07 de Dic de 2021

Columnistas

El cambio lo haces tú

“El cambio lo haces tú. El cambio lo hago yo. Ninguno de los que ha estado, o está, en el poder lo va a hacer. A ellos les gusta el país como está”

Ya bien adentrados en el período gubernamental, la ciudadanía empieza a notar que se equivocó a la hora de elegir. Quizás debimos unirnos en favor de otro candidato, pero ya es demasiado tarde. Las caras amables y los discursos esperanzadores dieron paso a la cruda realidad: todo era mentira. Jamás pensaron en el país ni en el beneficio colectivo. Tan solo querían hacerse con el poder para rellenar sus arcas vacías, luego de períodos fuera de la papa. No hablamos de un partido político en espacial, sino de todos los que han estado en el poder. Son “la misma vaina con diferente garabato”.

Somos una sociedad golpeada históricamente por los Gobiernos, y que subsiste tan solo por el Favor de Dios, y de nuestra superventajosa ubicación. Tenemos recursos naturales abundantes, pero preferimos subastarlos a extranjeros, que tranzan con las autoridades para cambiar oro por espejitos. Nada ha cambiado.

Tenemos un Canal como ninguno, que se maneja en automático con personal calificado, generando millones en ganancias, pero nombramos una junta directiva que no es otra cosa que el campamento de invierno para compadres y políticos caídos, y estos toman decisiones sobre un bien de todos, como aquel que decide sobre su finca particular, poniéndose salarios de directivos de la NASA. Así es, son fuera de este mundo, considerando que el Canal funcionaría exactamente igual, si ellos estuvieran en el espacio, ahorrándose sus salarios mensuales.

Somos un país de servicios históricamente, pero nuestra mano de obra no está calificada entre las mejores. Gobierno tras Gobierno han venido mermando la inversión en educación, mientras paralelamente le lavan el cerebro al ciudadano para hacerle creer que tiene el derecho de exigir salarios altos, sin contar con las habilidades requeridas, y sin experiencia. Acá, nos rompen las piernas como generador de riquezas, pues muy pocos alcanzan el estándar del mundo moderno.

Mientras las filas del sector privado se hacen casi invisibles, la planilla estatal alcanzaba los 240 000 emplanillados en el 2020. Ahora son más. Tenemos el porcentaje más alto de burocracia en la región. Mucha de esta gente es valiosa, pero la enorme mayoría tan solo nos cuesta dinero, pues o no reúne los conocimientos para el puesto que le han dado de a dedo, o simplemente son botellas que ni siquiera trabajan. Recuerde, amigo lector, que el Gobierno no genera ganancias, todo es costo, y lo pagamos los que trabajamos en la empresa privada con nuestros impuestos. ¡Auch!

Tenemos todo para vivir en un país de una calidad de vida envidiable, y estamos en la cama de los perros. ¿Por qué?

La respuesta es simple y dolorosa. Somos una sociedad que, en su mayoría, no quiere esforzarse. Preferimos el discurso populista de un truhan, a la lista de cosas por mejorar de un estadista. Nos hipnotiza el discurso grandilocuente de un político criollo que promete quitarle al rico para darnos a nosotros. Eso es el populismo. Cero esfuerzos, promoción de la envidia y el resentimiento social. Y vaya que hay resentidos.

Nadie sale de casa a hacer obras sociales gratuitas. Todos salimos a trabajar por una paga, pues tenemos que cumplir con responsabilidades. Entonces, ¿por qué resentimos al que hace negocios legalmente? Los politicuchos criollos alimentan la animadversión del trabajador por su empleador, en una paradoja estúpida. En vez de agradecer el trabajo, lo resentimos, aplaudidos por incapaces cuyos salarios se pagan con las ganancias de los empleadores. Estos innombrables que se han hecho con una curul en el hemiciclo corean una lucha de clases que los perpetúa en su silla, viviendo muy bien. Hablan de pertenecer a la clase pobre, pero viven como millonarios, y algunos los son, a costa del tonto útil que vota por ellos, y los defiende. “Tú pobreza es culpa de la oligarquía” o “todo es culpa de los gringos opresores”, son frases vacías diseñadas para manipular tontos.

A falta de educación, tenemos adoctrinamiento, con el cual la ciudadanía aprende que no hay responsabilidad tras el actuar. Lo vemos todos los días, y en todos lados. Llevamos décadas culpando a todos por nuestros males, cuando la culpa es nuestra. Nosotros elegimos corruptos. Nosotros optamos por ocultar la verdad en nuestro beneficio. La corrupción corre por nuestras venas. Pero ¿por qué?

Un pueblo ignorante es fácil de controlar. Nos han coartado la educación, con lo que han castrado nuestra capacidad de razonar, y nuestra voluntad de aspirar a más. Han creado un ejército de descerebrados que por una lámina de zinc y unas pintas votará por un asesino, al ritmo de las vulgaridades de moda, y meneando “hasta abajo”. Pero ¿por qué?

Los Gobiernos han creado el ambiente propicio para que un organismo perfectamente saludable, el país, entienda que necesita de un parásito, los políticos, para subsistir. No necesitamos políticos. Necesitamos líderes, estadistas, patriotas, no traidores. Sangre nueva.

El sistema está viciado, lleno de parásitos, virus, y enfermedades que impiden que surjamos como país, teniendo todo para hacerlo. El cambio tiene que venir de manera individual. Llevemos a cabo un autoanálisis para descubrir con honestidad qué tenemos que cambiar en nosotros para que cambie nuestra sociedad y nuestro país.

El cambio lo haces tú.

El cambio lo hago yo.

Ninguno de los que ha estado, o está, en el poder lo va a hacer. A ellos les gusta el país como está.

No más de los mismos que nos llevan al atraso. Constituyente para volver a enrumbar el país hacia sendas de desarrollo y de crecimiento real, y fumigar las alimañas para siempre.

Dios nos guíe.

Ingeniero civil.

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