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21 de Ene de 2022

Columnistas

Sin dejar a nadie atrás en Panamá

“[…] el hambre en Panamá se ha mantenido en 300 000 personas; es decir, 7,5 por ciento de la población, conservando una tendencia a la disminución desde 1990, […]”

Un nuevo informe de Naciones Unidas nos ha confirmado la grave situación que se vive a nivel global y en nuestra región: 60 millones de personas padecen hambre en América Latina y el Caribe. Esto ha significado un aumento del 30 por ciento, en relación con las cifras del 2020.

Así lo indicó el informe del Panorama Regional de Seguridad Alimentaria y Nutricional 2021, que presentamos recientemente desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

La malnutrición se ha expandido en este último año: 267 millones de personas padecen inseguridad alimentaria moderada o grave y 106 millones viven con obesidad. Con esto afirmamos que el hambre en América Latina y el Caribe se encuentra en su punto más alto desde el año 2000.

De los 33 países analizados en la región de América Latina y el Caribe, hay mucho contraste en las particularidades en cuanto a sus avances y retrocesos en este tema. Y específicamente en el caso de Panamá, un país con un poco más de cuatro millones de habitantes, el hambre no logró ganar más terreno, aún en medio de una pandemia que ha sido, en parte, la principal responsable del deterioro de la seguridad alimentaria en todo el mundo.

El informe señala que el hambre en Panamá se ha mantenido en 300 000 personas; es decir, 7,5 por ciento de la población, conservando una tendencia a la disminución desde 1990, cuando este problema afectaba a más del 24,5 por ciento de la población panameña.

Sin duda alguna, en medio de un contexto negativo por el incremento de estas cifras en el mundo y en la región a causa de la pandemia, se reconoce esta tendencia como un logro importante para las panameñas y los panameños.

Como ya lo hemos señalado antes, consideramos que las políticas de protección social como Bonos Solidario, Panamá Solidario, el Plan Colmena, apoyo a la Agricultura Familiar y Estudiar sin Hambre han sido iniciativas claves para que la malnutrición no haya aumentado en el país, a pesar de otros factores, como la caída de ingresos y el alza en los precios de los alimentos, que continúan flagelando la seguridad alimentaria y la calidad de vida de muchas familias.

Lo cierto es que, en casi dos años de aislamiento social, la trayectoria natural de implementación de este conjunto de políticas, en su mayoría aprobadas en 2019, fue enormemente alterada y perjudicada.

El principal ejemplo es el Programa Estudiar Sin Hambre, liderado por el Ministerio de Educación, en el que gran parte de los niños y niñas, a quienes se esperaba alimentar con aproximadamente 800 calorías por día en las escuelas, tuvieron que permanecer en casa confinados.

La rápida reacción a través de Panamá Solidario fue esencial para comprar alimentos a nivel nacional, distribuir y evitar que este número se disparara.

Reconocer este panorama diferente para Panamá no es una invitación a confiarnos y ser indiferentes a las 300 000 personas que no se están alimentando adecuadamente. De ninguna manera podemos permitirnos estar tranquilos mientras haya una sola familia panameña con hambre.

Pero lo que sí es importante resaltar es que, en comparación con países que salieron del mapa de hambre en el mundo, el conjunto de políticas mencionado anteriormente, operando en un contexto de normalidad sanitaria, es pilar fundamental para la erradicación del hambre.

Esta mirada de Panamá debe más bien alentarnos a seguir trabajando y reforzar aún más esas acciones, para que, con la reapertura económica y la implementación de los Planes de recuperación pos-COVID-19, se pueda volver a retomar la ruta de la tendencia hacia la disminución que hemos ido siguiendo como país; y que nos llevará poco a poco a la erradicación de la más grande pandemia que ha sufrido el mundo por muchos años: la mala alimentación.

Sigamos, pues, trabajando por una recuperación con transformación, transitando a sistemas alimentarios que favorezcan las dietas saludables y permitan el desarrollo sostenible, sin dejar a nadie atrás en Panamá.

(*) Coordinador subregional de la FAO para Mesoamérica, representante de la FAO en Panamá.