07 de Dic de 2021

Columnistas

Omar Torrijos: ¿profeta en su tierra?

“¿Se dijo o se dirán conceptos tales de personalidades insignes sobre nuestros mandatarios o políticos que fallecieron o fallezcan en este siglo?”

“A los personajes de la historia hay que observarlos muy de cerca y juzgarlos muy de lejos” (aforismo conocido).

De la Revista Lotería, edición especial, de agosto a diciembre de 1981, extraje hoy la cantidad y calidad de conceptos de personalidades nacionales y extranjeras que, ante su muerte trágica, expresaron opiniones sobre el personaje. El desfile es singular y los que se expresan condolidos, una galería de gentes con su propia historia.

Hoy, cuando “el liderazgo” semeja una especie extinguida, extraje un par de reconocimientos de excepcional calidad y valor. Y lo hago en un “día cualquiera”, y no cuando por acomodo, en fechas elegidas, sus “seguidores interesados” les hacen simulacros de homenajes.

En esta columna elegí un personaje extranjero, expresidente de su país, y una nacional muy reconocida como ícono cultural del país. Me refiero al Dr. Alfonso López Michelsen y a la doctora Reyna Torres de Araúz. Y, aterrizando, le doy la palabra al primero, con citas textuales:

Mi amigo Torrijos (extractos):

“Con o sin la investidura del mando fue el guía de la nación panameña, maestro de una generación y conductor de una revolución que, del mismo modo como iba dando fruto en el orden internacional, les devolvía a los panameños humildes la calidad de vida. Le sorprendió la muerte cuando su nombre resonó distintamente en los cinco continentes como el de un prócer latinoamericano de nuestro tiempo. Se supo de Panamá y de Omar Torrijos en el hemisferio occidental desde Canadá hasta la Tierra del Fuego. ¿Y quién ignoró su nombre en la gran unión americana, o en cada uno de nuestros países, que un día, se dieron cita para apoyar sus propósitos reivindicativos, sin distinción de matiz político, desde la izquierda socialista hasta los regímenes totalitarios del cono sur? ¿Quién en Europa o en el tercer mundo, en Irán o en Israel, no escuchó alguna vez su nombre, asociado a alguna empresa pacifista, desproporcionada a la dimensión territorial de Panamá, pero ajustada a su importancia universal, como pasaje entre dos océanos? Y, sin embargo, nunca fue Omar Torrijos arrogante, engreído o imperioso. Modesto, más allá de lo que legítimamente debía ser, realizó a cabalidad el milagro de imponer respeto para su país en todos los foros del mundo gracias a su autenticidad, y a aquella capacidad suya de encarnar en su estampa, en su palabra, en el decoro de su conducta, la entraña misma de un gran pueblo. Con razón sentimos que el ángel de la muerte nos ha robado más que el antiguo jefe de Estado de una nación hermana, algo más que un aliado leal en cuyo cerebro como en el de un Bolívar una visión providencialista de la América española, había algo muy nuestro, un campesino con todas las virtudes de su ancestro. Este hombre silencioso que, contrariamente a la difundida creencia general, de poseer un carácter extrovertido, era, para quienes lo tratamos muchas veces, tímido, retraído, más amigo de escuchar que ser oído, pero con la más sorprendente inteligencia natural que me haya sido dada a conocer en el curso de la vida. Torrijos mantuvo un optimismo, una fe, que sólo la convicción recóndita en un destino superior pudo mantener tan alto grado de combustión durante dos lustros de luchas incesantes en procura de la reivindicación patriótica ligada a su Canal, fuente de riqueza merecida, que le fue arrebatada por demasiados años. De la misma manera debieron ser los precursores de nuestras nacionalidades latinoamericanas, en el ocaso del siglo XVIII cuando la emancipación era apenas un sueño”.

Y, ahora, recogemos las expresiones de una ilustre dama en nuestra historia, con una obra que perdura hoy, como todo lo trascendente. De la Dra. Reyna Torres de Araúz:

“El ideal de Torrijos de una nación panameña soberana, no podía dejar de incluir lo concerniente al rico trasfondo histórico que poseemos. Pero ese trasfondo histórico no lo entendió nunca como un telón de fondo: lo intuía como el caldo de cultivo en el cual se generarían años tras años nuevos derroteros, nuevos logros, y principalmente la libertad y soberanía a lo largo del territorio nacional. Nunca lo dijo con estas palabras, él usaba un estilo muy propio, muy dúctil que le permitía dar a comprender lo que pensaba. Tuve el honor de ser llamada por él a constituir parte del grupo de 25 panameños que diseñaríamos las reformas a la Constitución Política de 1946, la Constitución Política de 1972. En el permanente recorrido, en que algunas veces tomé parte con él, en ese diario consultar que lo marcó, se perfiló un concepto de cultura nacional que, a nuestro juicio, constituye la más genuina interpretación de la panameñidad. Torrijos siempre tuvo bien claro que somos una república pluricultural y plurirracial: Panamá”.

¿Se dijo o se dirán conceptos tales de personalidades insignes sobre nuestros mandatarios o políticos que fallecieron o fallezcan en este siglo?

Abogado, coronel retirado.

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