directas, sin la transparencia debida, y que son muy ajenas a sus funciones. Sin embargo, ha contado, hasta ahora, con el total respaldo presidencial.

En este país, si no se toman rápidamente medidas que cambien su rumbo, tendremos un futuro muy preocupante.

Los ingresos del Estado siguen bajando constantemente y los gastos suben desproporcionadamente. Se hacen gastos innecesarios, como son el alquiler de automóviles para los funcionarios y el mantenimiento de los semáforos, entre otros. También se han subido, en forma desmedida, los salarios de muchos funcionarios, especialmente de los asesores que tiene el Gobierno.

Hace 10 años logramos obtener para Panamá el “grado de inversión”. Eso facilitó que vinieran al país muchos capitales foráneos que ayudaron a nuestro desarrollo económico. El haber logrado ese “grado de inversión” costó mucho trabajo y la habilidad de varios funcionarios que dedicaron todo su talento y energía a ese propósito. Ese ventajoso “grado de inversión” estamos muy cerca de perderlo, si seguimos como vamos. Nosotros tenemos que mantener ese “grado de inversión” para lograr que vengan nuevos capitales, aunque el momento no es el más apropiado por la pandemia que ha afectado las economías del mundo entero.

En el presente año, es muy importante el que se discutan los cambios constitucionales y las reformas a la CSS; así como que se negocie la altísima deuda externa, entre otras cosas.

Muchos consideran que el presente año será muy bueno. Yo tengo reservas, porque las personas encargadas de llevarlo a cabo son las mismas que estaban al frente del Estado el año pasado.

Necesitamos tener la mentalidad de un estadista, no la de un político de ocasión; y, los actuales dirigentes del PRD, que controlan todo en Panamá, carecen de esa mentalidad de estadista.

Hemos confiado en que Dios siempre nos ha protegido. Ahora, más que nunca, necesitamos de su parte un milagro. Ojalá, en su bondad, nos lo conceda.

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