28 de Sep de 2021

Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

¿Qué camino cogeremos?

“El primer paso que debemos dar, en este camino hacia la recuperación con más huecos que en la Luna, es el cambio de la forma y sentido de nuestras elecciones del 2024”

¡Buenas…, ¿qué tal, cómo les va, cómo los tratan?! Miren, mis venerables ancianos, antes de que pase esta interminable pesadilla pandémica, deberíamos saber, al menos, para dónde vamos a coger. Yo diría que, por el mismo camino de siempre, pero con juicio, sin borracheras y menos con el llanto interno y la miseria de los miles de migrantes que reaparecen en las selvas de Darién huyendo de Cuba, Venezuela, Haití, África o América del Sur, pasando por nuestro Istmo para ir a resolver sus problemas sociales con los pieles rojas en EE. UU. ¿Qué esperanza?, ¿quién les habrá dicho?

El camino y el destino de la mayoría de los panameños está aquí, entre cabo Tiburón y Rabo de Puerco (Puerto armuelles), junto con nuestras especies de ratas, coyotes, sapos, culebras, ranas, borrigueros, abejas africanas y gallotes, no hay de otra. Y la mejor manera de superar los estragos, nunca conocidos por nosotros por su tamaño, es adoptando la filosofía de los desaparecidos traganíqueles; pues, recuerdo que todos los problemas eran convertidos en música y letra, que los resolvían, mientras se continuaba trabajando.

El primer paso que debemos dar, en este camino hacia la recuperación con más huecos que en la Luna, es el cambio de la forma y sentido de nuestras elecciones del 2024. Sócrates fue el más antidemocrático de Grecia, pero tenía sobradas razones. Y, ya que en Panamá reina firmemente educarse y prepararse para beneficio propio y no de la patria, para las elecciones del 2024 solo podrían votar los que hayan cumplido sus penas por cualquier delito junto al resto de la población apta mayor de 30 años. Así como en Grecia los metecos no podían votar por ignorantes, acá sí votarán todos sin restricciones escolásticas, para que puedan vender, al menos, su voto, como siempre lo han hecho, hasta siete veces, dependiendo del número de los candidatos para el mismo puesto.

Pero, los votos válidos serán de los que, al menos, conozcan los problemas del país y que tengan dos dedos de frente, aunque sea un pedigüeño consuetudinario; de manera que, del cura para abajo, llenarán dentro de su papeleta cinco espacios de escoger la mejor respuesta y si sale que es un ignorante supino, que no sepa en qué lado del cuerpo queda el hígado, que ponga gancho donde diga que los rusos hicieron el canal, o que Porras nació en las Maricas de los Uveros y Victoriano Lorenzo en el hueco de La Pintada, el voto será anulado. Así el meteco cumplirá con su deber cívico, y los elegidos serán escogidos con la sabia filosofía de los viejos traganíqueles de Calidonia, sencillamente con ponerle música a ese problema.

Por otro lado, con la cantidad de esfuerzos que tenemos que hacer, resulta una lástima que no haya muchos autores para la talla de los viejos traganíqueles en que uno escuchaba las soluciones con ritmos y voces, pues casi todos esos aparatos se han convertido en chatarra y seguro que fueron fundidos en China. La última vez que fui a la ciudad, corrí a la cantina La Radio en San Francisco y ya no estaba el traganíquel.

Economista, escritor costumbrista.