07 de Dic de 2021

Columnistas

La Ley Mayín

“Espero que la diputada se mantenga firme en su iniciativa, que la (AN) debata, mejore y apruebe lo presentado por la H. D. Mayín Correa, y que el Ejecutivo la sancione oportunamente y la convierta en ley de la República”

La mayor parte de las grasas trans que existen en los alimentos que comemos se producen a través de un proceso de fabricación que agrega hidrógeno al aceite vegetal, que convierte el líquido en una grasa sólida a temperatura ambiente. Este proceso se llama hidrogenación. Las grasas trans también se encuentran naturalmente en productos alimenticios como leche, mantequilla, queso y productos cárnicos.

Comer grasas trans aumenta el nivel de colesterol LDL (“malo”) en la sangre. Un nivel elevado de colesterol LDL en la sangre aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, la principal causa de muerte en hombres y mujeres en Panamá. Eliminar las grasas hidrogenadas de los alimentos procesados podría prevenir cientos de ataques cardíacos y muertes cada año.

La H. D. Mayín Correa ha tomado la iniciativa de proponer un proyecto de ley para eliminar las grasas trans artificiales en los alimentos procesados. En 2015, la FDA, en Estados Unidos, determinó que las grasas trans artificiales ya no son reconocidas como seguras y estableció la fecha de 18 junio de 2018 para prohibir su uso en los alimentos. Sin embargo, para permitir una transición ordenada en el mercado, la FDA extendió la fecha hasta el 1 de enero de 2020. Y hoy ese es su estatus.

Y, como consecuencia del proyecto presentado por la H. D. Mayín Correa, hace unos días, el tema de las grasas trans toca el suelo panameño. Y, por supuesto, habrá más de un fabricante de alimentos procesados que utiliza grasas trans y que intentarán combatir su aprobación desde la perspectiva de su uso en el procesamiento de estos alimentos.

Bueno, a esos fabricantes les tenemos malas noticias y vamos a decirles una sola cosa: las grasas trans son el enemigo público # 1. Ni siquiera el azúcar, con todo lo que la han demonizado por décadas, llena el requisito que ocupan las grasas trans. Cuando se trata de algo malo y feo, a las grasas trans nadie les gana. Y hasta ahora no existe ni una sola industria y ni un solo país que haya podido demostrar lo contrario a lo que las pruebas y estudios señalan sobre el daño que causan.

Lo ideal sería que las recomendaciones dietéticas que emitan las distintas instancias públicas de salud y nutrición se refieran a los alimentos y no a los nutrientes. Las personas no comen ácidos grasos específicos; comen alimentos que contienen mezclas de ácidos grasos saturados, insaturados y poliinsaturados, algunos con más de un tipo que otro. Las grasas trans aparecen en alimentos altamente procesados y, por lo tanto, son un eufemismo para dulces, bocadillos y otros alimentos que los contienen.

Las grasas trans no son ingredientes normales. La hidrogenación hace que algunos de los hidrógenos de los ácidos grasos insaturados y poliinsaturados se muevan anormalmente del mismo lado de la cadena de carbono (en latín, “cis”) al lado opuesto (“trans”). Los ácidos grasos insaturados “cis” normales son flexibles, por lo que son líquidos, se doblan y fluyen uno alrededor del otro. Pero el cambio a trans hace que los ácidos grasos insaturados se endurezcan y se comportan de manera muy parecida a los ácidos grasos saturados en el cuerpo, donde pueden elevar los niveles de colesterol y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas.

El debate sobre las grasas trans no es nuevo. Nuestros archivos de grasas trans tienen documentos sobre el riesgo de enfermedades cardíacas que se remontan a mediados de la década de 1970. En 1976, por ejemplo, los científicos británicos sugirieron que una de las razones por las que las personas pobres en Inglaterra tenían tasas más altas de enfermedades cardíacas era que a menudo comían pescado y papas fritas en aceites hidrogenados. Desde entonces, los investigadores han encontrado constantemente que las grasas trans son dañinas desde el punto de vista del riesgo de enfermedad cardíaca.

Y más recientemente, en 2007, entró en vigor una ley que prohibía la utilización de grasas trans en los restaurantes de Nueva York, una política iniciada por el alcalde Michael Bloomberg y que, según publicaciones especializadas estadounidenses, como el American Journal of Public Health (https://ajph.aphapublications.org/doi/full/10.2105/AJPH.2018.304930), confirma que los niveles de ácidos grasos trans en sangre de los neoyorquinos han disminuido significativamente desde 2007, cuando se prohibió su utilización en los restaurantes.

Esto nos reitera lo que la H. D. Mayín Corra leyó en su exposición de motivos días atrás: la iniciativa legislativa apunta a conseguir que los alimentos sean más saludables y a reducir el número de ataques cardíacos.

Por lo tanto, eliminemos las grasas trans de una vez por todas y acabemos con ellas. Espero que la diputada se mantenga firme en su iniciativa, que la Asamblea Nacional debata, mejore y apruebe lo presentado por la H. D. Mayín Correa, y que el Ejecutivo la sancione oportunamente y la convierta en ley de la República. Así muchos panameños podrán vivir más y mejor.

Empresario

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