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19 de Jan de 2021

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

¿Momento de actuar o de dialogar sin escuchar?

“Creo en el diálogo. Creyeron en él los liberales y conservadores en 1903, cuando, deponiendo sus grandes diferencias ideológicas, crearon la República. […] Para creer en las bondades de este nuevo diálogo, señor presidente, actúe con carácter y escuche con atención”

Un matrimonio se preserva por el permanente diálogo de los cónyuges. Igual en una oficina. Sin diálogo permanente no se resuelven problemas. Lo mismo ocurre en una sociedad donde el gobernante, para hacer bien su trabajo, debe propiciar el diálogo ciudadano y estar en constante sintonía con el sentir y querer de sus compatriotas.

Diálogo significa la conversación entre dos o más personas que exponen sus ideas y comentarios de forma alternativa. Es un canal de comunicación en dos direcciones. Es la discusión sobre un asunto o un problema con la intención de llegar a un acuerdo o encontrar una solución. En el diálogo nadie impone. Es promover resultados de común acuerdo.

Las referencias que tenemos de la doctora Paulina Franceschi son muy buenas. Sin embargo, al designarla para presidir el Diálogo del Bicentenario Cerrando Brechas, el presidente Cortizo, sentí pesar por ella. Se le pedía una especie de imposible, porque, antes de cualquier nuevo diálogo, el Gobierno debe hacer algo que repetitivamente no hace, que es escuchar, promover acuerdos y actuar con energía. Todo lo impone y, muchas veces, improvisando y sin transparencia.

La última cuarentena motivó la lógica reacción de grupos empresariales y sindicales. Simplemente no hubo diálogo. Hubo imposición. Lo que dicen es ley y punto. Como dice Cortizo tan reiterativamente, refiriéndose a él en tercera persona: “Aquí el que manda se llama Nito Cortizo”. Cambio y fuera. Ante esas autoritarias actitudes, ¿quién puede pensar que algún nuevo diálogo culminará en forma exitosa? Además, quienes gobiernan deben tomar acciones concretas para que esa iniciativa del diálogo, que actualmente carece de sentido en términos semánticos y prácticos, no se muera en la cuna y tenga algún viso de prosperar.

Al día siguiente del anuncio con bombos y platillos del inicio de ese nuevo gran diálogo nacional -después de fracasar los diálogos con empresarios, sindicatos y reformas constitucionales- la noticia principal no fue esa. Ni siquiera fue “trending” en las redes. Los titulares en los medios nacionales e internacionales recogían la rebaja de pena de 50 a 30 años al preso Ventura Ceballos, sentenciado por la muerte de cinco jóvenes de ascendencia asiática en La Chorrera.

Aparte de la millonaria campaña mediática de este nuevo “diálogo”, poco se conoce del esfuerzo, aparte de que incorporaron al Consejo Consultivo a cinco prestigiosas damas. La ciudadanía, por las reiteradas experiencias que ha tenido, resta valor a la palabra diálogo cuando está en boca de los gobernantes.

Días atrás, el diario La Prensa, a través de un reportaje de Mary Trini Zea, explicó la supuesta influencia que unos funcionarios trataron de ejercer en la elección de la nueva Directiva del Comité Olímpico de Panamá. Verdaderamente escandaloso. Seguro que el presidente Cortizo no tuvo nada que ver con eso, pero posiblemente el personal cercano a él sí.

Lo primero que tiene que hacer el mandatario, si quiere que creamos en su interés de encontrar soluciones a futuro a través de un diálogo nacional, es poner la casa en orden y castigar ejemplarmente a quienes cometen las faltas que con tanta frecuencia salen a relucir. Debe ejercer el mando gubernamental, que pareciera no existe, ya que su entorno hace lo que le da la gana. En una especie de deriva anárquica, donde pareciera que la cúpula del PRD, principalmente la facción de la izquierda más radical, manda más que hasta el mismo presidente.

La excesiva burocracia y lentitud del Gobierno persisten. Ya han cumplido en el poder más de 18 meses y no pueden seguir echando la culpa de todos los males a Varela, más aún cuando no han interpuesto denuncias en contra de ninguna de las figuras de ese Gobierno corrupto. Lo mismo ha ocurrido con la gestión de la pandemia, porque lo actuado por los funcionarios ha sido fallido, a lo que se suma el estancamiento de importantes proyectos pendientes, principalmente en obras de infraestructura.

Por ejemplo, en su reciente discurso, el presidente Cortizo volvió a resaltar como un éxito la aprobación de la ley que creó las Asociaciones Público-Privadas. Las famosas APP. ¿Alguien ha visto alguna nueva inversión a consecuencia de esa ley? La razón es que la ley no había sido reglamentada. Finalmente fue hecho el pasado diciembre, 16 meses después de aprobada la ley. ¿De qué sirvió entonces anunciar tanto ese “triunfo”, si no se puede aplicar? ¿Por qué crearon una nueva Secretaría, con expertos de primer orden para dirigirlas, si su implementación demoró tanto? Al Gobierno le falta acción, carburante. La crisis económica no espera. El desempleo matará más gente que el coronavirus.

Creo en el diálogo. Creyeron en él los liberales y conservadores en 1903, cuando, deponiendo sus grandes diferencias ideológicas, crearon la República. Se logró la unión de todos en torno al presidente Chiari, cuando, deponiendo sus intereses económicos, rompió relaciones con los Estados Unidos aquel fatídico 9 de Enero. Creyó en él Omar Torrijos, cuando concretó, contra todo pronóstico, los tratados del Canal. Para creer en las bondades de este nuevo diálogo, señor presidente, actúe con carácter y escuche con atención. Así todo caminará mejor.

Analista político.