28 de Nov de 2021

Columnistas

¿Es Panamá un país inseguro?

“Es deber del Estado proveer de seguridad a todos los ciudadanos […]. Mientras eso no se entienda, seguiremos viviendo en un país con marcadas diferencias y desigualdades […]”

Pregunta que se hacen muchos cuando, día de por medio, vemos noticias muy parecidas a las que se dan en México. Aquí, en sitios públicos, sicarios ultiman la vida de una o varias personas para saldar cuentas de tumbes o pagos dejados de hacer entre las diferentes bandas criminales, principalmente en las ciudades de Panamá y Colón, lamentablemente, algunos con preocupantes conexiones políticas. Al igual que muchos, limito mis salidas, sobre todo las nocturnas, por el temor a lo que pueda pasar. Las calles de la ciudad cada vez se ven más solitarias y desoladas.

Lo que ocurre es lamentable, porque hace de Panamá, además de ser una urbe atiborrada de basura, una donde las balas te pueden alcanzar en cualquier momento, aunque tú no tengas nada que ver con los gatilleros que llegan a un restaurante o pasean disparando desde sus autos, buscando un ajuste de cuentas en un evento político.

Estamos ganando fama de ciudad sucia, pero también insegura. Totalmente inconveniente para nuestro país. Hasta la embajada gringa advierte el peligro de viajar o vivir en Panamá; no tardarán otras en hacer lo mismo.

Sin embargo, ¿será esa la única inseguridad que vivimos? ¿Hemos pensado en aquella que siente un panameño cuando visita un centro del Seguro Social (CSS) y no tienen la medicina prescrita o la necesaria insulina o recorre cinco kilómetros a un centro de salud en las montañas y al llegar se percata de que todavía el Minsa no nombra al médico prometido tres años antes?

Esa inseguridad es tan grave como la que le pueda ocasionar una bala perdida, porque su vida corre igual peligro cuando no puede recibir lo que el Estado está obligado a brindarle, pero que no puede, porque la plata la roban o despilfarran los gobernantes. O aquella producida por la mala disposición de la basura, problema olvidado de los gobernantes, donde los vertederos ya contaminan el subsuelo y podrían producir grandes epidemias a los tantos que viven a su alrededor.

¿Acaso no es inseguridad aquella que se siente cuando acudes a un juzgado en busca de justicia, pero para lograrla requieres pagarle algo a un juez para que te favorezca? ¿O “aceitar” al secretario del juzgado para que te mueva el expediente? ¿O que careces de los medios para contratar un abogado prominente con conexiones y tienes que conformarte con el defensor de oficio que, al lado de tu caso, atiende 150 casos más?

La inseguridad ciudadana es muy amplia. La muerte no solo llega por recibir un tiro. Puedes morir porque no te dieron oportuna atención médica o porque se acabaron las medicinas para paliar tu enfermedad o, simplemente, porque un juez o magistrado banal “facilitó” a que otro te quitara lo tuyo o en una colisión te alteraron el parte del tránsito o te robaron una finca en Anati.

Hay inseguridad cuando no tienes la misma oportunidad de los que les permitieron tener sus escuelas abiertas y siguieron aprendiendo, aun virtualmente, pero en forma consistente. Esa horrible educación que te da el Estado te producirá la inseguridad de no tener un futuro digno, creando en ti un ciudadano de segunda clase frente a aquellos más privilegiados.

Es deber del Estado proveer de seguridad a todos los ciudadanos en el sentido amplio que eso significa. Mientras eso no se entienda, seguiremos viviendo en un país con marcadas diferencias y desigualdades, como si estuviéramos en dos Panamá. El que lo tiene todo, el de Santa María, Buenaventura y Costa del Este, y el que tiene que mendigar lo poco que le toca de San Miguelito y El Chorrillo. Pensar así no es alentar el odio de clases, como algunos me dirán, sino simplemente querer vivir en un país más justo y solidario. Eso nos conviene a todos por igual; ricos y pobres.

Analista político.

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