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28 de Jul de 2021

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Enrique Jaramillo Levi

Columnistas

Necesidad de escribir: atreverse esa primera vez

“No hay edad para empezar a escribir, para descubrir que la creatividad literaria es o puede llegar a convertirse en un vector fundamental de nuestro quehacer diario”

Por supuesto, es sabido que la inmensa mayoría de las personas, incluso las que disfrutan leer sobre temas diversos, lamentablemente no acaban de entender la importancia de la escritura creativa como una forma de conocimiento, de auscultación de la realidad, de los vericuetos de la imaginación que nos es propia a los seres humanos. Como un testimonio a la vez personalísimo y colectivo de los avatares de la vida. Desconocen, pues, en la práctica, las mejores obras de la literatura universal, y en muchos casos la de los autores nacionales: poetas, cuentistas, novelistas. Ignoran su trascendencia.

Sin embargo, cada día hay más lectores de buenos libros nacionales y de otros ámbitos, más sensibilidad para poderlos disfrutar como manifestaciones no solo del espíritu sino, también, como un modo de entender y analizar artísticamente los vericuentos de la cotidianidad, de la que todos formamos parte. Dicho esto, una vez más llamo la atención acerca de la importante insurgencia literaria que nuestras letras nacionales vienen experimentando desde inicios del Siglo XXI con la aparición de nuevos cuentistas, poetas y novelistas de talento en Panamá, en ese orden de importancia en calidad y cantidad.

No sabemos más sobre ellos porque las limitaciones de orden editorial en nada ayudan a que se les conozca y estudie, y mucho menos en estos tiempos de recalcitrante pandemia que ataca al mundo entero. Sin duda alguna, lamentablemente, el apoyo estatal y privado a nuestros nuevos escritores no es, ni mucho menos, una prioridad. Es cierto que hay algunos certámenes literarios importantes en el país, pero lo que sigue habiendo es pocos lectores. Además, la crítica literaria en Panamá muy poco se manifiesta, y por tanto no acompaña la aparición de tantos nuevos autores emergentes.

Y sin embargo, estos escritores no se dejan apocar, crean nuevas versiones de la realidad y de la fantasía desde ángulos de una múltiple y continua imaginación: más de 100 nuevos cuentistas en los últimos 21 años, más todos los que nos dimos a conocer a mediados del siglo XX y continuamos bregando, formamos parte de este panorama. Y un fenómeno de gran interés cultural es el hecho de que en lo que va del Siglo XXI prevalecen en Panamá las mujeres cuentistas. Cabe mencionar que las primeras en Panamá en publicar un libro de cuentos al inaugurarse el nuevo siglo en el año 2000 fueron Melanie Taylor Herrara (1972), con “Tiempos acuáticos”; Yolanda J. Hackshaw M. (1958) con dos libros, “Corazones en la pared” y “Las trampas de la escritura”; y Digna R.Valderrama (1965): con “Planeta Venus”. Todos de excelente calidad literaria.

Sin duda hay cuentistas nacionales que no habiendo publicado aun su primer colección, ya están listos para hacerlo si la logística de los costos fuera posible resolverla a mediano plazo y el sentido de la voluntad y la disciplina se mantuvieran vigentes. Pienso en autores inéditos como Mady Miranda, Irasema Herrera, Doris Sánchez Vda. de Polanco, Julio Armando Aris Batista, Berny Núñez, Aura Sibila Benjamín Miranda, Víctor Paz, Eros Cajar, Carlos Mazuera, entre otros muchos que en algún momento han pasado por la disciplina del Diplomado en Creación Literaria de la UTP o por el fogueo de talleres literarios, en los que cada quien expresa su verdad.

No hay edad para empezar a escribir, para descubrir que la creatividad literaria es o puede llegar a convertirse en un vector fundamental de nuestro quehacer diario. Aparte de la necesidad de un ejercicio previo permanente de la lectura y la escritura, el primer problema suele ser decidir cuándo dar a conocer un primer libro, en cualquiera de los géneros literarios. Recoger al menos parte de los textos dispersos a veces en diversos tipos de antologías y libros colectivos, así como en revistas y periódicos, acompañarlo de inéditas ficciones más recientes, darle una revisión exigente y un orden de colocación a todo lo que habrá de presentarse como libro, representa sin duda un primer punto de inflexión. Como quien dice: ¡el verdadero arranque! Atreverse esa primera vez.

Escribir cuentos implica crear historias en las que la verosimilitud de personajes, situaciones y ambientes interesantes y, de ser posible, además conmovedores, pueda sobrevivir a los malabarismos del ingenio y a los posibles experimentos de las técnicas narrativas, incluido el manejo apropiado del lenguaje. Lo insólito y el absurdo son aristas de la realidad tanto como la crudeza de determinadas escenas descritas con una precisión milimétrica. De igual modo, la vivencia síquica profunda y las más banales costumbres cotidianas pueden perfectamente convivir en un buen cuento o poema como lo hacen no pocas veces en la vida real de personas de carne y hueso. De forma similar, tanto las experiencias místicas como los demoníacos conjuros pueden darse dentro y fuera del texto, siempre y cuando haya detonadores emocionales que los hagan posibles. Un buen escritor sabe todo esto; factores como la experiencia personal, la fantasía y una innata capacidad para hibridizar elementos en apariencia contrarios lo hacen posible.

Cuentista, poeta, ensayista, promotor cultural.