26 de Sep de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Es la hora de la Promoción de la Salud

“[…] es necesario que avancemos en la consolidación de un sistema integrado de salud, que promueva la colaboración entre los programas verticales y fragmentados”

Luego de un año y tres meses de estar padeciendo esta epidemia de COVID-19, que nos ha dejado cerca de 400 mil casos y más de 6400 defunciones, amén del inmenso sufrimiento de miles de familias panameñas y probablemente irrecuperables pérdidas en la economía personal, familiar y nacional; es la hora de colocar la promoción de la salud en el centro mismo de nuestra respuesta nacional.

Hasta ahora, hemos hecho lo necesario en términos de realización de pruebas de laboratorio para detectar el virus, aislar a los positivos y sus contactos; brindar tratamiento oportuno y de calidad a nivel de establecimientos ambulatorios y hospitales; dar seguimiento y soporte a los pacientes recuperados; y más recientemente, desarrollar un intenso programa de inmunizaciones, que ha permitido, hasta la semana pasada, aplicar más de 1.4 millones de dosis de vacuna contra la COVID-19, tanto de la casa Pfizer como de AstraZeneca.

Pero no ha sido suficiente para evitar los casos graves y las pérdidas de vidas, principalmente entre las personas que sufren de padecimientos crónicos que debilitan su capacidad para enfrentar el virus y recuperarse. No hay duda de que las vacunas supondrán un punto de inflexión en esta lucha, pero es la hora de incorporar las herramientas de la promoción de la salud, fortaleciendo la capacidad individual, comunitaria y gubernamental, para mejorar la salud, así como abordar los determinantes sociales de la salud y reducir las inequidades en salud, bienestar y desarrollo.

Esas herramientas las conocemos, las acordamos hace dos años, al aprobar en el Consejo Directivo de la OPS la “Estrategia y plan de acción sobre la promoción de la salud en el contexto de los objetivos de desarrollo sostenible 2019-2030”. La pandemia nos obligó a ponerlas en pausa, pero es ahora cuando debemos aprovecharlas. Démosles un vistazo.

Para comenzar, deberemos promover el desarrollo y fortalecimiento de entornos saludables claves para promover la salud y mejorar la calidad de vida. Estos incluyen, entre otros, escuelas, universidades, viviendas, lugares de trabajo, mercados y otros espacios comunes en territorios y comunidades urbanos y rurales. La intervención en esos entornos debe ser multisectorial, continua y sistemática, considerando los aspectos diversos y multiculturales de las comunidades, buscando llegar hasta los grupos poblacionales que viven en las condiciones más vulnerables.

No menos importante es promover la participación y el empoderamiento de las personas y el compromiso significativo y responsable de la sociedad civil, para la apropiación y el control de sus propios destinos e iniciativas. Debemos reformular nuestra estrategia de comunicación, diseñar campañas, materiales educativos, mensajes y actividades a nivel local y nacional con la participación de la comunidad, con el objetivo de impulsar una población informada y empoderada en relación con los principales problemas y medidas de salud para abordar los determinantes sociales de la salud, aprovechando las redes sociales, los medios sociales y la comunicación digital.

Por otro lado, debemos fortalecer la buena gobernanza y el trabajo intersectorial para mejorar la salud y el bienestar y abordar los determinantes sociales de la salud. Esto significa que el Gobierno tiene la responsabilidad fundamental de desarrollar políticas para la salud y la justicia social, a través de procesos democráticos que beneficien a toda la sociedad. Por su parte, los Gobiernos locales pueden desempeñar un papel fundamental en promover la salud y aumentar el desarrollo social; descentralizar los recursos y la toma de decisiones al nivel local, puede mejorar la efectividad y el impacto de la acción local.

Especial relevancia tiene la necesidad de fortalecer la legislación y la regulación nacionales sobre los factores de riesgo prioritarios de las enfermedades no transmisibles. Aunque será necesario, no bastará con desarrollar una renovada y fortalecida campaña de comunicación social para promover estilos de vida saludables y evitar los factores de riesgo asociados a las enfermedades subyacentes en la mayoría de los fallecidos por la COVID-19.

Finalmente, es necesario que avancemos en la consolidación de un sistema integrado de salud, que promueva la colaboración entre los programas verticales y fragmentados. En este sentido, para fortalecer los sistemas y servicios de salud y avanzar en la aplicación de un modelo de atención, centrado en las personas, las familias y las comunidades, hay que incorporar la promoción de la salud en las políticas y estrategias nacionales de salud. Nuestro sector de salud debe lograr que la promoción de la salud sea más pertinente y concreta, y colaborar con las comunidades para crear condiciones de vida saludables, sobre la base de la atención primaria de salud.

Debe desarrollar además competencias en todo el personal de salud para que trascienda su responsabilidad de prestar servicios clínicos y curativos. El Minsa y la CSS deben llevar a cabo actividades subnacionales y nacionales de capacitación, a fin de facilitar el desarrollo de las aptitudes del personal de salud con respecto a la promoción de la salud, de manera de facilitar que tengan en cuenta los determinantes de la salud y que trabajen con líderes y grupos de la comunidad.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).