Temas Especiales

15 de Apr de 2021

Rainier A. Del Rosario Franco

Columnistas

'El cristal no se tiene que romper'

“Debemos deponer nuestra arrogancia, nuestro hipercriticismo y valorar en su justa dimensión este valioso llamado para los mayores y para la nueva generación, sin importar de qué esté hecha”

Las redes sociales se han convertido en un espacio de antagonismo permanente, en el cual, para cada posición hay “corrientes” contrarias. El debate respetuoso y con argumentos es sano, pero muchas veces la discusión de un hecho en particular se transforma en una especie de pugna entre Calle Arriba y Calle Abajo.

Esta situación se da con muchos temas… y con personas. Hay quienes polarizan la opinión en las redes entre sus seguidores y sus detractores. Para unos todo lo que diga estará bien y para otros mal.

Un ejemplo recién es el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, a quien cierto sector del país le rechaza todas sus manifestaciones como líder religioso, y otro las aplaude.

Esto ha quedado en evidencia con su posición sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, en la que se le criticó con acritud, mientras lo comparaban con la postura del papa Francisco. Lo curioso es que al analizar las posiciones ambos grupos plantean exactamente lo mismo; sin embargo, para uno de los sectores es malo solo porque el planteamiento proviene de monseñor Ulloa.

El líder de la Iglesia católica en Panamá es objeto de otra polémica mediática en virtud de su homilía del 4 de abril de 2021, en la que hizo consideraciones sobre lo que él llamó “generación de cristal”. Para ser respetuoso, transcribo textualmente sus palabras:

“¡Qué pena que las nuevas generaciones de cristal solo estén siendo educadas para una vida eventual! Como si, esa vida, fuera a ser permanente en esta Tierra. ¿Qué ocurrirá cuando, el paso de los años, en estas generaciones que estamos educando haga mella en ellos la autosuficiencia, la autocomplacencia y en el vivir al día sin referencia alguna a Dios? Ni más ni menos que, la tiniebla, el desencanto, la desilusión y la decepción con el mundo, será una dura y cruda realidad”.

Sus palabras han sido interpretadas por algunos como un ataque a los jóvenes, a su forma de ver la vida y me parece una lástima verlo solo desde ese punto de vista.

Como primer punto, su crítica no es a los jóvenes, sino a los adultos que los estamos educando y en los que él se incluye.

Por tanto, su crítica no es contra los jóvenes ni sus acciones. Va dirigida a quienes tenemos la responsabilidad de formarlos. Tampoco es porque estemos formando una mala generación, sino que hace alusión a un aspecto concreto: la educación sin referencia a Dios.

En sus palabras no hay ataque a la forma de actuar ni a las posiciones críticas. Lo que existe es una preocupación por el futuro de una generación que crece sin formación espiritual. Creo que es difícil discutir que las nuevas generaciones, por efecto del cambio social natural, son cada vez más materialistas y menos espirituales. Y ello en principio es normal, ya que la ciencia y los adelantos tienen la consecuencia de alejarnos de la fe, lo que podría ser bueno, si no fuera porque la fe y la espiritualidad son herramientas vitales en el desarrollo de una persona.

Todos los adultos -padres de familia o no- sabemos que la vida no es fácil, que está llena de retos, problemas, de situaciones difíciles de afrontar y para ello, contar con una espiritualidad fuerte es una herramienta muy útil. Una vida sin Dios o sin una creencia espiritual que nos sostenga, es y será difícil.

Como se desprende de sus palabras, la alusión de monseñor Ulloa a una “generación de cristal” se refiere a jóvenes buenos, luchadores, cuestionadores y críticos, pero que por su materialismo se van a quebrar ante los problemas y retos de la vida, si no tienen una espiritualidad que los proteja.

Su planteamiento -a mi parecer- no es una crítica a esta generación, sino un llamado de atención a nosotros, los encargados de formarla, para que inculquemos los valores espirituales que le permitirán afrontar la vida.

Dice un viejo adagio: “el que oye consejo llega a viejo”. Debemos deponer nuestra arrogancia, nuestro hipercriticismo y valorar en su justa dimensión este valioso llamado para los mayores y para la nueva generación, sin importar de qué esté hecha.

Abogado