29 de Nov de 2021

Columnistas

El rescoldo

“La palabra “residuo” molesta a algunos, pero su contenido es hijo de la democracia y sus detractores de hoy, solitos, se colocaron en el rescoldo de la historia”

Santiago de Chile. _ Ser elegido mediante una fórmula legalmente sustentada, respaldada múltiples veces por las autoridades electorales, a pesar de que su realización provoque oscuras relaciones al interior de las instituciones democráticas, constituye un acto revestido de absoluta legitimidad. El Código Electoral, con mucha sabiduría y extensa visión, contiene la vía destinada a resolver las contradicciones que puedan surgir en virtud de la ejecución de las fórmulas fijadas. Entre sus normas se establece que después de cada ejercicio del sufragio, una comisión multidisciplinaria, con participación de las fuerzas políticas que recién sintieron ese ejercicio, revisará su contenido con arreglo a cada experiencia.

El tema del cociente, el medio cociente y el residuo pasó dicha prueba en varias ocasiones. En la reciente, la revisión del tema solo logró que se mantuviera. Es decir, sigue siendo legítimo y legal. En este tema, nadie elaboró un “traje a la medida”. El tema ya estaba en la normativa aplicable y continúa allí. Es más, fue ley de la República gracias a la sanción del presidente Endara (q. e. p. d.) y a la iniciativa legislativa de destacados miembros de la Cruzada Civilista.

Entre las atribuciones del presidente en esta materia no está el ampliar sus consideraciones fuera del marco del texto de la propuesta que le eleva la Asamblea. Si las actuales quejas fueran sin más intenciones que la salud de la democracia panameña, sus cabecillas tendrían este hecho en cuenta y la búsqueda de mejores indicaciones legales pasaría por la subordinación al procedimiento institucional fijado desde hace décadas para solventar, en paz y armonía, las deficiencias que vayan surgiendo en temas electorales. Esta conducta sí es responsable. Y un diputado no tiene excusa para ignorarlo. Convivir con reglas, es difícil para algunos.

Imposible olvidar las innumerables ocasiones en que la ciudadanía clamaba para que el Ejecutivo sacara sus manos de los otros poderes del Estado. Ahora, cuando ello es una realidad, salen los mismos quejándose también de eso. Confundir y tergiversar no solo se produce voluntariamente; también sucede al olvidarnos de que la democracia tiene sus propios escalones para alcanzar objetivos específicos. Salirnos del cauce, amparados por manifestaciones de inconformidad ciudadana, solo denota malos entendidos del funcionamiento de la democracia o aviesas y ocultas intenciones políticas. Es público y notorio que el TE siempre respaldó las figuras del cociente, el medio cociente y el residuo, por lo que la repentina confesión que hoy hace es “dura de roer”.

Existen probados y eficaces mecanismos, dentro de la misma Asamblea, para someter estas figuras al debate que garantice su perfeccionamiento o su reemplazo por instituciones acordes con las deficiencias encontradas. Preferir los que contienen evidentes visos políticos, genera pérdida de objetividad y de la honesta preocupación por el rumbo de nuestra democracia. La comprensión cabal de la dinámica democrática en la actual coyuntura conduce a reivindicar los medios idóneos para cristalizar cualquier aspiración ciudadana. Dirigir la artillería contra el balance que debe o no reinar entre órganos del Estado o el presidente y los diputados de la bancada oficialista, solo conduce a que el pueblo siga confundiendo el verdadero rol de un Gobierno y continúe ilusionado. Y esto sí es irresponsable. La palabra “residuo” molesta a algunos, pero su contenido es hijo de la democracia y sus detractores de hoy, solitos, se colocaron en el rescoldo de la historia.

Abogado, embajador de Panamá en Chile.

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