17 de Sep de 2021

Álvaro Méndez F.

Columnistas

En mayo, hay que recordarlo (I)

“Belisario Porras, por necesidad logística […], involucra a Victoriano en la guerra, prometiéndole que la lucha también sería para eliminar el abuso que sufría su raza […]”

El hermano de Cecilia, Martina y Sinforoso “No era un hombre viejo, sino joven; tampoco alto, al contrario, más bien bajo; como son los indios”. (El guerrillero transparente, C. Changmarín).

Los comentarios que he escuchado de algunos conocidos, sobre este petiso personaje, vasto en inteligencia, arrojo, valor y brío, son diversos y contradictorios. Más de uno recuerda de sus abuelos relatos de un cholo borracho, ladrón y violador, jefe de una pandilla de bandoleros que arrasaban con los negocios y las fincas ganaderas. Una media verdad relatada desde el punto de vista del bando conservador. Pero, al menos, otros reconocen que luchó como los grandes en esa nefasta Guerra de los Mil Días.

Les recopilo algunas notas de libros que he tenido la dicha de leer y que retratan, a mi entender, lo vivido por este paisano oriundo de El Cacao, en las faldas del cerro Trinidad, que entonces pertenecía a la provincia de Coclé. Y es que al Cholo y a mí no solo nos une la provincia que nos vio nacer, sino también nuestra educación bajo la tutela de sacerdotes jesuitas.

Con su fino estilo, de manera clara y objetiva, cuenta don Jorge Conte Porras en su libro “Meditaciones en torno a Victoriano”, cómo algunos esclavos originarios del pueblo Ngäbe-Buglé, en el área de Coclé, principalmente en la ciudad de Natá de los Caballeros, desde el siglo XVI y posteriormente, se fueron uniendo sentimentalmente y formando pareja con otros esclavos provenientes de diferentes latitudes centroamericanas (incluyendo México y el Caribe). De tal forma que, un par de siglos después, algunos libertos y corcinos coclesanos, al retirarse a la sierra a forjar su nuevo hogar, por sus venas corría un coctel de valentía, inteligencia y arrojo de varias razas.

Los esclavos de confianza, a los que se premiaba con su libertad, destacaban por su inteligencia, fortaleza y habilidades manuales. No me extrañaría que José de la Rosa, padre de Victoriano, y su madre, la mestiza María Pascuala, fuesen descendientes de estos y heredaran la sangre de esta casta reforzada.

El Cholo imitó el trabajo de su padre como recolector de impuestos (regidor) en su comunidad coclesana. Su colega, Pedro Hoyos, de Sincelejo, Colombia, que realizaba el mismo trabajo en el área de San Carlos, sobrepasaba maliciosamente los límites de su responsabilidad y abusaba de los cholos de El Cacao, cobrándoles nuevamente el impuesto que ya Victoriano había recaudado. El constante reclamo de Lorenzo, en misivas que envió al gobernador de Penonomé y a Hoyos, generó tal fricción entre ambos que el colombiano lo amenazó de muerte repetidas veces. En una disputa entre ambos, Lorenzo, en defensa propia, mató a Hoyos. Al día siguiente Victoriano se presenta voluntariamente ante las autoridades y relata lo ocurrido. No obstante, es condenado a nueve años de cárcel. Por su buen comportamiento y desempeño, se convirtió en recluso de confianza; aprendió diversas ocupaciones (peluquero, sastre, etc.) y algo de artes de guerra de sus compañeros de celda, casi todos liberales.

Mientras purgaba su pena, se enteró de la infidelidad de su cónyuge, María Lorenza Morán, y esta vez, demostrando su cristiana educación, más que pensar en revanchismos machistas, le escribe una nota al obispo de Coclé, solicitándole procediera a anular su matrimonio por los hechos ya conocidos. Cumplida su pena, Lorenzo se dedica a la agricultura y al negocio de la sal.

Belisario Porras, por necesidad logística y recordando su amistad con el difunto José de la Rosa, involucra a Victoriano en la guerra, prometiéndole que la lucha también sería para eliminar el abuso que sufría su raza bajo la tiranía de los godos. Le solicitó que conformara un equipo con su gente de la sierra para transportar las armas y parque que recién arribaban en la motonave Momotombo a las costas de Chame. Concluida exitosamente la batalla de “La Negra Vieja”, Lorenzo obtiene su grado militar de capitán para dirigir el “Batallón de Cholos”.

Existían diferencias entre las estrategias de los generales Belisario Porras y Emiliano Herrera. En La Chorrera, luego de larga discusión, se acordó cómo sería el ataque liberal a la ciudad. Herrera, luego de vencer en Corozal, se adelantó a lo planeado y llegó hasta Perejil (Perry´s Hill).

Las autoridades extranjeras (cónsules de Reino Unido, Francia y Estados Unidos), preocupadas por la seguridad de sus propiedades (ferrocarril, comercios, puertos y otros), en una visita a la colina de Perry, convencieron a Herrera de atacar por un solo lugar para evitar arrasar con la ciudad.

Estas mismas personalidades, luego de lo acordado con Herrera (a manera de doble espías), les recomendaron a los conservadores por dónde esperar el ataque y donaron ametralladoras calibre cincuenta y equipo de trincheras. La tragedia estaba programada. Siguiendo la estrategia acordada en La Chorrera, en la madrugada, Porras, proveniente de Farfán, desembarca en Boca la Caja. Sus ojos se humedecieron viendo a lo lejos el revolotear de los gallotes sobre cadáveres liberales. Ante la masacre del Puente de Calidonia, Porras informa a Victoriano que, tras el fracaso de la lucha, él retornaría a Nicaragua y le recomienda que se devuelva con su gente a la sierra. Victoriano hace lo suyo, no sin antes llevarse algunos pertrechos de los que había cargado desde Chame, y los esconde enterrándolos allá, en su región. …

Javeriano cédula 2.