Temas Especiales

17 de May de 2021

Avatar del Jorge Luis Prosperi Ramírez

Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Este virus no da tregua: o inventamos o erramos

“Necesitamos concebir y aplicar nuevos enfoques, con una renovada participación intersectorial y social, o nos veremos, más pronto que tarde, en la misma situación de los vecinos, […]”

En el año de 1842, el maestro del Libertador, en su libro Sociedades americanas, acuñó la frase “inventamos o erramos”. Aunque la frase se refería a la urgencia que existía de una ruptura con el pasado colonial y el proceso de independencia, que, por cierto, no ha terminado, la consideré apropiada para titular esta entrega, en la que reflexionaré, una vez más, sobre la delicada situación que atravesamos en nuestra lucha contra el tenaz microbio, haciendo un llamado a la creatividad complementaria que nos hará falta para acabar con esta epidemia.

Pero, por favor, no me malinterpreten por el título, pues, opino que nuestra estrategia desarrollada hasta ahora ha sido la correcta, como lo evidencia claramente una mirada a los indicadores que mantenemos. No obstante, una mirada profunda, utilizando la lupa de la inteligencia epidemiológica, nos permite observar algunos detalles inquietantes que requieren de fortalecer el quehacer conocido y concebir nuevas ideas.

Para comenzar, durante abril mantuvimos un promedio fijo de 320 casos diarios, lo que representa una meseta muy preocupante, porque, a pesar de nuestras intervenciones, no hemos logrado llegar a la fase de agotamiento de la epidemia. Y no podemos confiarnos en la vacuna, pues, para garantizar la inmunidad colectiva necesaria para frenar la epidemia, necesitaremos aplicar dos dosis a tres millones de ciudadanos y, a pesar del compromiso e intenso esfuerzo desplegado por nuestro personal de Salud, no lo podremos conseguir en el corto plazo.

Esta situación por sí sola no fuera inquietante si la incidencia fuera pareja en todo el territorio nacional, y no existiera el contexto internacional que nos rodea. Pero ese no es el caso, ya que las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas presentaron, durante abril, una incidencia en casos reportados por 100 mil habitantes, equivalente a cinco veces el promedio del resto del país. A eso agreguemos que, la provincia de Chiriquí es fronteriza con Costa Rica, que atraviesa un repunte descontrolado de la epidemia de COVID-19. Además, tenemos circulando en el territorio nacional un virus que presenta diversas variantes de riesgo por sus características altamente contagiosas. Algo está pasando en esas provincias, y es aquí donde tenemos que concebir nuevas intervenciones.

En ese sentido, como señalé en mi artículo previo, enfrentamos un elevado riesgo para la salud pública nacional. Sin embargo, también parece claro el camino que tenemos que seguir y será poco lo que tenemos que inventar. Se trata, pues, de fortalecer el desarrollo de las intervenciones conocidas de salud pública en todo el territorio nacional, a la vez que proponemos intervenciones adicionales para estas tres provincias. Veamos algunas ideas, tanto para proteger a la población y contener la propagación de la enfermedad como para evitar o minimizar el ingreso del virus.

Para comenzar, no hay duda de que hay que intensificar la campaña de vacunación en estas tres provincias, con la adecuación necesaria de la estrategia de vacunación a aplicar para cubrir la mayor cantidad posible de población, priorizando a los adultos mayores y a las personas con enfermedades crónicas. No será fácil, pues solo en Chiriquí hay cerca de medio millón de personas, y entre las tres suman 900 mil ciudadanos; pero es obligatorio para contener la propagación de la enfermedad. No menos importante será el fortalecimiento del proceso de identificación y aislamiento de casos y contactos, creando controles en puntos estratégicos para la vigilancia epidemiológica desde Bugaba en Chiriquí, hasta Divisa en la provincia de Veraguas.

Pero ¿cómo evitamos que el virus entre al país? Y para eso es que tenemos que inventar intervenciones viables y factibles. La respuesta inmediata es “cerremos la frontera”. Esa acción es factible de aplicar en el caso de un aeropuerto, asumiendo el costo político y económico. Pero en una frontera terrestre, como es el caso de la frontera con Costa Rica y ya no digamos la de Colombia, es virtualmente imposible y también tendría un costo político y económico. De la contención en la frontera con Colombia, parece estar haciéndose cargo el llamado “tapón del Darién” y siempre podremos examinar a los viajeros en diferentes puntos desde Yaviza hasta la ciudad de Panamá.

Otra cosa es la frontera con Costa Rica. Esa es una frontera “megaporosa”. Usted puede intensificar los controles en las oficinas de migración, haciéndole exámenes a todos los viajeros que vengan formalmente desde el hermano país, ya sea turistas o comerciantes. Pero cómo controlar el paso a través de los negocios que tienen puertas de entrada y salida en ambos países, o los caminos y trillos que hay desde Puerto Armuelles hasta Guabito en Bocas del Toro. Necesitamos concebir y aplicar nuevos enfoques, con una renovada participación intersectorial y social, o nos veremos, más pronto que tarde, en la misma situación de los vecinos, perdiendo lo avanzado en salud pública y recuperación de la economía del país en este año de lucha.

Tienen la palabra nuestras instituciones públicas, las no gubernamentales, la empresa privada y la población. O inventamos o erramos, y perdemos la batalla contra el virus.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).