03 de Dic de 2021

Columnistas

Los textos de Rubén

“[…] se puede considerar que Blades ha creado en su cancionero una cantidad de individuos que, vistos en su conjunto, van a reflejar el alma latinoamericana en sus variados matices […]”

Tembloroso y lleno de admiración, desdobló el papel y empezó a leer un texto que había escrito para la ocasión. “Rubén, dijo, nadie en la música tiene tu obra literaria. Marvel y DC Comic tienen que pedirte la bendición porque ni Metropolitan ni Gothan City serán más grandes que ese mundo que creaste …”. Se trataba de René Pérez -Residente-, exintegrante del dúo Calle 13, quien se dirigía a Rubén Blades en los premios de Latin Grammy.

En realidad, es una de las síntesis más sinceras, emotivas y de acercamiento a la obra; tiene la particularidad de referirse en calidad casi de análisis al trabajo creativo del cantautor panameño. La virtud de Rubén ha sido poner en el mismo nivel la lírica de canciones con versos poéticos y, sobre todo, rescatar el valor de su lenguaje lleno de imágenes que se orientan y toman contexto en la cultura latinoamericana.

La primera vez que escuché cantar a Rubén fue en la feria de Ocú en 1969. Allí se presentó con el grupo nacional Los salvajes del ritmo. Eran épocas de transición del son y la guaracha caribeños y en especial, cubanos que daban formas a la salsa, nueva manifestación popular. Unidos con el jazz, una concreción de propuestas musicales, de la gran corriente que se apropió y transformó géneros originados en la colonia.

Las matrices familiares de la familia Blades terminaron por darle al segundo hijo este sentido de sensibilidad que, poco a poco, fue integrado al universo creativo en que se involucró. La ejecución del piano de Anoland, su madre, y la percusión sobre el cuero del padre, le envolvieron en una atmósfera armónica, y luego su experiencia en Nueva York con talentos sobresalientes de Fania Records, influyeron en la capacidad de composición.

La realidad urbana fue importante para narrar; extraer modelos sociales, fenómenos sociopolíticos y aspectos del vecindario: cuya sordidez podía dar pie a historias; como aquella sencilla o simple canción de Buena Vista Social Club: “El cuarto de Tula / que cogió candela, / se quedó dormida / y no apagó la vela /”. Blades tuvo un enfoque más político; de allí su primera melodía, “9 de Enero”, grabada por otro vocalista con Bush y sus magníficos.

Llenas de frases extraídas del sentido común de la población de los barrios, sus viñetas se nutren y tipifican a una región y no a un lugar específico: “no se puede corregir a la naturaleza / Palo que nace doblado jamás su tronco endereza/”. Sus héroes huyen, alientan la insurgencia: “En la cañada del muerto fue la emboscada / cogieron a la guerrilla hambrienta y cansada, ayy”.

Así hubo referentes socioculturales -El cazanguero, Adán García, Cipriano Armenteros, Juan González, Desapariciones, El padre Antonio, el clásico Pedro Navaja; pero también románticos para expresar las relaciones de jóvenes parejas y de amores posibles e imposibles. De allí Ligia Elena, Buscando Guayaba, Maestra vida y Chica plástica, entre muchas otras.

Hay una tendencia de Blades a tomar héroes o antihéroes y darles una interpretación, a través de sus líneas narrativas. Para esto utiliza códigos específicos, que los tipifican y son asumidos por la diversidad de las audiencias, que los recuperan para ellas. Pierre Guiraud lo menciona, al exponer como lo trata el autor Roland Barthes, quien “demuestra cómo el texto es generador de una multiplicidad de lecturas…”.

Siguiendo estas teorías, se puede considerar que Blades ha creado en su cancionero una cantidad de individuos que, vistos en su conjunto, van a reflejar el alma latinoamericana en sus variados matices; con sus miedos, sus destrezas, su humor y chispa. Por esa razón, Residente apuntó: “… gracias a ti, con mi déficit de atención, nunca me sentí solo, porque estoy lleno de personajes que se convirtieron en mi familia …”.

El universo imaginativo de Blades es un legado que compartimos todos.

Periodista

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